El boom de los vinos artesanales en San Juan: una revolución silenciosa que conquista paladares

¿Qué hay detrás del auge de los vinos artesanales en San Juan? Productores jóvenes, uvas criollas y una redefinición del sabor que promete revolucionar el mercado. Descubrí cómo esta tendencia está cambiando la industria.

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El boom de los vinos artesanales en San Juan: una revolución silenciosa que conquista paladares
El boom de los vinos artesanales en San Juan: una revolución silenciosa que conquista paladares

Una nueva generación de productores está transformando el paisaje vitivinícola de San Juan. No buscan volumen, sino calidad, identidad y una conexión directa con el consumidor. Esta tendencia, que ya se consolida, redefine el concepto de vino artesanal y posiciona a la provincia como un semillero de proyectos innovadores.

Para entender este fenómeno, hay que distinguir los términos. El vino artesanal se produce a pequeña escala, siguiendo las normativas del INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura). El vino natural se elabora con mínima intervención química y casi sin aditivos. Y el vino de autor destaca por su visión artística y personal. Pero detrás de estas definiciones hay un movimiento que va más allá: una apuesta por el terruño y las variedades criollas.

DIARIO DE CUYO dialogó con actores clave del sector para analizar este escenario en auge: Juan Carlos Hidalgo, director de Vitivinicultura del Ministerio de Producción, Trabajo e Innovación; Felipe Azcona, presidente de la Asociación de Elaboradores de Vinos Artesanales (AEVA); y Simón Tornello, de la Cooperativa Agropecuaria Entre Montañas y productor en el Valle de Calingasta.

¿Qué define a un vino artesanal hoy?

El INV clasifica la producción según la cantidad de litros anuales. La categoría "casero" contempla un máximo de 4.000 litros, elaborados en el domicilio particular. La categoría "artesanal" va de 4.000 a 12.000 litros, y exige un establecimiento dedicado y la participación de un enólogo o ingeniero agronómico.

Esta distinción generó una "redefinición" del vino artesanal, según explica Azcona. "Cuando arrancó el concepto de vino artesanal no estaba tan de moda. Se relacionaba al artesanal con el patero, y el vino patero es un vino más amateur, casero. Hoy por hoy el vino artesanal lleva a la calidad", destacó.

El valor del terruño y la identidad

Un componente esencial de esta calidad es el valor del terruño y la identidad. Se utilizan varietales de reconocimiento y gran calidad, y se pone en valor las uvas criollas. "Está el componente identitario, que es el territorio. En la historia de la vitivinicultura local la variedad criolla es un canal efectivo para comunicar eso", acotó Tornello.

Los productores asumen el desafío de posicionar sus vinos como productos de alta calidad. En la mayoría de los proyectos destaca la baja intervención enológica y el cuidado natural: se usan al mínimo productos químicos, sin aditivos y muchos sin filtrar. Además, se incorpora un enfoque agroecológico en los viñedos, un detalle no menor.

La producción limitada, explica Tornello, les permite elaborar con comodidad y cuidar la calidad. "Si bien es su caso particular, es una característica que comparten los jóvenes elaboradores de San Juan", agregó.

El perfil del nuevo productor

El elaborador actual se dedica íntegramente a todas las etapas: desde la elaboración y el embotellado hasta los análisis técnicos para declarar su producción ante el INV. Son jóvenes, proactivos y disruptivos: ellos mismos hacen estudios de mercado, manejan redes sociales y crean marcas con diseños innovadores.

Buscan transmitir la historia de la vitivinicultura local a través de sus botellas, rescatando varietales ancestrales y uvas criollas. Y establecen un vínculo directo con el consumidor, que quiere saber quién está detrás de cada etiqueta.

"Hay un crecimiento interesante, no en volumen, pro sí en categoría, tratando de detener la curva del consumo en los últimos diez años. Hoy en día vemos sólidos los proyectos, con trabajos interesantes tanto en el valle de Tulum como en Calingasta, que es la meca porque hay proyectos que trabajan bien, con varietales ancestrales, criollas, y hay un doble mérito: se logra éxito como proyecto de vino de autor y con variedades que son originarias del terruño. La evolución ha sido importante, dando paso sobre terreno firme", sintetizó Hidalgo.

La apuesta por la calidad, la baja producción y la puesta en valor de la identidad local se refleja en la superficie plantada. El desafío a futuro es sostener el nivel y continuar posicionando a San Juan como una de las mejores tierras vitivinícolas, como lo fue en sus años dorados.

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