El campo argentino en alerta: la crisis en Medio Oriente dispara los costos y los productores ya no fertilizan

La guerra en Medio Oriente disparó el precio de los fertilizantes y los productores argentinos ya no pueden pagarlos. ¿Qué significa esto para la próxima cosecha?

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El campo argentino en alerta: la crisis en Medio Oriente dispara los costos y los productores ya no fertilizan
El campo argentino en alerta: la crisis en Medio Oriente dispara los costos y los productores ya no fertilizan

La guerra en el Estrecho de Ormuz no solo encareció el petróleo: también golpeó de lleno al corazón productivo argentino. La importación de fertilizantes cayó a su nivel más bajo desde 2019, y los productores, con márgenes cada vez más finos, empiezan a tomar decisiones que podrían tener consecuencias a largo plazo.

El conflicto bélico desatado en febrero en Medio Oriente disparó los precios del gas natural licuado (GNL) y, con él, el de la urea y otros insumos esenciales para la agricultura. El resultado: durante el primer semestre del año, el ingreso de fertilizantes al país fue el peor en seis años, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

¿Por qué importa esta caída?

Argentina no es cualquier país en materia de suelos. Un informe del Programa de Investigación sobre Comercio de Granos (PROINGRA) de la UBA recuerda que el país es la cuarta reserva mundial de tierras negras, un recurso que cubre el 14% del territorio nacional y donde vive más de la mitad de la población.

“La Argentina es el cuarto país en relevancia de tierras negras del mundo. Las tierras negras cubren el 14% del territorio nacional. En estas áreas residen más de la mitad de la población del país”, destaca el informe de coyuntura 2026 del PROINGRA.

Pero mantener esa riqueza requiere inversión. La rotación de cultivos y el uso de fertilizantes como la urea son prácticas fundamentales para conservar la productividad. Con la suba de precios, muchos productores optaron por recortar gastos, y eso se nota en las estadísticas.

Números que preocupan

Según la BCR, la importación de nitrogenados fue la más baja desde 2015 y un 60% inferior al promedio de los últimos cinco años. En el complejo nitrogenados se compraron 437.000 toneladas; en fosfatados, 767.000; y en potásicos, apenas 39.000. La urea, el producto más utilizado, fue el que más sufrió: su precio se disparó y su volumen importado se desplomó.

“El conflicto desatado en febrero de este año en Medio Oriente tuvo severas consecuencias sobre el mercado energético global, trasladándose a una crisis igual de profunda en los fertilizantes”, explican desde la BCR. “Tanto el cierre del Estrecho de Ormuz como los ataques a la infraestructura petrolera regional tuvieron impactos importantes en los precios globales de productos energéticos que son insumos claves para la producción de fertilizantes”.

El efecto dominó fue inmediato: el GNL se disparó, y como la urea se produce con GNL, el costo final se encareció de manera directa.

Los productores retienen la soja

En este escenario, los productores de soja decidieron no vender. Según el Monitor Agroindustrial de CIARA-CEC, al cierre de julio quedaba sin vender el 57% de la cosecha 2025/2026, unas 29 millones de toneladas valuadas en 9.900 millones de dólares.

La estrategia es clara: esperar una mejora en los precios. El año pasado, el gobierno de Milei había aplicado una baja temporal de retenciones para incentivar la liquidación, pero este año el FMI le habría prohibido al ministro de Economía, Luis Caputo, repetir esa medida.

Mientras tanto, los silobolsas están más llenos que nunca. En el caso del maíz, también resta venderse el 34% de la campaña, unos 13,7 millones de toneladas, cuando el año pasado a esta altura solo quedaban 3,5 millones.

La rentabilidad, en la cuerda floja

La crisis golpea con más fuerza a quienes alquilan campos. Según la BCR, mientras que en campo propio todos los cultivos mantienen márgenes positivos (el liderazgo es de la rotación trigo/soja de segunda con 531 dólares por hectárea), en campo alquilado la soja de primera pierde 14 dólares por hectárea y el trigo, 82 dólares.

El 70% de la producción agrícola de la región núcleo se hace bajo esta modalidad, lo que deja a la mayoría de los productores en una situación límite.

“Aparte de una mayor escala de trabajo, agrónomos y productores señalan la necesidad de contar con escenarios climáticos favorables para lograr rindes que superen a los históricos y vencer a la hoja de cálculo. Vuelve a imponerse la necesidad de ganar por kilos para ser rentable”, concluyó la BCR.

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