El cirujano que cambia el bisturí por el judogi: la doble vida de Ariel Yoiris en Roca

Ariel Yoiris es cirujano y sensei de judo en Roca. Descubrí cómo combina dos pasiones que se complementan y forman mejores personas.

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El cirujano que cambia el bisturí por el judogi: la doble vida de Ariel Yoiris en Roca
El cirujano que cambia el bisturí por el judogi: la doble vida de Ariel Yoiris en Roca

Hay personas que encuentran su pasión en un solo lugar. Ariel Yoiris, en cambio, la encontró en dos: el quirófano y el tatami. Este cirujano de 51 años combina su profesión médica con el judo desde hace décadas, y su historia es un ejemplo de cómo dos mundos aparentemente opuestos pueden complementarse a la perfección.

Durante el día, Yoiris viste de blanco, el color de la guardia y la cirugía, una vocación que ejerce desde hace más de veinte años. Pero al caer la tarde, ese blanco se transforma en el judogi, el uniforme de un arte marcial que practica desde los siete años. Su vínculo con el judo nació en el Club Del Progreso de Roca, un dojo con más de cuatro décadas de historia que sobrevivió a mudanzas, interrupciones e incluso a un incendio.

Su llegada a ese espacio fue casi por casualidad. De chico, probó con el básquet y otros deportes de equipo, pero nada lo convencía. Hasta que un día, junto a su hermano y un grupo de amigos, entró a una clase de judo y descubrió una disciplina que lo atrapó para siempre. "Es un deporte que se hace sí o sí en equipo, pero la práctica es individual", explica Yoiris, destacando esa paradoja que lo sigue fascinando.

Con el tiempo, el judo lo llevó a La Plata, donde entre los 17 y los 25 años vivió su etapa más intensa como competidor en Estudiantes de La Plata, mientras estudiaba medicina. "Es la época donde uno está física y mentalmente más activo. Entrás en el desarrollo pleno y más si estás en Estudiantes, que es un club que tiene muchísima calidad competitiva y mucha historia", recuerda.

El regreso a Roca y la reconstrucción del dojo

En 2005, con el título de médico ya en su poder, Yoiris volvió a Roca y se reencontró con su maestro, Ricardo Sandoval. El dojo había perdido continuidad y había que reconstruirlo. No fue tarea fácil, pero con compromiso y perseverancia, lograron devolverle la vida a ese espacio.

Yoiris empezó como coprofesor de Sandoval y con los años se convirtió en uno de los referentes de la escuela. Hoy, alrededor de ellos creció una nueva generación de profesores, entre ellos Facundo Sandoval, Fernando Báez, Santiago Dávalos, Agustín Bernatene y Santiago Lucero, el último en graduarse como primer Dan. "Es un orgullo porque es el que está agarrando la posta de esto. Algunos fueron alumnos desde chicos, ahora enseñan", dice Yoiris.

Dos mundos que se necesitan

¿Se puede pasar del quirófano al tatami sin cambiar de cabeza? Para Yoiris, no solo se puede, sino que ambos mundos se alimentan entre sí. "No es que de cero a cien en dos segundos. Es de cero a cien en ocho o diez años", explica sobre su doble formación como cirujano y sensei, una palabra japonesa que significa literalmente 'el que ha recorrido el camino antes'.

La enseñanza es el puente que une sus dos pasiones. En el quirófano, forma a residentes; en el dojo, acompaña y corrige a sus alumnos. "Cuando una de esas partes mejora, también lo hace la otra parte. Y cuando una flaquea, las dos sienten el impacto", asegura.

El dojo del Club Del Progreso reúne actualmente a unos 35 o 40 adultos y 20 chicos menores de 11 años. Entre ellos está Lucía, una de las dos hijas de Yoiris, quien es uno de sus motores para seguir comprometido con la disciplina. "Siendo un arte marcial, no hay una relación marcial, militar, verticalista... Hay una relación de respeto creado y ganado", afirma.

Para Yoiris, el judo no es solo una competencia. Creado por Jigoro Kano en 1882 con el objetivo de formar mejores ciudadanos, el judo enseña disciplina sin gritos, a caer y levantarse, y a ver al rival como un compañero, no como un enemigo. "Se puede ser campeón pero si fuera del dojo, en la escuela o en el trabajo, sos mala persona, no tenés cabida", sentencia.

De Roca a la selección argentina

La carrera de Yoiris también lo llevó a cruzarse con una de las figuras más importantes del deporte argentino: Paula Pareto. En 2007, su exentrenador en Estudiantes, Fernando Yuma, lo convocó como colaborador técnico de la selección nacional. Allí conoció a Pareto, con quien compartió equipo y años después vivió uno de los momentos más emotivos de su vida.

En 2015, Yoiris fue médico de la selección en el Mundial de Kazajistán, donde Pareto se consagró campeona del mundo. "Fue un gran fenómeno de masividad para el judo lo de Paula. Los dojos se plagaron de judocas y eso perseveró en el tiempo", recuerda con orgullo.

Hoy, Ariel Yoiris sigue entrenando y enseñando. Cuando le preguntan cuándo dejará el judo, responde con una frase que define su filosofía: "El judo, al igual que la medicina, no te deja. No te abandona". Y quizás por eso, cada tarde, el cirujano cambia el bisturí por el judogi y vuelve al dojo, donde la enseñanza y el respeto son los pilares que sostienen su vida.

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