El Central admitió lo que muchos sospechaban: la economía quedó al borde de una nueva recesión
El consumo privado venía de siete trimestres de suba y se derrumbó un 2,4%. El Banco Central admitió que la economía se contrajo y que el riesgo de más inflación crece. ¿Qué pasará con los precios?
El Banco Central reconoció en su último Informe de Política Monetaria que la actividad económica perdió dinamismo durante 2026 y quedó al borde de una nueva recesión, la segunda de la era Milei. El dato clave: el PIB se contrajo un 0,6% en el segundo trimestre respecto del primero, tras siete trimestres consecutivos de expansión en los que había acumulado una mejora del 8,8%.
¿Por qué la economía argentina se encuentra al borde de una nueva recesión?
Según el documento, la economía se contrajo un 0,6% en el segundo trimestre respecto del primero, una vez descontados los factores estacionales. Aunque el PIB registró un crecimiento interanual del 2%, ese resultado implicó una desaceleración de 0,2 puntos porcentuales frente al trimestre anterior y reflejó un cambio en la trayectoria de la actividad.
El informe atribuyó parte de esa evolución a un escenario internacional menos favorable, caracterizado por una mayor inflación global, un crecimiento más lento de los principales socios comerciales de la Argentina y condiciones de financiamiento externo más restrictivas. A esos factores se sumó la normalización de la producción agropecuaria después de las cosechas récord de trigo, maíz y girasol, que habían contribuido a elevar la actividad en los períodos previos.
El desempeño de los distintos componentes del PIB muestra que la desaceleración no se limita a factores externos ni a la comparación con una base de actividad excepcionalmente alta. Mientras las exportaciones continuaron creciendo, el consumo privado retrocedió y la inversión fija volvió a registrar una variación negativa, dos componentes que permiten observar las dificultades para consolidar una expansión más extendida entre los sectores de la economía.
Salarios reales a la baja y un consumo privado que pierde terreno
El consumo privado cayó un 2,4% en términos trimestrales durante el segundo trimestre, después de haber acumulado una suba del 15% a lo largo de los siete períodos anteriores. El BCRA identificó entre los factores que explican esa retracción las leves bajas de los salarios reales, la contracción del crédito destinado al consumo y la normalización de las importaciones de bienes y servicios finales, que se encontraban en niveles elevados.
La comparación interanual también mostró una pérdida de velocidad: el consumo privado pasó de crecer un 3,1% en el primer trimestre a apenas un 0,4% en el segundo. De este modo, el gasto de los hogares, uno de los principales componentes de la demanda interna, dejó atrás parte del impulso que había registrado durante los trimestres anteriores.
El comportamiento del consumo resulta relevante porque permite distinguir entre una recuperación concentrada en determinados sectores y una mejora que se traduzca en un mayor nivel de gasto de las familias. Aunque el organismo destacó el avance de las exportaciones, los datos del segundo trimestre mostraron que ese desempeño no alcanzó para evitar una caída de la actividad respecto del período anterior ni para sostener el crecimiento del consumo privado.
La inversión tampoco logró revertir su tendencia. La Formación Bruta de Capital Fijo se contrajo un 0,8% trimestral, aunque el Banco Central señaló que continuó moderando el ritmo de caída.
¿Qué sectores traccionaron la economía y cuáles sufrieron caídas?
La autoridad monetaria afirma que el sostén de la expansión fue el sector externo. De acuerdo con el informe, las exportaciones crecieron un 2,5% respecto del trimestre anterior y un 13,7% en la comparación interanual, con lo que alcanzaron un nuevo máximo histórico. El BCRA destacó que ese desempeño contribuye a la sostenibilidad del crecimiento, aunque los resultados del resto de los componentes de la demanda muestran una dinámica menos favorable.
La diferencia entre las exportaciones y el consumo interno expone una de las características centrales del escenario económico: la actividad puede sostener determinados niveles de crecimiento a partir de las ventas al exterior sin que eso implique una mejora equivalente del gasto de los hogares o de la inversión. El impacto sobre el conjunto de la economía depende, entre otros factores, de la capacidad de los sectores exportadores para generar empleo, ingresos y encadenamientos productivos con otras actividades.
En el tercer trimestre, además, el ritmo de crecimiento acumulado durante el año volvió a desacelerarse, según el diagnóstico del organismo. El informe mencionó tanto la normalización de la actividad agropecuaria después de las cosechas récord como una serie de factores transitorios que afectaron principalmente a sectores cíclicos, entre ellos la industria, la construcción y el comercio.
Entre esos factores, el BCRA señaló las interrupciones del suministro de gas por red a establecimientos industriales, vinculadas con una mayor demanda residencial durante los períodos de bajas temperaturas, y los niveles más elevados de lluvias y nevadas en determinadas regiones del país. El organismo sostuvo que las perspectivas para septiembre sugerían una posible recuperación de los sectores cíclicos y que esa evolución dejaría un arrastre positivo para el cuarto trimestre de 2026. Se trata, no obstante, de una expectativa formulada en el propio informe, que deberá contrastarse con los datos posteriores para establecer si la estabilización observada durante agosto efectivamente se tradujo en una mejora sostenida.
Pese a la desaceleración, la economía acumuló un crecimiento del 1,2% en los primeros ocho meses de 2026 respecto del mismo período de 2025. Ese resultado permite dimensionar el desempeño agregado, pero no elimina las señales de debilidad que aparecen en los datos trimestrales ni las diferencias entre el comportamiento de las exportaciones, el consumo y la inversión.
Tensiones globales y fantasmas externos: las amenazas que vigila el Central
La desaceleración de la economía coincide con un escenario internacional que el propio Banco Central identifica como una fuente de riesgos para la inflación. El informe advierte que una prolongación de los precios elevados de la energía podría impulsar nuevas subas de los costos a escala global y obligar a los bancos centrales a mantener políticas monetarias restrictivas durante más tiempo, con consecuencias sobre el financiamiento y el crecimiento económico.
El organismo señala que, con la inflación todavía por encima de las metas de distintas economías, las autoridades monetarias cuentan con menos margen para reducir las tasas de interés. Al mismo tiempo, los niveles elevados de deuda pública y de rendimientos de los bonos limitan la capacidad de los gobiernos para amortiguar una desaceleración mediante políticas fiscales expansivas.
El documento también advierte sobre el riesgo de un ajuste desordenado en los mercados de bonos que pueda trasladarse a otros activos financieros. Entre los posibles focos de tensión menciona a Japón y la zona del euro, además de la posibilidad de que un cambio en las expectativas sobre la inteligencia artificial afecte a los mercados, en un contexto en el que una porción creciente de las inversiones vinculadas con esa tecnología se financia con deuda.
A esos factores se suma la posibilidad de una desaceleración más pronunciada de Brasil y China, dos economías relevantes para el comercio exterior argentino. Si sus niveles de actividad pierden impulso, la demanda de productos argentinos podría resentirse, mientras que un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales encarecería el acceso al crédito y podría dificultar la llegada de capitales.
El BCRA sintetizó los canales de transmisión de estos riesgos al señalar que podrían afectar al país a través de la demanda externa, las condiciones de financiamiento y los precios de las materias primas. Se trata de variables que inciden sobre una economía que encuentra en las exportaciones uno de sus principales motores de crecimiento y que, por lo tanto, permanece expuesta a los cambios en el escenario global. Además, un encarecimiento sostenido de la energía también puede trasladarse a los costos de producción, transporte y distribución, con efectos sobre los precios internos.
La magnitud de ese traslado dependerá de la evolución de los costos, de las condiciones cambiarias y de la capacidad de las empresas para absorberlos sin modificar sus precios, por lo que no implica necesariamente un aumento automático y uniforme de la inflación local.