El campo argentino en alerta: el dato clave de las importaciones que preocupa a los productores

El campo argentino importó una cifra récord de fertilizantes, pero un dato geopolítico oculto en las estadísticas prende todas las alarmas. ¿De qué región crítica depende el país y cómo una crisis lejana ya está encareciendo los costos de producción?

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El campo argentino en alerta: el dato clave de las importaciones que preocupa a los productores

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario reveló un dato contundente sobre la dependencia externa del agro argentino. La importación de fertilizantes alcanzó su segundo nivel más alto del siglo en 2025, un movimiento que refleja tanto la fortaleza productiva como las vulnerabilidades del sector frente a la coyuntura internacional.

Según los datos del INDEC analizados por los especialistas Franco Pennino, Guido D’Angelo, Emilce Terré y Julio Calzada, el país adquirió 4,1 millones de toneladas de fertilizantes el año pasado. Esta cifra marca un incremento del 28% respecto a las 3,2 millones de toneladas importadas en 2024.

Este volumen sólo es superado por el récord histórico registrado en 2021, situando al 2025 como un año de extraordinaria demanda externa de insumos clave para la producción.

¿Qué tipo de fertilizantes se compraron más?

Al desagregar las cifras, el análisis muestra una clara preponderancia de los fertilizantes nitrogenados, donde se destaca la urea. Este grupo representó 2,10 millones de toneladas, equivalente al 52% del total importado.

En segundo lugar se ubicaron los fertilizantes fosfatados, como el MAP y el DAP, con 1,87 millones de toneladas (46% del total). Los fertilizantes potásicos completaron el panorama con 85.000 toneladas, apenas un 2% del volumen total.

La comparación interanual muestra un crecimiento del 24% en las importaciones de nitrogenados, un 33% en los fosfatados y una leve caída del 1% en los potásicos.

Los motores detrás de la demanda récord

¿Qué impulsó esta necesidad de importar a niveles casi históricos? Los expertos de la BCR señalan dos factores principales. Por un lado, una superficie récord de siembra de trigo y la segunda mayor superficie de maíz de la historia actuaron como “drivers” de la demanda.

Los récords productivos para el trigo y las proyecciones similares para el maíz en la campaña 2025/26 explican este crecimiento, en un contexto climático que fue favorable para gran parte de las regiones agrícolas del país.

Otro factor crucial fue un problema en la producción local. La planta de Profertil, principal productora nacional de urea granulada, atravesó dos paradas significativas durante el año pasado.

La empresa debió suspender operaciones primero por el temporal que afectó a Bahía Blanca en marzo, frenando las operaciones por una semana, y luego por una parada técnica de varias semanas. Esta situación, similar a un episodio ocurrido en 2021, resentió la producción local y aumentó la necesidad de acudir al mercado internacional.

Consumo récord con una paradoja

Los datos preliminares de las entidades Fertilizar y CIAFA estiman que el 2025 registraría el tercer mayor consumo doméstico de fertilizantes del que se tenga registro. El sector habría consumido aproximadamente 5,1 millones de toneladas, un 3% más que en 2024, marcando el tercer año consecutivo de recuperación.

Sin embargo, los analistas detectan una paradoja. A pesar del crecimiento en el consumo total, la intensidad de la aplicación por hectárea no le siguió el ritmo. Desde Fertilizar destacan que la cosecha récord de trigo se logró en paralelo a una caída en las dosis aplicadas por hectárea, un dato que invita a un análisis más profundo sobre la eficiencia en el uso de insumos.

¿De dónde vienen los fertilizantes?

El origen de las importaciones revela la geopolítica detrás de los insumos. Para los fertilizantes nitrogenados, los principales proveedores en 2025 fueron Nigeria (15%), Rusia (13%) y Argelia (13%), seguidos por Omán, Turkmenistán y Qatar.

Para los fertilizantes fosfatados, el podio de proveedores lo ocuparon China (28%), Marruecos (23%) y Rusia (14%). Aquí se observa una mayor concentración: los tres principales proveedores de fosfatados acumulan el 65% de las importaciones, mientras que en el caso de los nitrogenados ese trio representa el 41%.

Un dato estratégico salta a la vista: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de Medio Oriente. Considerando todos los fertilizantes, el 18,3% tiene origen en esa región convulsa, un factor de riesgo que ya se está materializando.

El conflicto que pone en jaque al mercado

La coyuntura en Medio Oriente tuvo impactos directos y severos sobre el mercado global de fertilizantes. Tras el estallido del conflicto en Irán, la paralización del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz tomó protagonismo. Por este estrecho fluye un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes.

La cadena de suministros de la urea fue sensiblemente afectada. Un ataque a las instalaciones de Qatar Energy, el principal exportador de GNL del mundo, llevó a la empresa estatal a suspender su actividad. Esto afectó directamente a grandes productores y demandantes de urea como India y China, que dependen de ese gas natural para producir el fertilizante.

El impacto en los costos fue inmediato, considerando que el gas representa más de la mitad de la estructura de costos de la urea. Las consecuencias operativas incluyeron el cierre de tres grandes plantas productoras en la India y la decisión de China de liberar sus reservas comerciales nacionales.

El efecto en los precios fue dramático. El precio FOB de la urea en orígenes clave registró un incremento de hasta 42% en apenas una semana, trepando desde US$ 483 por tonelada hasta US$ 685. Según el informe, “debemos remontarnos a fines de 2022 para encontrar niveles de precios similares”.

Este salto en los precios internacionales ya comenzó a trasladarse a los valores de importación en Sudamérica. La conclusión del análisis es clara: dada la alta dependencia de las importaciones para el consumo nacional, una continuidad del conflicto en Medio Oriente impactaría negativamente en los costos y la planificación del agro argentino, poniendo en riesgo la competitividad de la próxima campaña.

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