El cerro neuquino que nació con una promesa: 800 km de fe y una imagen que llegó en 1954
En 1954, una imagen de la Virgen llegó a un rincón del norte neuquino y terminó en la cima de un cerro. Hoy, a 1.102 metros, el lugar guarda una historia que casi nadie conoce y que une fe, paisaje y memoria.
Hay un rincón del norte neuquino donde la historia, la fe y el paisaje se cruzan en una sola caminata. Se trata del Cerro de la Virgen, en Chos Malal, un punto que no figura en cualquier itinerario turístico y que, sin embargo, se convirtió en un símbolo para toda la comunidad.
Allí se alza el monumento a María Auxiliadora, a unos 1.102 metros sobre el nivel del mar. Llegar hasta la cima exige unas dos horas de caminata, aunque también existe un camino vehicular que permite acceder sin tanto esfuerzo.
Un recorrido con recompensa
El ascenso no es solo un trámite. A medida que se sube, el paisaje se abre y entrega postales que justifican cada paso: los barrios que forman la ciudad, el valle, los cerros que rodean la zona y la unión de los ríos Curi Leuvú y Neuquén, un espectáculo natural que solo se aprecia desde las alturas.
El cerro, conocido antiguamente como Cerro Martín, tiene una historia que se remonta a 1954. Fue entonces cuando la imagen de la Virgen llegó a este rincón de la Patagonia y, con el tiempo, fue llevada hasta la cima. Desde ese momento, el sitio se transformó en un lugar de referencia para los habitantes de Chos Malal.
El Camino de la Fe: 800 kilómetros de espiritualidad
Este punto forma parte de un recorrido mucho más amplio: el “Camino de la Fe” neuquino, una ruta que une Ailinco y Villa La Angostura a lo largo de más de 800 kilómetros. El trayecto articula monumentos, capillas, templos y otros espacios de devoción, siempre enmarcados en paisajes únicos.
Pero el cerro de Chos Malal tiene un peso propio. No es solo un mirador privilegiado: es un punto de encuentro para los vecinos y un escenario clave en la identidad de la región, atravesado por el rol de los misioneros salesianos en el norte provincial.
Para quienes disfrutan del turismo religioso o simplemente buscan una vista imperdible, este cerro ofrece las dos cosas al mismo tiempo. La subida, ya sea a pie o en vehículo, termina siempre con la misma recompensa: una panorámica que abarca el valle, los ríos y la historia de una comunidad que hace más de siete décadas abrazó a su Virgen en la cima.