El Cilindro estalló contra Milito y la Academia dejó escapar la última bala
Racing tenía todo para quedarse con el clásico, pero un penal lo devolvió a la realidad. La tribuna local no perdonó y apuntó contra Milito con un cántico que retumbó en Avellaneda.
Racing e Independiente firmaron un 1 a 1 en Avellaneda que dejó sensaciones opuestas: el Rojo sigue con vida en la pelea por los playoffs y la Academia vio cómo se le escapa una chance clave del Clausura. Los goles fueron de Matías Zaracho para el local y de Meza, de penal, para la visita.
El final tuvo de todo. Marcone aplaudió el esfuerzo de sus compañeros, que remontaron un primer tiempo cuesta arriba. Del otro lado, la tribuna local hizo sentir su fastidio con cánticos que apuntaron directo al entrenador: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo; Milito, hijo de p...”.
Seis minutos de pura tensión
El arranque fue eléctrico. Un córner que se demoró un minuto y medio por los proyectiles que cayeron desde la popular —entre ellos un reloj—, un reclamo por una falta sobre Maravilla Martínez cerca del área, un desborde de Ignacio Rodríguez por la izquierda que no encontró receptor pese a tener tres compañeros en el área y la amarilla para Barinaga. Todo en apenas seis minutos.
Racing buscó imponer un ritmo alto y Independiente intentó bajarlo porque en ese frenesí no se sentía cómodo. Las pérdidas por pases fallidos y los controles nerviosos frenaron a ambos. Por las bandas, la Academia tuvo su mejor arma: Zaracho bajó una pelota con el pecho y Rodrigo Rey se anticipó; la pierna a destiempo del volante le costó la segunda amonestación y desató el rezongo del arquero, que pidió revisar la jugada ante las explicaciones de Facundo Tello.
La actitud que inclinó la cancha
Fue la actitud la que desequilibró la balanza. Racing dobló al rival en la disputa, anticipó, recuperó con facilidad y presionó la salida del Rojo. Atropelló, impuso condiciones y lastimó. Lodico perdió la pelota, se rehízo, descargó en Conechny y el goleador hizo el resto para el festejo de Zaracho: Maravilla ganó en lo alto ante Arrayago y el puñetazo tardío de Rey. La pelota cayó llovida, con suspenso, y Zaracho la empujó sobre la línea.
Martínez, el más ovacionado cuando se conocieron las alineaciones, el que en el clásico anterior falló un penal al intentar picarla y el que en la previa había sentenciado que “clásico es una final para nosotros, y así lo vamos a jugar”, ratificó en la cancha el sentir de sus palabras.
Un Rojo tibio que se rehizo
La reacción de Independiente fue tibia. Depositó sus esperanzas en el desequilibrio de Montiel y en alguna pincelada de Cabral para ubicar en el área a Chimy Ávila, que dos veces martilló aunque sin dirección. El Rojo dudaba entre adelantarse y dejar campo abierto para que Racing corriera con espacio.
Jadson Viera observaba y corregía desde el borde de la cancha. Sus dirigidos arriesgaban en defensa y prosperaban a los tumbos en ataque, siempre forzados por un rival que los empujaba al error. Kranevitter, que en los últimos cuatro partidos solo había jugado 17 minutos —cinco con Sarmiento y 12 frente a Boca—, fue un patrón posicional y hasta se animó a atacar el área del Rojo. Conechny se asociaba con Ignacio Rodríguez para inclinar la cancha por la izquierda, Lautaro Díaz batallaba junto a Maravilla para tapar la salida y Lodico le ponía lucidez a los ataques.
El cambio que abrió el partido
Viera movió una pieza en el entretiempo: Abaldo por Cabral. Menos control y más verticalidad, aunque el 4-3-3 siguió como eje. Racing se confundió por momentos y tomó riesgos innecesarios, como al inicio. Mateo Martínez se ganó la amarilla por empujar a Arrayago y la secuencia terminó con colaboradores de los cuerpos técnicos expulsados: Ribair Rodríguez en el Rojo y Luciano Aued en el local.
Del barullo salió mejor Independiente. Banegas trepó y sobre la línea final lanzó el pase atrás, donde Montiel demoró el remate y recibió un bloqueo de varias piernas.
El Rojo rompió el partido y decidió jugar al golpe por golpe, con menos fuerza que Racing pero con corazón e inteligencia. Meza hizo lucir a Cambeses y los hinchas despertaron con cánticos mientras el VAR revisaba una posible mano. El clima de fiesta se apagó, el murmullo creció y el penal de Gonzalo Escudero sobre Meza marcó la confusión que se apoderó de la Academia. Meza tomó la responsabilidad y con un remate cruzado, de derecha, igualó el marcador. El autor del gol se hizo protagonista y Cambeses le ahogó, con una volada fotográfica, un nuevo festejo.
Cinco cambios para reinventarse
Para reiniciarse, Racing lanzó cinco cambios en tres ventanas: Vergara, Ortegoza, Leonel Pérez, Cannavo y Elías Torres por Conechny, Zaracho, Kranevitter, Barinaga y Díaz. Piernas frescas para recuperar el rol principal y evitar un dolor de cabeza extra con las amonestaciones.
El Rojo también retocó con Morales y Godoy por Ávila y Arias. La intensidad ya no era la misma y Montiel tuvo en una corrida la mejor para Independiente, aunque Leonel Pérez hizo un quite quirúrgico dentro del área. Apagada, la Academia concentró sus esfuerzos en pelotazos sin destinatarios. Poco quedó en pie de su comienzo arrollador. Enfrente, Independiente capeó el temporal, no se sintió avasallado y quedó espiando un error del rival que nunca llegó para desatar el infierno.