El calvario de Isabel: el lazo, la puerta con llave y el silencio que terminó en el río

El hallazgo de un cuerpo en el río Juramento destapó el infierno que Isabel Galván vivió durante años: encierro, golpizas y una pérdida familiar que la quebró. Su sobrina contó lo que nadie frenó a tiempo.

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El calvario de Isabel: el lazo, la puerta con llave y el silencio que terminó en el río
El calvario de Isabel: el lazo, la puerta con llave y el silencio que terminó en el río

Isabel Verónica Galván tenía 40 años, un retraso madurativo y cuatro hijos. Su sobrina contó cómo vivió más de una década bajo el yugo de su marido, hoy detenido. El hallazgo de su cuerpo en el río Juramento cerró una historia de violencia que nadie pudo frenar a tiempo.

La noticia del cuerpo encontrado por dos pescadores en aguas del río Juramento, en un paraje alejado del ejido urbano de Joaquín V. González, conmocionó al barrio Facundo Quiroga. Pero lo que parecía un caso de desaparición se transformó en el capítulo final de un infierno doméstico que se extendió por años.

Isabel había sido reportada como desaparecida a mediados de octubre. Su entorno familiar, sin embargo, sabía que el calvario no había empezado ese mes: llevaba más de una década soportando maltrato sistemático.

La voz de una sobrina

Brisa, sobrina directa de la víctima, habló en el programa Mano a Mano con la Cobra, que conduce Facundo Rodríguez, y describió la fragilidad de Isabel y el hostigamiento permanente que sufría por parte de su esposo, hoy principal acusado y detenido en la causa.

La mujer presentaba un cuadro de retraso madurativo y tomaba medicación específica, prescripta tras haber sido paciente del Hospital Ragone. Pese a su condición cognitiva infantil, conservaba noción de su entorno, no perdía la memoria y siempre volvía a su casa por sus propios medios.

Lazo, cable y encierro

El relato de Brisa es estremecedor. Durante los años en que convivieron en una finca sobre la Ruta 16 y luego en el barrio, el hombre ejercía una violencia constante. "Siempre manejaba un lazo o un cable, le pegaba con lo que encontraba a mano como si fuera un animal", contó la sobrina.

El aislamiento era parte del método: la dejaba encerrada bajo llave durante días enteros, le racionaba la comida y manejaba a su antojo el dinero de las asignaciones de los hijos. Esa situación empujó en varias oportunidades a los menores a pedir asistencia en el vecindario.

La madre y los hermanos de Isabel intentaron intervenir judicialmente en repetidas ocasiones para rescatarla y mantenerla en la vivienda materna. Pero el hombre terminaba reteniéndola otra vez, aprovechándose de la indefensión psicológica de la mujer.

Dos golpes en un mismo año

La pérdida de Isabel deja un panorama desolador: tres niños de 12, 8 y 7 años quedaron desamparados, a la espera de que la Secretaría de Niñez y Familia defina una medida de abrigo y custodia con sus familiares directos.

El dolor en ese hogar viene de antes. La pareja tenía cuatro hijos en común, pero a comienzos de este año la familia sufrió otro golpe fatal: un bebé de apenas 2 años murió tras caer accidentalmente a un pozo ciego mientras estaba al cuidado de familiares del sospechoso.

"A principio de año se murió el nenito de dos años que se ahogó en el pozo ciego por un descuido de ellos. Mi tía no estaba bien, ya tenía su retraso, pero esa pérdida la terminó de hundir emocionalmente", recordó Brisa.

Justicia y autopsia

El destino de Isabel quedó sellado con la aparición de su cuerpo en las aguas del río Juramento. Ahora resta la autopsia formal, que deberá confirmar el ADN y establecer la causa de muerte.

Mientras tanto, la comunidad de Joaquín V. González reclama justicia para que este nuevo hecho de violencia no quede impune. La herida en la familia Galván sigue abierta, y el caso expone una vez más los laberintos de la violencia de género y la vulnerabilidad extrema.

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