El cielo gris no da tregua: el invierno que rompió todos los récords en La Plata

¿Cansado de tanto gris? El invierno en La Plata rompió récords históricos de nubosidad. Julio y agosto superaron todas las marcas, y El Niño promete más lluvias en primavera. Conocé los detalles del fenómeno que tiñó de gris la Región.

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El cielo gris no da tregua: el invierno que rompió todos los récords en La Plata
El cielo gris no da tregua: el invierno que rompió todos los récords en La Plata

El invierno platense se convirtió en un fenómeno histórico: julio y agosto marcaron máximos de nubosidad nunca vistos, y la Región vivió uno de los períodos más grises de las últimas tres décadas. ¿La explicación? Un Niño que no deja de crecer y que promete más lluvias en primavera.

Los datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para la estación La Plata Aero revelan una tendencia imparable: el cielo despejado fue la excepción, no la regla. Según los registros horarios, la mayor parte de agosto mostró cielos entre “parcialmente nublados” y “cubiertos”, incluso en las pocas horas de sol que ofrece esta época.

¿Qué dicen los números?

En junio, la región tuvo entre 12 y 16 días de cielo cubierto, superando el promedio histórico de 10,6 días y acercándose al récord absoluto de 19 días de junio de 1992. Ese año también ostenta el récord de nubosidad total, con un promedio de 5,7 octas, el más alto en tres décadas.

Julio rompió todas las marcas: superó los 20 días de cielo cubierto, igualando el techo histórico de julio de 2018, muy por encima del promedio normal de 11 días. No es un dato menor, ya que julio es, históricamente, el mes más nublado del año en la Región, y este año lo confirmó con creces.

Agosto viene por el mismo camino: con 14 días de cielo cubierto sobre 21 transcurridos, la proyección apunta a superar ampliamente el promedio de 10,2 días y podría acercarse al máximo de 20 días registrado en 2012 y 2018.

Si se sostiene el ritmo, agosto de 2026 se sumaría a julio como mes de récord. El antecedente más parecido es 2016, el año más nublado de la serie, con 126 días de cielo cubierto en total. Además, el SMN anticipa nubosidad significativa para los próximos siete días, lo que reforzaría la tendencia.

Un invierno para el recuerdo

De los 81 días transcurridos entre el 1° de junio y el 20 de agosto, cerca de la mitad (entre 37 y 43 jornadas) tuvieron cielos mayormente nublados o cubiertos durante buena parte del día. Prácticamente uno de cada dos días invernales en La Plata careció de un cielo despejado.

El patrón se acentuó mes a mes: de un junio con semanas de sol sostenido, se pasó a un julio con una semana entera completamente cubierta, y a un agosto donde la nubosidad se volvió la norma. Las únicas treguas claras fueron entre el 9 y el 13 de agosto, y el último fin de semana.

¿Qué hay detrás de tanto gris?

Horacio Sarochar, meteorólogo y docente de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, explica que “hay básicamente dos condiciones ligadas al pasaje de frentes”. Los frentes fríos, que no se están presentando con intensidad, suelen dejar cielos despejados tras su paso. Pero los frentes cálidos, que se desplazan lentamente desde el norte, pueden estacionarse y generar nubosidad persistente.

“Eso es lo que está generando en estas semanas una situación bastante anómala: los sistemas de alta presión no avanzan, y generan, en el centro y norte del país, esta nubosidad constante”, puntualiza Sarochar. El fenómeno de El Niño, activo desde abril y cada vez más intenso, favoreció el ingreso de humedad hacia el centro de Argentina y una mayor persistencia de nubes y precipitaciones.

¿Qué es una octa?

La nubosidad se mide en “octas”: el observador divide el cielo en ocho partes, como una pizza, y estima cuántas porciones están cubiertas por nubes. Cero octas es cielo despejado, cuatro es la mitad cubierta, y ocho es cielo totalmente tapado. Esta medición permite clasificar el cielo en categorías que van desde “despejado” hasta “cubierto”.

La exposición a la luz regula el reloj biológico, la producción de melatonina y serotonina, y los ciclos de sueño. Por eso, los días grises pueden generar cansancio y somnolencia. No hace falta ser poeta para notarlo: basta un día de sol después de tanto gris para que el ánimo cambie de golpe.

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