El café que se toman y se van: la postal que se repite en las confiterías del centro
En las confiterías del centro sanjuanino hay clientes que ya no se sientan a quedarse: piden un café, lo toman rápido y se van. Los dueños de los locales advierten que el fenómeno no para de crecer, y los precios de la carta explican buena parte del cambio de hábito.
En las confiterías del microcentro sanjuanino hay una escena que se repite cada vez más: alguien entra, pide un café, lo toma en apenas 20 minutos y se retira. Sin sumar nada más. Los responsables de los locales lo ven a diario y advierten que la tendencia se profundiza en un contexto de retracción del consumo.
Luis Aragón, al frente de una confitería céntrica, tiene una expresión propia para describirlo: las "mesas calientes". Con eso alude a la rotación veloz de clientes que se sientan, consumen lo mínimo y se van.
"Se van a tomar un café para darse un gusto y se van rápido", señaló. Para el responsable, el fenómeno se acentuó en los últimos años y responde sobre todo a la menor disponibilidad de dinero. También cree que consumir poco genera cierta incomodidad en los propios clientes, y eso hace que la visita sea todavía más breve.
De las reuniones diarias a los encuentros de los viernes
Roxana Flores, responsable de otra confitería del microcentro, observa un comportamiento parecido, aunque prefiere hablar de la "mesa rápida". A su entender, los cambios no se limitan al tiempo que la gente pasa en el local: también alcanzan la frecuencia con la que sale a consumir.
El ejemplo que trae es el de los grupos de abogados y contadores que se reunían en su local todos los días. Hoy, según contó, algunos de esos clientes se encuentran solamente los viernes, cuando antes mantenían la costumbre durante toda la semana.
"Consumen lo justo y necesario", resumió Flores. Jueves y viernes aparecen como las jornadas elegidas para esas salidas, mientras el resto de la semana pierde parte del movimiento que antes aportaban los encuentros cotidianos.
La responsable también advirtió que hay potenciales clientes que se detienen frente a la pizarra con los precios o revisan la carta y, finalmente, siguen de largo. Otros entran con una necesidad puntual —comprar un sándwich para almorzar— y no suman bebidas, café ni otros productos.
Cuánto cuesta desayunar en el centro
Los valores que maneja Flores permiten dimensionar el gasto de una visita. Una promoción básica de café cuesta entre $3.500 y $4.000, mientras que un desayuno americano ronda los $6.000.
Son alternativas de distinto valor, pero la responsable señaló que los consumidores tienden a limitar sus pedidos a lo indispensable. Elegir qué comprar y cuánto gastar pesa cada vez más en la experiencia de quienes desayunan, meriendan o hacen una pausa en el centro.
Un sector golpeado por la caída del consumo
El fenómeno de las mesas rápidas se enmarca en un escenario más amplio para la gastronomía. En un relevamiento publicado por Tiempo de San Juan a fines de julio, la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de San Juan (AEHGA) informó que el 75% de los establecimientos asociados había reducido su plantilla de trabajadores y que el 58% evaluaba si podría seguir funcionando el año siguiente.
En aquel momento, la entidad atribuyó las dificultades a la caída del consumo y al incremento de los costos operativos. Más recientemente, después del Día de la Madre, referentes gastronómicos del Gran San Juan estimaron que las ventas de bares, cafeterías y restaurantes estuvieron entre un 3% y un 4% por debajo de las registradas en 2025. También señalaron que, incluso con muchas mesas ocupadas, la concurrencia no siempre se traduce en mayor facturación.
Un centro que cambió y recibe menos visitantes
Para Flores, el comportamiento del consumidor también debe leerse a partir de las transformaciones urbanas y comerciales de los últimos años. La expansión de los polos comerciales en los departamentos modificó los motivos por los que los sanjuaninos llegan hasta el microcentro.
Durante mucho tiempo, los trámites en oficinas públicas y privadas llevaban a mucha gente al centro y generaban la oportunidad de que entrara a una cafetería. La posibilidad de hacer gestiones por internet, el traslado de algunas dependencias y la descentralización de actividades redujeron parte de esa circulación.
"El centro cambió muchísimo por los polos comerciales en los departamentos", afirmó. Desde su perspectiva, quienes antes aprovechaban una gestión para sentarse a tomar un café o reunirse con otros ya no necesariamente hacen ese recorrido.
A esa transformación se suman los cambios generacionales. Flores consideró que los jóvenes tienen hábitos de consumo diferentes a los de los adultos y que el sector necesita encontrar alternativas para responder a esas nuevas costumbres.
El desafío de adaptarse a los nuevos consumidores
La menor permanencia en las mesas plantea un desafío para las confiterías céntricas: lograr que la gente siga eligiendo esos espacios en un contexto en el que controla más sus gastos, reduce la frecuencia de sus salidas y modifica sus rutinas.
Flores planteó la necesidad de revisar qué propuestas pueden ofrecer los gastronómicos para responder a ese público, especialmente a los consumidores jóvenes. La cuestión no pasa solo por los precios, sino también por entender qué buscan los clientes y de qué manera usan hoy los espacios de cafetería.