El campo santafesino lanza una advertencia ante El Niño: 'La prevención hídrica debe ser política de Estado'

¿Está Santa Fe preparada para el fenómeno de El Niño? La Rural de Rosario advierte que la prevención hídrica no puede ser solo una respuesta de emergencia y reclama obras y mantenimiento como política de Estado. Los detalles que preocupan al campo.

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El campo santafesino lanza una advertencia ante El Niño: 'La prevención hídrica debe ser política de Estado'
El campo santafesino lanza una advertencia ante El Niño: 'La prevención hídrica debe ser política de Estado'

La llegada de El Niño ya no es una posibilidad lejana y el sector agropecuario de Santa Fe se prepara para un escenario que podría pasar de la sequía a las inundaciones. Mientras el gobierno provincial impulsa una emergencia hídrica, desde la Sociedad Rural de Rosario van más allá y exigen un cambio estructural.

El reclamo es contundente: la infraestructura hídrica no puede seguir dependiendo de la urgencia de cada temporada.

¿Por qué preocupa ahora el agua?

El fenómeno de El Niño, vinculado al calentamiento del océano Pacífico ecuatorial, podría traer lluvias muy por encima de lo normal a la región. Aunque todavía no se sabe con certeza su intensidad, los desbordes, anegamientos y caminos intransitables ya están en el radar de las autoridades.

En ese contexto, el gobierno de Santa Fe envió a la Legislatura un proyecto para declarar la emergencia hídrica hasta el 30 de abril, que ya obtuvo media sanción del Senado. La iniciativa busca agilizar contrataciones, realizar intervenciones y crear un fondo específico para responder ante una eventual contingencia.

La mirada del campo: prevención, no reacción

María Soledad Aramendi, vicepresidenta de la Sociedad Rural de Rosario, valoró la iniciativa pero marcó una diferencia clave: “No siempre debería ser en estos momentos, cuando falta poco para que ocurra. Se debería prever con la anticipación necesaria”.

Para la dirigente, la prioridad es proteger a las poblaciones vulnerables, pero también preparar las zonas productivas. “Hay que tener en condiciones todos los canales en tiempo y forma”, señaló, y advirtió que hay obras habilitadas desde el año pasado que no se completan por falta de máquinas.

Aramendi propone una articulación público-privada para agilizar los trabajos: “Si es necesario contratar maquinaria privada, que haya agilidad entre municipios, provincias y comités de cuenca”. Incluso, algunos productores podrían colaborar económicamente en intervenciones puntuales.

Cuencas sin fronteras: el caso de La Picasa

El agua no respeta límites políticos y eso complica la gestión. Un ejemplo es la laguna La Picasa, compartida por Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Las obras existen, pero el sistema depende del mantenimiento de canales y conexiones.

“Las obras están hechas: el tema es que se pueda sacar el agua, porque hay conexiones de canales públicos y privados que necesitan estar limpios”, explicó Aramendi, y recordó que el año pasado zonas como María Teresa ya sufrieron inundaciones.

Además, señaló un problema histórico: muchas canalizaciones no fueron registradas, lo que genera falta de responsabilidad y mal uso. “Se necesita organización y celeridad, y saber trabajar de forma pública y privada”, sostuvo.

Las islas y el desafío de mover el ganado

La ganadería en zonas de islas es otro punto crítico. Si el agua sube, hay que trasladar miles de animales a lugares seguros, y eso requiere coordinación entre productores, Senasa y la Policía de Islas.

Pero la situación se complica porque gran parte del territorio insular pertenece a Entre Ríos, con otras regulaciones. “Las obras en esa zona están prohibidas porque se trata de un área natural protegida. Ahí no te dejan hacer ni un camino, pero hay escuelas: es un contrasentido total”, criticó.

La dirigente también pidió recuperar canales de navegación interna para poder evacuar la hacienda por agua, y destacó la importancia de los controles sanitarios para evitar problemas como la garrapata.

Mientras tanto, la incertidumbre sobre la intensidad de El Niño sigue. Pero para Aramendi, la lección es clara: “El agua puede tardar en llegar. Pero las obras, los canales limpios, los caminos, las máquinas y los acuerdos entre quienes comparten una misma cuenca deberían estar listos antes”.

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