El boxeador que volvió a Catamarca para donar todo: su historia con Fiambalá
Los vecinos de Fiambalá todavía esperan respuestas de la Federación Catamarqueña de Box. La polémica que eclipsó el homenaje a Locomotora Castro y el reclamo que nadie contestó.
Jorge “Locomotora” Castro falleció a los 59 años y su vínculo con Catamarca, donde vivió una infancia difícil y regresó para ser homenajeado, vuelve al centro de la escena. El excampeón mundial había nacido en Caleta Olivia, pero sus raíces familiares estaban en Fiambalá, la tierra de su padre, y allí volvió varias veces en los últimos años.
La relación de Castro con la provincia estuvo marcada por episodios duros de su niñez, pero también por el reencuentro con sus orígenes y un compromiso concreto con el deporte y la comunidad.
Una niñez atravesada por la violencia y la necesidad
Cuando sus padres se separaron, Castro y uno de sus hermanos se mudaron a Catamarca para vivir con su padre. En entrevistas, el propio boxeador contó que en ese período sufrió violencia, desatención, frío y hambre.
Fue su madre quien intervino ante esa situación de vulnerabilidad y los llevó de vuelta a la Patagonia. Ya con 15 años, Castro volvió a enfrentar a su padre en otro episodio de violencia y se fue de la casa. Con el tiempo, logró reconciliarse con él antes de que falleciera.
El regreso como campeón del mundo
Ya consagrado en el boxeo internacional, Castro retomó el contacto con Catamarca a través de reuniones institucionales y proyectos deportivos. En febrero de 2025 visitó la Casa de Catamarca en Buenos Aires, donde se encontró con la secretaria de la institución, Anina Moscone, y repasó recuerdos de su infancia.
Pocos días después viajó a la provincia para reunirse con el secretario de Deportes y Recreación, Guillermo Perna. En esa visita recorrió el Estadio Bicentenario y la Gruta de la Virgen del Valle, y conversó con las autoridades sobre iniciativas para impulsar el boxeo local y abrir oportunidades para jóvenes deportistas.
Fiambalá lo declaró Huésped de Honor
Uno de los momentos más fuertes de ese regreso se dio en mayo de 2025, cuando visitó Fiambalá, el pueblo de su padre, Don “Cholo” Castro. La comunidad le rindió un homenaje y lo declaró Huésped de Honor.
El acto se hizo en el Club Racing, con la presencia del intendente Raúl Úsqueda y de la presidenta del Concejo Deliberante, Delicia Alaníz, que le entregó el instrumento legal del reconocimiento. Durante la jornada, Castro recordó su infancia en el barrio San Pedro, donde vivió con su familia en una casa modesta. Esa vivienda fue incorporada por decisión del intendente al circuito turístico Ruta del Adobe.
“Yo nací en Caleta Olivia, pero mi padre es fiambalense. Parte de mi sangre está en esta tierra y viví aquí con mi familia. Es un orgullo haber vuelto”, dijo en el encuentro, según publicó El Abaucán.
Compromiso con el boxeo y con los pibes
La visita incluyó una charla abierta en la que Castro repasó su vida personal y deportiva, desde la infancia hasta su consagración mundial y su trabajo solidario en Buenos Aires. También se hizo una clínica de boxeo con el entrenador Chano Martínez, con la participación de jóvenes deportistas de la provincia y boxeadores amateurs de la zona.
Durante la actividad, el excampeón alentó a los participantes y se proyectaron imágenes de su trayectoria y de deportistas locales, con un recuerdo para el fallecido boxeador Juan “Pingüino” Araya. En ese marco, Castro se comprometió a enviar los elementos necesarios para crear una escuela municipal de boxeo en Fiambalá, y anunció que colaboraría con comedores y haría donaciones para los chicos.
Cuestionamientos a la Federación Catamarqueña de Box
La jornada también tuvo un costado polémico: vecinos y referentes locales cuestionaron a la Federación Catamarqueña de Box por su postura frente al festival previsto. Según la información difundida sobre el encuentro, la entidad había advertido sobre la realización de posibles peleas, mientras que los organizadores sostenían que la propuesta era de exhibición y formación.
El regreso de Castro a Fiambalá significó reencontrarse con una parte de su historia. El pueblo que lo vio crecer fue también el escenario de un reconocimiento público y de sus promesas para que el deporte funcione como espacio de contención para los jóvenes.