El clima pone en jaque a los viñedos entrerrianos: qué se juega en enero
Jorge Reihme sabe que la vid no perdona la humedad. En su finca de Urdinarrain ya se prepara para un verano con más lluvias de lo normal, pero hay un momento del año que le preocupa más que cualquier otro.
El fenómeno de El Niño eleva la probabilidad de lluvias por encima de lo normal en el Litoral durante la primavera y el verano, y los productores de vid de Entre Ríos ya saben lo que eso significa: extremar los cuidados para llegar a la cosecha con uvas en condiciones.
La vitivinicultura entrerriana vive una etapa en la que el clima volvió a mandar. En una provincia donde la humedad es parte del ambiente productivo —distinto a lo que ocurre en las regiones vitivinícolas tradicionales del país—, el manejo sanitario de los viñedos gana peso propio.
Jorge Reihme, dueño de Finca Los Bayos, en Urdinarrain, lo explicó con claridad: “La vid es muy sensible a los hongos por la humedad”. Las lluvias favorecen la aparición de enfermedades y, cerca de la cosecha, también alteran las condiciones de la uva.
El dato que no es solo cuánto llueve
Para Reihme, no se trata únicamente de contar milímetros. Importa cómo se suceden las precipitaciones y cuánto tiempo permanece el agua en el viñedo. El seguimiento de las plantas y la anticipación son claves en un período húmedo.
Las tareas preventivas se intensifican para evitar que el ambiente propicie enfermedades que afecten hojas, frutos o directamente los racimos.
La vendimia, el momento más delicado
El mayor desafío aparece al final del ciclo, cuando los racimos maduran y hay que definir cuándo vendimiar. En la zona, la cosecha suele desarrollarse entre mediados de enero y mediados de febrero, según la variedad y la región.
“Cuando llueve, el grano de uva se carga de agua y eso hace que baje el contenido de azúcar y haya que esperar que esa humedad que tomó el grano se deshidrate para encontrar otra vez los valores apropiados para poder cosechar”, detalló el productor.
Una lluvia cercana a la cosecha puede obligar a esperar varios días hasta que la uva recupere los parámetros buscados. El panorama se complica si las precipitaciones se estiran: “Si te agarra un temporal de una semana, el problema ahí es que se te puede pasar la uva o se te puede enfermar el racimo”, advirtió.
Por eso, la segunda mitad de enero y la primera parte de febrero serán períodos de atención máxima si se mantienen la humedad y las lluvias, porque definen la calidad y el momento de recolección.
Prevenir antes de que aparezca el problema
La estrategia no pasa solo por reaccionar ante una enfermedad, sino por mantener un seguimiento permanente del viñedo y aplicar los tratamientos preventivos necesarios. En una provincia donde la humedad forma parte del ambiente productivo, la observación diaria permite detectar cambios en las plantas y anticiparse.
El manejo también exige mirar el estado de los racimos, la circulación de aire entre las plantas y la evolución de cada variedad. No todas las uvas se comportan igual ni maduran al mismo tiempo, así que las decisiones se toman sector por sector.
Para Reihme, ese seguimiento será fundamental en un período en el que el clima puede cambiar rápido las condiciones de producción. El Niño, por sí solo, no permite anticipar cómo será la próxima cosecha: el resultado dependerá de la distribución e intensidad de las lluvias, las temperaturas y lo que ocurra en cada etapa del ciclo.
Una actividad que se consolida
La vitivinicultura entrerriana viene recuperando un espacio que supo tener peso en la historia productiva provincial. Hoy hay emprendimientos distribuidos en varias localidades, con bodegas y viñedos que buscan consolidar una producción con identidad propia.
Finca Los Bayos es parte de ese proceso. Ubicada sobre la Ruta Provincial 20, en Urdinarrain, empezó a implantar sus primeras vides en 2017 con Merlot y Chardonnay. En 2021 sumó Marselan y Pinot Noir. El viñedo ocupa casi dos hectáreas y tiene una bodega artesanal registrada ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
La producción se complementa con un monte de nuez pecán y una propuesta de enoturismo con visitas guiadas y degustaciones. Producción, elaboración y turismo rural, todo en el mismo establecimiento.
En el caso del pecán, el comportamiento frente a las lluvias es otro. También hay que controlar los hongos cuando sube la humedad, porque pueden afectar hojas y frutos, pero el agua no le juega en contra. “Como es una planta que necesita mucha agua, en el caso de lluvias por ahí las favorece su desarrollo. Hay que regar menos”, contó Reihme.
Así, un mismo escenario climático produce efectos opuestos puertas adentro del campo: mientras el exceso de humedad complica a la vid y puede arruinar la maduración y la cosecha, para el pecán una mayor disponibilidad de agua puede ser favorable, aunque sin descuidar los controles sanitarios.