El cielo de Sachayoj se tiñó de colores: el primer Concurso de Barriletes que desafió a las pantallas

¿Te acordás de la emoción de ver tu barrilete volar? Sachayoj la revivió con un concurso que unió a generaciones. Conocé los ganadores y el mensaje detrás de esta jornada sin pantallas.

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El cielo de Sachayoj se tiñó de colores: el primer Concurso de Barriletes que desafió a las pantallas
El cielo de Sachayoj se tiñó de colores: el primer Concurso de Barriletes que desafió a las pantallas

El aire de Sachayoj, en el departamento Alberdi, se llenó de magia este fin de semana: familias enteras se reunieron para remontar barriletes en una jornada que recuperó la esencia de la infancia, lejos de celulares y tabletas.

Organizado por la Comisión Municipal con motivo del Día del Niño, el primer Concurso de Barriletes convocó a chicos de distintas edades que desplegaron ingenio y creatividad para hacer volar sus creaciones.

El evento no solo premió la destreza en el aire, sino que también se convirtió en un punto de encuentro para la comunidad, donde abuelos, padres e hijos compartieron una tarde al aire libre, corriendo detrás de un hilo y mirando al cielo.

Los ganadores del certamen

En la categoría de 4 a 7 años, las Hermanitas Spiandore se llevaron el reconocimiento por diseño y creatividad, mientras que Felipe Espeche se destacó en rendimiento de vuelo.

En la franja de 8 a 12 años, Nicolás Chazarreta y Juan Mateo Fero brillaron por su originalidad, y Coronel Elías se quedó con el primer puesto en vuelo.

Además, como parte de la iniciativa para fomentar la actividad física, se entregaron pelotas de vóley y fútbol al Polideportivo Municipal de Sachayoj, ampliando las opciones deportivas para todas las edades.

Una apuesta por la diversión simple

En tiempos donde las pantallas dominan la rutina, Sachayoj demostró que la diversión auténtica no necesita batería ni conexión: solo viento, espacio, imaginación y compañía.

La iniciativa no busca demonizar la tecnología, sino recordar que la infancia también se nutre de movimiento, naturaleza y encuentros reales. Armar un barrilete enseña paciencia; hacerlo volar invita a correr y perseverar; compartirlo fortalece lazos.

Por unas horas, los chicos dejaron de mirar hacia abajo y volvieron a levantar la vista. El verdadero premio de la jornada fue revivir una tradición que sigue siendo necesaria, porque los recuerdos más lindos nacen de las experiencias más sencillas.

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