El chef que cumple 40 años en el Barrio 31 y su regalo de cumpleaños es para otros
En su cumpleaños número 40, un chef peruano del Barrio 31 cambió la torta por el wok. Lo que sucedió después, durante una noche recorriendo las calles con más de 200 platos de comida, revela una realidad que muchos prefieren ignorar.
En la noche de su aniversario, un emprendedor gastronómico peruano decidió cambiar la fiesta por una misión: repartir más de 200 platos de comida caliente entre los más necesitados del Barrio 31 y Constitución. Su gesto desnudó las historias de hambre, desesperación y supervivencia que se esconden en las sombras de la ciudad.
Eran las 7 de la tarde en la entrada del Barrio 31, un lugar donde viven más de 45 mil personas. Allí, entre el bullicio del tránsito y el ir y venir de quienes volvían del trabajo, esperaba Alexander, conocido como “el chico del sushi”.
Jorge Alexander Osorio Ramos, un chef peruano de 40 años, llegó hace 18 al país. Empezó como bachero, luego mozo, y tras recibirse, logró alquilar un local dentro del barrio para su emprendimiento: Ososhi Nikkei, un espacio de comida fusión peruano-japonesa.
¿Cómo nació la idea de repartir comida?
En lugar de recibir regalos por su cumpleaños, Alex organizó una colecta a través de redes sociales. Algunos donaron paquetes de arroz, otros los pollos. Con esos ingredientes y su secreto gastronómico, preparó más de 200 porciones de arroz chaufa de pollo. “Un plato de comida no se le niega a nadie. Aquí hay gente que necesita”, explicó el chef.
Mientras su familia le cantaba el feliz cumpleaños en el local con luz tenue, en la cocina se trabajaba con frenesí. Nahuel, uno de sus cuatro empleados de 20 años, envolvía cada porción en film para mantener el calor. “Yo no pasé hambre, pero mis padres, que son jujeños, me contaron que cuando llegaron comían de la basura”, relató el joven.
La primera parada y las manos que se extendían
La primera escala fue cerca del Barrio Mugica, donde una reja separa el estacionamiento de Retiro. Personas que pasaban la noche en la calle se acercaron al escuchar que había comida peruana. “Yo me quedé sin trabajo, soy pintor. Esto me viene bárbaro… tenía un hambre”, confesó uno de ellos.
Alex repartía con discreción, consciente de la fragilidad del momento. “Sabe que algunos están en procesos de adicción y que cualquier cuestión por pequeña que sea puede hacer que todo lo que está bien, de pronto, puede estar mal”, describió el cronista.
Al intentar partir, la gente seguía golpeando la camioneta pidiendo más. Una joven pidió dos porciones y suplicó: “No me graben, porfa, no me graben. Gracias de todo corazón”.
El rostro crudo de la calle en Constitución
El recorrido continuó hacia Constitución. En una parada cerca del cruce de Garay y Santiago del Estero, Valentín, un mecánico de 20 años, recibió su plato. “Hace dos meses que estoy en la calle. Busco trabajo y no encuentro”, contó. Más tarde, en la plaza de Constitución, la tensión estalló cuando una discusión por dinero a punto estuvo de convertirse en pelea.
Allí conocieron a Ana, una mujer que esperaba a una amiga que había ido “a trabajar” con un cliente para pagar un hotel de 18 mil pesos la noche. “Mi marido está privado de su libertad, por lo que me hizo, me pegó, casi me mata. Está en Melchor Romero. Ahora estoy sola”, relató. Si su amiga no conseguía nada, Ana se refugiaría entre los árboles de la plaza. “A veces estoy ahí pero no duermo. Es peligroso, soy mujer. Está jodida la calle”.
Al final de la noche, con las pocas porciones restantes destinadas a Once, Alex se despidió satisfecho. “Me voy contento que la gente se vaya feliz”, afirmó. Cuando le preguntaron si habría algún festejo por su cumpleaños, respondió con mirada cansada: “Tengo que trabajar, no hay tiempo para eso”.
El relato es de Gustavo Barco, periodista y productor de Telenoche, magíster en Periodismo de la Universidad Di Tella, documentalista y escritor.