El calcio se va del changuito: qué comer para reemplazar los lácteos sin gastar de más

Ya no alcanza con comprar lo mismo de siempre: la caída en las ventas de lácteos es real y el calcio peligra. Una nutricionista salteña tiró el dato que muchos ignoran y las alternativas que no te imaginabas para no descuidar la salud.

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El calcio se va del changuito: qué comer para reemplazar los lácteos sin gastar de más
El calcio se va del changuito: qué comer para reemplazar los lácteos sin gastar de más

La leche, el yogur y el queso cada vez pesan más en el bolsillo y los argentinos los compran menos. Las ventas de lácteos cayeron un 10,3% en el primer semestre de 2026, según el balance de Mastellone. Pero el dato económico esconde una preocupación mayor: cómo mantener el aporte de calcio cuando estos alimentos quedan afuera de la mesa.

La licenciada en Nutrición Sonia Gómez (M.P. N° 300) dialogó con InformateSalta y fue contundente: la población argentina ya tiene una tendencia a consumir menos calcio del que necesita, y la situación se agrava en etapas clave como la infancia, la adolescencia, el embarazo y la vejez.

Las guías alimentarias recomiendan tres porciones diarias de lácteos, no por capricho: aportan calcio, proteínas y vitaminas. El calcio no solo forma y conserva huesos y dientes, sino que también interviene en la transmisión nerviosa y la contracción muscular.

¿Qué opciones hay cuando el presupuesto no alcanza?

Ante el aumento de precios, Gómez propone hacer combinaciones inteligentes y aprovechar productos más económicos. Un ejemplo claro es la ricota: con el mismo dinero se puede comprar una cantidad mucho mayor que de un queso como el cuartirolo. Y se puede usar en tartas, con verduras o mezclada con huevo para sumar proteínas y calcio.

Las legumbres también son una alternativa: aportan proteínas y algo de calcio. Al combinarlas con cereales mejora el perfil de aminoácidos, y si se suman huevo y verduras, las preparaciones quedan más completas.

Otras opciones que mencionó la especialista son las semillas de sésamo y lino, y verduras como el brócoli y la espinaca. Pero hizo una aclaración clave: el calcio de estos alimentos no siempre se absorbe igual que el de los lácteos, por eso la variedad y las combinaciones son fundamentales. Las sardinas también aparecen como una buena fuente de proteínas y calcio.

Más que un cambio de producto: una decisión de compra

Gómez insistió en que reemplazar un lácteo no es simplemente sustituirlo por cualquier alimento. La idea es mantener una dieta variada y cubrir los nutrientes que se dejan de incorporar. En ese sentido, destacó la importancia de la educación alimentaria y de revisar qué productos tienen prioridad en la mesa familiar.

Puso un ejemplo concreto: cuando el presupuesto es limitado, ¿tiene sentido gastar en bebidas azucaradas que solo aportan calorías? La propuesta es priorizar alimentos con mayor valor nutricional.

La clave, según la nutricionista, está en organizar las compras, comparar rendimientos y elegir de manera consciente. Porque detrás de la caída en el consumo de lácteos no hay solo una cifra: está el desafío de comer bien cuando el bolsillo obliga a cambiar las elecciones.

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