El campo y la minería suben, pero la industria se hunde: el dato que desmiente a Milei
Los sectores exportadores suben y la industria se derrumba: la brecha que el Gobierno no quiere nombrar. El dato de capacidad ociosa que muestra dónde está parada la economía, y el número que desmiente el relato oficial.
En el análisis económico, las palabras no son neutrales. Pueden iluminar un fenómeno o disfrazarlo hasta volverlo irreconocible. Con la economía de Milei, según el columnista Alfredo Zaiat, predominó la segunda opción: se instalaron dos expresiones, "economía a dos velocidades" y "economía serrucho", que evitan nombrar lo que realmente ocurre. La actividad argentina, sostiene, está en recesión.
No hace falta ser especialista para advertir que hay una crisis. La definición de "recesión técnica" —dos trimestres consecutivos de caída del PIB desestacionalizado— ya se cumplió parcialmente: el segundo trimestre retrocedió y la mayoría de las consultoras anticipa que el tercero también será negativo. Pero la formalidad estadística es lo de menos cuando la industria, la construcción, el comercio y el consumo caen mes tras mes, se destruyen empleos registrados, cierran miles de empresas y el ingreso disponible de los hogares se derrumba.
El último dato de actividad es elocuente: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,9% en julio respecto de junio y 1,4% interanual. La consultora Vectorial advierte que son registros excepcionalmente negativos fuera de crisis severas o la pandemia, y agrega un dato clave: si 2026 termina con una expansión cercana al 2%, será casi enteramente por el arrastre estadístico que dejó 2025. Sin ese efecto, la economía prácticamente no habrá avanzado en el año.
Dos direcciones, no dos velocidades
La expresión "dos velocidades" supone que todos avanzan, unos más rápido que otros. Los datos muestran otra cosa. Un gráfico de Vectorial con base noviembre de 2023=100 ubica a los sectores de recursos naturales —agro, pesca, minería e hidrocarburos— cerca de 119 puntos, mientras que las actividades orientadas al mercado interno rondan los 95. Un grupo subió casi veinte puntos y el otro retrocedió cinco. No hay dos velocidades: hay dos direcciones.
De ahí surgen dos definiciones que Zaiat considera clave: economía de enclave y recesión. La minería, los hidrocarburos y el agro aumentan la producción con un mercado interno deprimido porque su dinámica está desacoplada de la economía doméstica: su demanda es externa, sus precios se fijan en mercados internacionales y su competitividad depende de los recursos naturales.
La industria, la construcción, el comercio y los servicios funcionan con otra lógica: dependen de los salarios, el empleo, el crédito y la demanda interna. Cuando el ajuste licúa el poder adquisitivo, el golpe es directo. El IPI manufacturero cayó 4,9% interanual y 5,0% mensual en julio, y acumuló una baja de 2,6% en los primeros siete meses del año. La construcción retrocedió 4,5% interanual y 4,6% mensual. La utilización de la capacidad instalada industrial fue de apenas 58,2%, incluso por debajo del 58,4% de julio de 2025. Casi 42% de la capacidad industrial está ociosa.
Una economía que usa apenas seis de cada diez máquinas disponibles no avanza a menor velocidad: se derrumba.
El caso Vicuña: un campamento fabricado en China
El proyecto cuprífero Vicuña, en San Juan, es el ejemplo emblemático. La construcción de parte de su campamento Batidero fue adjudicada a un consorcio encabezado por PowerChina y Beijing Chengdong junto a una firma argentina. Los módulos habitacionales, con capacidad para entre 2.000 y 2.500 camas en una primera etapa y hasta 5.000 en su punto máximo, se fabrican en China y se trasladan a San Juan.
Así, Vaca Muerta, el litio y el cobre dejan de ser plataformas para ampliar el entramado productivo nacional y se convierten en islas exportadoras rodeadas por una economía doméstica debilitada. El efecto multiplicador interno es casi nulo si la ingeniería, los bienes de capital y los insumos de mayor valor agregado se producen afuera. Un estudio de la CEPAL publicado en agosto de 2026 sostiene que cuando la minería tiene encadenamientos locales débiles, acentúa la primarización y limita el empleo y el valor agregado.
El "serrucho" que oculta la tendencia
La otra expresión instalada es "serrucho". Cualquier serie mensual tiene subas y bajas, y para eso existen los ajustes estacionales. El problema es presentar cada recuperación de décimas como el inicio de una reactivación. El informe de Vectorial lo ilustra: el dato inicial de junio mostraba una mejora mensual de 0,8%, pero con los datos de julio se corrigió a apenas 0,3%. Lo que parecía una señal de recuperación quedó reducido a un movimiento menor dentro de una trayectoria débil.
Lo relevante no es discutir cada décima sino la dirección predominante. En el núcleo donde se produce, trabaja y consume la mayor parte de la sociedad, la señal es clara: industria y construcción retroceden, el comercio no repunta, el consumo sigue deprimido y el empleo registrado se reduce mes a mes. Vectorial estima que el ingreso disponible de los asalariados se mantiene entre 15 puntos (privados registrados) y 50 puntos (público nacional) por debajo de noviembre de 2023.
Los pocos números que mejoran
Algunos indicadores macroeconómicos muestran mejoras. Entre enero y agosto las exportaciones alcanzaron 67.248 millones de dólares, 21,4% más que un año antes, mientras las importaciones cayeron 2,6%. Las ventas externas fueron impulsadas por petróleo, gas, minería y productos agropecuarios. El superávit comercial récord se explica también por la recesión que deprime las importaciones.
Esos capitales relajan la restricción externa que históricamente condicionó los ciclos de crecimiento. El debate no pasa por negar los recursos sino por decidir qué estructura económica se construye alrededor de ellos.
Por eso las palabras importan. "Dos velocidades" sugiere sectores que avanzan hacia un mismo destino. "Serrucho" transmite la idea de una economía que solo oscila. "Crecimiento" puede describir una variación positiva del promedio anual aunque la actividad haya estado estancada o en retroceso buena parte del año.
Los datos muestran otra cosa: en lo que va del gobierno de Milei la economía creció apenas 2,2%, con las disparidades sectoriales mencionadas, y en siete meses de este año el avance fue de solo 1,7%. El saldo es decepcionante pese a términos de intercambio muy elevados y abundancia de dólares comerciales y financieros. Es una recesión insólita, concluye Zaiat, porque las condiciones externas son fabulosas: el resultado de la mala praxis del "especialista en temas de crecimiento económico con o sin dinero".