El campo puso US$ 14.747 millones sobre la tierra: ¿qué cultivo se llevó la mayor tajada?
El campo argentino acaba de cerrar una siembra histórica: casi 40 millones de hectáreas y una inversión que roza los US$ 14.750 millones. Pero hay un cultivo que se llevó la mayor parte de esa torta y desplazó a la soja del trono. ¿Cuál fue?
La campaña gruesa 2025/26 dejó una marca que el sector agropecuario no veía desde hace una década. Según un relevamiento de Franco Ramseyer, Emilce Terré y Julio Calzada para la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), los productores desembolsaron US$ 14.747 millones en siembra, pulverización e insumos para los principales cultivos.
La cifra representa un alza del 6,2% frente al ciclo 2024/25 y queda 6,8% por encima del promedio de las últimas cinco campañas. Es, además, el tercer gasto más alto de al menos los últimos diez años.
El salto no se explica solo por los precios: la apuesta del sector fue ampliar la frontera productiva. Entre trigo, cebada, girasol, maíz, soja y sorgo se sembraron 39,9 millones de hectáreas, un 4,8% más que el año previo y un récord histórico para el conjunto de los cultivos relevados.
El maíz se quedó con la punta
El cambio en el esquema de rotación fue el motor del encarecimiento. El maíz, que exige más dinero por hectárea que otras alternativas —US$ 546 por hectárea en el temprano y US$ 497 en el tardío—, ganó terreno y movió la aguja del gasto total.
La siembra maicera alcanzó un récord de 11,0 millones de hectáreas, con una cosecha proyectada en 70,5 millones de toneladas. Así, el cereal destronó a la soja como el cultivo que más capital concentró: US$ 5670 millones, un 30,9% más que el ciclo anterior. El maíz temprano fue el gran protagonista de ese salto, con una inversión que se disparó 65,3%.
La soja, en cambio, retrocedió. Con 16,4 millones de hectáreas —un 8% menos—, el gasto asignado cayó 16,6% hasta los US$ 4742 millones, repartidos entre US$ 3378 millones de primera y US$ 1364 millones de segunda. Esa merma en la superficie operó como un freno parcial a la suba general de costos.
Girasol, trigo y cebada también dijeron presente
Entre los granos gruesos, el girasol firmó su mayor registro de superficie en 26 años: 3,2 millones de hectáreas, con un costo de US$ 309 por hectárea y una inversión total de US$ 993 millones, 47,7% más que la campaña pasada. El sorgo, por su parte, demandó US$ 281 por hectárea y acumuló US$ 211 millones.
Los cultivos de invierno también aportaron lo suyo. El trigo recuperó terreno hasta los 7,1 millones de hectáreas, su máxima superficie en 29 años, con un costo promedio de US$ 355 por hectárea y una inversión de US$ 2547 millones. La cebada, con 1,3 millones de hectáreas, significó US$ 561 millones para la variante cervecera (US$ 444 por hectárea) y US$ 24 millones para la forrajera (US$ 362 por hectárea).
El desembolso tiene una particularidad que lo distingue de otros rubros: en el campo, toda la inversión se hace de manera previa y concentrada durante la siembra, mientras que los retornos llegan recién varios meses después, con la cosecha y la comercialización ya cerradas. Esa brecha temporal convierte al crédito y a las herramientas de financiamiento en una pieza indispensable para sostener el negocio.
Con cerca de US$ 14.750 millones volcados a la tierra, el próximo debate del sector pasará por los canales institucionales, bursátiles y comerciales que se usaron para estructurar semejante volumen de capital.