El campo salteño se sostiene con manos de mujer: los saberes que no se aprenden en ningún manual

Cada 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Rurales, pero en Salta hay un dato que casi nadie menciona: las que trabajan la tierra siguen chocando con la misma pared a la hora de acceder a créditos, tierras y mercados. Lo que producen sostiene pueblos enteros, aunque el reconocimiento económico no siempre llegue.

· 3 min de lectura
El campo salteño se sostiene con manos de mujer: los saberes que no se aprenden en ningún manual
El campo salteño se sostiene con manos de mujer: los saberes que no se aprenden en ningún manual

Las mujeres rurales de Salta leen el cielo como un libro abierto. Saben cuándo va a llover por el color de las nubes, cuándo conviene sembrar por cómo se siente la tierra entre los dedos y cuándo una helada puede borrar en horas el esfuerzo de meses. Este jueves 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Rurales, una jornada para poner en valor un trabajo que casi nunca aparece en los titulares.

La fecha fue instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2007 y se celebró por primera vez en 2008. El objetivo es reconocer el aporte de estas mujeres al desarrollo agrícola, a la seguridad alimentaria y a la lucha contra la pobreza. En Salta, esa contribución tiene nombres, rostros y una geografía enorme.

De los Valles Calchaquíes al Chaco salteño

Las historias de mujeres que trabajan la tierra se repiten a lo largo y ancho de la provincia. Están en los Valles Calchaquíes, donde las manos curtidas no descansan bajo el sol. También en la Puna, donde el frío y la altura son parte de la rutina. En las yungas, entre cultivos y senderos de montaña. Y en el Chaco salteño, donde las comunidades originarias conservan conocimientos que pasan de generación en generación.

En los parajes más alejados, ellas cumplen un rol central en la organización de la vida familiar y comunitaria. Muchas dividen sus días entre las tareas de la casa, la crianza de animales, el cultivo de alimentos, la elaboración de artesanías y la venta de lo que producen. Son jornadas que arrancan antes del amanecer y que rara vez terminan cuando se pone el sol.

El reconocimiento que todavía falta

Ese esfuerzo, sin embargo, no siempre se traduce en un ingreso equivalente. Naciones Unidas advierte que las mujeres rurales siguen enfrentando obstáculos para acceder a la propiedad de la tierra, a créditos, a tecnología y a los mercados. Al mismo tiempo, cargan con buena parte de las tareas de cuidado no remuneradas.

En una provincia con realidades productivas y culturales tan diversas como Salta, reconocer ese trabajo implica entender que cada pequeño emprendimiento rural es una oportunidad concreta de arraigo y de independencia económica.

La preparación de comidas tradicionales, las técnicas de tejido, el uso de los recursos naturales, las semillas que se guardan para la próxima siembra y las recetas que pasan de abuelas a nietas forman parte de un patrimonio cultural que sigue vivo gracias a ellas. En el norte, en los valles y en los pueblos de montaña, como en la Quebrada del Toro, esos saberes son también una forma de resistir al olvido.

El campo salteño enseña que la tierra exige trabajo, paciencia y esperanza. De esas tres cosas, las mujeres rurales saben un montón. Mientras haya una dispuesta a sembrar y cuidar su tierra, habrá una historia que merezca seguir contándose.

Más para leer

La denuncia de una mamá destapó una cifra que Salta no puede esconder
Sociedad
En Metán quieren compactar las motos secuestradas y en Rosario de la Frontera ya no las tienen tan clara
Sociedad
Una vecina de Orán filmó lo que apareció entre las góndolas del supermercado
Sociedad
Cerrillos: castraron y atendieron a 50 animales en una jornada que busca frenar la superpoblación
Sociedad
Una nena de 7º grado va a la escuela vestida de boliviana y termina llorando: la denuncia de la mamá
Sociedad
Salta aprobó una ordenanza que cambia la vida de las mascotas: qué dice la letra chica
Sociedad