El CEAN cumple 40 años: la historia del centro científico que nació en Junín de los Andes con apoyo japonés
El CEAN, creado en 1986 con apoyo japonés, cumple 40 años como pilar de la ciencia neuquina. La institución atraviesa una etapa de modernización que redefine su vínculo con la producción y la conservación.
El Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN) celebra sus cuatro décadas de vida con una trayectoria que lo convirtió en un referente regional. Desde su creación en 1986, en Junín de los Andes, la institución no solo generó conocimiento sobre los ecosistemas patagónicos, sino que también se transformó en una herramienta clave para la gestión de los recursos naturales de la provincia.
Un origen con sello japonés
El CEAN nació a partir de una decisión estratégica de Neuquén: desarrollar capacidad científica propia para estudiar su patrimonio natural. La cooperación japonesa JICA impulsó el proyecto inicial, que permitió a una provincia joven contar con un organismo dedicado a investigar y conservar su biodiversidad.
Desde entonces, los equipos del centro trabajan sobre ecosistemas terrestres y acuáticos, además de acuicultura, en articulación con universidades, organismos públicos y privados, y sectores productivos. Las investigaciones abarcan desde el estudio de una ova de trucha hasta el monitoreo de poblaciones de guanacos, pasando por la detección de especies invasoras y la calidad del agua en ríos y lagos.
Tres áreas, un mismo objetivo
Actualmente, el trabajo se organiza en tres grandes áreas. Ecosistemas Terrestres se enfoca en la conservación de fauna y flora nativas, especies exóticas invasoras y la interacción entre producción y vida silvestre. Ecosistemas Acuáticos estudia la calidad del agua, la biodiversidad, la pesca y los contaminantes, incluidos los microplásticos. Acuicultura, por su parte, brinda asistencia técnica e impulsa investigaciones sobre sanidad, nutrición y genética para el desarrollo sustentable de la producción.
En el centro trabajan 26 personas, a las que se suman 17 investigadores del Conicet que colaboran en las distintas líneas de trabajo.
Una nueva etapa de fortalecimiento
Entre 2024 y 2026, el CEAN atravesó un proceso de recuperación de infraestructura y actualización tecnológica. Se incorporaron equipos como un cromatógrafo HPLC y una clasificadora de ovas, se mejoraron los espacios de trabajo y se sumaron herramientas para la investigación acuícola. También se habilitó un circuito interpretativo para recibir visitantes y abrir el centro a la comunidad.
La actualización se refleja en los proyectos actuales. El CEAN participa del proyecto Mappa, que monitorea microplásticos en ecosistemas acuáticos, y estudia la expansión del bivalvo invasor Corbicula fluminea. En tierra firme, genera información sobre la distribución del guanaco y trabaja en métodos no letales para reducir los conflictos entre la ganadería y los carnívoros nativos.
Ciencia aplicada a la gestión
El conocimiento producido se traduce en herramientas concretas. Profesionales del CEAN participan en la elaboración de normativas sobre pesca y caza, en la actualización del Plan Nacional de Manejo del Guanaco y en guías para el estudio de reservorios de hantavirus. Además, evalúan la calidad ambiental de reservas naturales urbanas y acompañan a municipios en el manejo de ambientes acuáticos.
En acuicultura, la articulación con la producción es directa: asistencia técnica a establecimientos, promoción de la piscicultura de pequeña escala e investigaciones sobre alimentación, sanidad y genética de la trucha arcoíris. Los estudios sobre Flavobacterium psychrophilum buscan mejorar la prevención sanitaria, mientras que el desarrollo de líneas genéticas de rápido crecimiento apunta a fortalecer las economías regionales.
A 40 años de su creación, el CEAN enfrenta nuevos desafíos: cambio climático, crecimiento demográfico, especies invasoras y calidad del agua. Con una capacidad científica construida desde el territorio, la institución se prepara para las próximas décadas con una premisa clara: conocer mejor Neuquén para cuidar sus ecosistemas y acompañar su desarrollo con evidencia.