El chubutense que definió a los isleños con una frase que hoy usa la Cancillería
Mientras Estados Unidos pide cerrar el Comité de Descolonización, la frase que un chubutense inventó mirando las chacras de Gaiman sigue viva en los documentos de la Cancillería. La historia del hombre que puso a Chubut en la ONU.
Raúl Mac Burney, nacido en Gaiman, llevó la experiencia galesa en Chubut al Comité de Descolonización de la ONU en 1985 y 1986. Allí acuñó el término "población trasplantada" para describir la presencia británica en Malvinas, una imagen que nació de las chacras del valle y terminó en documentos oficiales.
En octubre de 2026, durante las sesiones de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de Naciones Unidas, la representante del gobierno de Donald Trump sorprendió al mundo diplomático con un pedido que hasta entonces nadie había formulado con esa crudeza: disolver el Comité de Descolonización de la ONU. La funcionaria argumentó que el organismo constituye un "desperdicio de dinero y recursos" y que su mandato debería ser eliminado.
La propuesta cayó como un balde de agua fría para el reclamo argentino por la recuperación del ejercicio de soberanía plena sobre las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Para Argentina, el Comité de Descolonización —conocido también como C-24— es el único ámbito permanente de Naciones Unidas donde cada año se aprueba una resolución que insta al Reino Unido a reanudar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas. Constituye el espacio multilateral donde la causa argentina acumula respaldos de manera sostenida y con una continuidad que ningún otro organismo ofrece con la misma regularidad.
Una intervención original que trascendió el tiempo
La paradoja histórica es difícil de ignorar. En ese mismo recinto, hace 40 años, Raúl Mac Burney (nacido en Gaiman) utilizó el caso de la comunidad de Gales en Chubut para argumentar ante el mundo que la integración cultural y la soberanía nacional podían convivir sin contradicción.
El 27 de noviembre de 1985, Mac Burney se presentó ante el Comité de Descolonización en Nueva York junto a Alejandro Betts (ciudadano argentino nacido en las islas Malvinas pero residente en Agua de Oro, Córdoba) y Susan Couttes de Maciello. Los tres compartían una condición que les daba una fuerza argumental particular: eran argentinos cuya identidad cultural no había sido absorbida ni anulada por el Estado nacional sino preservada dentro de un marco de respeto a las leyes y autoridades del país.
La intervención de Mac Burney no fue una improvisación personal. El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto decidió invitar formalmente a Mac Burney y a Betts para que concurrieran a la Cancillería y luego viajaran a Nueva York "a efectos de considerar, aprestar y ejecutar la acción diplomática argentina ante el Comité de Descolonización". El Estado nacional cubrió alojamiento, comida y pasajes de ambos.
El decreto es explícito respecto de la estrategia. Teniendo en cuenta la presentación exitosa de 1985, la invitación se repitió al año siguiente porque la intervención de peticionarios en apoyo de la posición argentina "ha contribuido en forma efectiva al mejor resultado de la política argentina en la materia, desestimando la argumentación de peticionarios cuya comparecencia fuera promovida por la parte británica", se fundamentó. Y se agregó que esas declaraciones —entre ellas de descendientes de galeses como de malvinenses con residencia en el territorio continental argentino—, además de neutralizar la percepción unilateral de los peticionarios que favorecen la posición británica, "concilian una preferente atención y coadyuvan hacia mayores apoyos por la posición argentina".
En su exposición de 1985, Mac Burney trazó un paralelismo que buscaba interpelar directamente a los isleños: la comunidad galesa de Chubut había conservado su idioma, sus capillas, sus tradiciones religiosas y su festividad del Eisteddfod bajo la bandera argentina sin que ello implicara renunciar a su identidad. Ese modelo de integración podía ser imitado por los habitantes de Malvinas en el marco de una eventual reanudación de negociaciones entre la Argentina y el Reino Unido.
Fue en ese mismo contexto donde Mac Burney pronunció —por primera vez en un foro internacional— una expresión que con el tiempo adquiriría una densidad propia: "en Malvinas, vive una población trasplantada".
De las chacras de Gaiman a la ONU
La imagen no provenía de un manual de Derecho Internacional ni de un tratado de geopolítica sino de la observación cotidiana de las chacras de Gaiman, donde los colonos galeses habían aprendido que un cultivo trasplantado a tierra nueva podía arraigar y prosperar si se lo cuidaba con paciencia y se respetaban las condiciones del suelo que lo recibía.
Esta metáfora, aplicada a los seres humanos, le servía para describir la condición de los isleños de Malvinas: una población llevada de un lugar a otro que no otorgaba por sí sola derechos de soberanía. Con el tiempo y con una sonrisa particular, Mac Burney reconoció en el programa de radio 'Qué Hicimos en y por Malvinas' por Radio 3 que "tendría que haber patentado el término". Porque "población trasplantada" se instaló en el lenguaje diplomático informal y luego en documentos oficiales como argumento central para describir a la población inglesa que usurpa las Islas Malvinas.
La expresión permitía nombrar una realidad que el lenguaje jurídico clásico describía con rodeos: que la presencia británica en el archipiélago era el resultado de un traslado y una imposición, no de un desarrollo orgánico y autónomo.
La historia que Mac Burney llevaba consigo tenía fundamentos verificables. Los galeses que llegaron al golfo Nuevo el 28 de julio de 1865 lo hicieron como inmigrantes bajo las condiciones fijadas por la ley de octubre de 1862, no como una colonia legalmente constituida. El 15 de septiembre de 1865, el teniente coronel Julián Murga izó la bandera argentina y tomó posesión formal del territorio en lo que constituyó un acto de soberanía nacional en la zona. La capital de la naciente colonia recibió el nombre de Rawson, en homenaje al ministro del Interior Guillermo Rawson, principal impulsor de la radicación.
Mac Burney conocía ese relato desde adentro. Había sido intendente de Gaiman y su participación en el Comité de Descolonización no era la de un académico que describe un caso ajeno sino la de un protagonista que ofrece su propia comunidad como evidencia empírica de que la diversidad cultural puede enriquecer a una nación sin afectar su soberanía.
La figura del trasplante era la descripción de una experiencia vital que él mismo había observado en las chacras del valle. Fue una imagen gráfica que permitió desarticular por completo la falacia de la supuesta autodeterminación. Explicó la usurpación británica con una imagen que todos pudieran comprender de inmediato. "Sólo los genios hacen eso", le decían sus allegados en Gaiman en ámbitos familiares en tono distendido.
La estrategia argentina en ese momento apuntaba a un objetivo preciso: que los isleños de Malvinas consideraran el precedente de la adaptación galesa a Chubut como un modelo posible. La lógica era que si una comunidad europea había podido preservar su lengua y sus tradiciones bajo la bandera argentina durante más de un siglo, entonces la objeción cultural esgrimida por Londres para justificar su negativa a negociar carecía de sustento fáctico.
Las intervenciones de Mac Burney en 1985 y 1986 se inscriben en una tradición diplomática que la Argentina sostuvo con continuidad: llevar al Comité de Descolonización voces que no se limitaran a repetir la posición jurídica del Estado sino que aportaran testimonios con densidad humana y verificable.
Hace cuatro meses, Argentina recibió un respaldo contundente
Esa tradición produjo resultados. En junio de 2026, apenas cuatro meses antes del pedido estadounidense de disolución, la Cancillería Argentina volvió a exponer ante el C-24 su reclamo por la militarización británica de las islas y la explotación unilateral de recursos naturales. El Comité aprobó entonces una resolución de apoyo a la posición argentina impulsada por Chile y respaldada por Bolivia, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esa convergencia de países de diverso signo ideológico ilustra la función real del organismo: no la de un club de afinidades políticas sino la de un espacio donde el derecho a la descolonización se ejerce mediante la acumulación de consensos.
El pedido de Trump abre una grieta geopolítica con un socio al que Washington suele presentar como aliado. El gobierno de Javier Milei se vio obligado a minimizar el reclamo de su principal socio internacional.
El exembajador argentino ante la ONU Ricardo Lagorio fue categórico al respecto: "No es un comité más. Es uno de los más sensibles de la ONU. Maneja uno de los temas más importantes como la descolonización". Y añadió: "Quizás Estados Unidos decida desfinanciarlo o se oponga a partidas presupuestarias. Tienen muchos mecanismos pero dudo que desaparezca".
La pregunta que sobrevuela el episodio es por qué Washington adopta una posición que perjudica a un gobierno que se declara aliado. En los últimos meses, Trump había dejado abierta la posibilidad de abandonar su neutralidad en el conflicto Malvinas y retirar el respaldo estadounidense al Reino Unido para presionar a Londres a aumentar su gasto militar en el marco de la OTAN. Incluso Milei había anunciado sanciones para empresas dedicadas a la extracción petrolera en las islas. El pedido de disolución del C-24 aparece, en ese contexto, como una señal contradictoria cuando menos.
El legado de Mac Burney
Mac Burney falleció en julio de 2023 sin ver resuelta la cuestión que lo llevó dos veces a Nueva York. Sus intervenciones de 1985 y 1986 conservan una vigencia que trasciende la anécdota: demostró que un ciudadano de una provincia patagónica podía convertir la historia de su comunidad en un argumento de política exterior que podría ser recibido con atención por la comunidad internacional.
El término "población trasplantada" sigue apareciendo en documentos oficiales y en exposiciones diplomáticas cada vez que la Argentina argumenta sobre la naturaleza de la presencia británica en las islas.
La paradoja final es incómoda. El mismo año en que la Argentina reafirma su reclamo ante el C-24 y obtiene respaldos, su principal aliado internacional pide cerrar ese organismo por considerarlo costoso e ineficaz.
Mientras tanto, en Chubut, los descendientes de aquellos galeses que Mac Burney representó en Nueva York siguen hablando galés, cantando en el Eisteddfod y viviendo bajo la bandera celeste y blanca. El testimonio que el valletano llevó al mundo en 1985 sigue en pie y la expresión que acuñó mirando sus chacras sigue resonando en una sala que hoy está bajo amenaza de clausura.