El Colegio de Ingenieros de Jujuy tiene un problema que nadie quiere nombrar: los que se van
Un ingeniero de 27 años puede firmar el cálculo estructural de un edificio y responder ante la ley. Pero adentro de su Colegio no puede conducir nada hasta cumplir años de matrícula. La paradoja que empuja a toda una generación a mirar para otro lado.
Un ingeniero joven en Jujuy puede firmar el cálculo estructural de un edificio, asumir responsabilidad civil y responder ante la ley como cualquier colega. Pero adentro de su propio Colegio profesional no puede conducir nada hasta cumplir una antigüedad determinada en la matrícula. La paradoja no es menor: la institución que debería contenerlo lo deja mirando desde afuera justo cuando más la necesita.
La pregunta que incomoda
La normativa del Colegio de Ingenieros de Jujuy, como la de la mayoría de los colegios profesionales, exige cierta cantidad de años de matriculado para postularse a cargos directivos. Y una antigüedad mayor todavía para integrar el tribunal que evalúa la conducta de los colegas.
En su origen, la exigencia tiene lógica: quien conduce una institución o juzga a un par debería tener trayectoria y conocimiento del oficio. El problema es el efecto colateral que casi nunca se discute en voz alta: los más jóvenes quedan afuera, por definición, de cualquier lugar de decisión.
Veintiséis años, responsabilidad legal y rol de espectador
Un profesional de 27 años puede estar a cargo de una instalación eléctrica de media tensión o de un proceso industrial completo. La ley lo respalda y lo obliga igual que a cualquier otro. Pero adentro del Colegio, ese mismo ingeniero suele quedar limitado a un lugar pasivo hasta acumular los años de matrícula que la norma pide.
No se trata de saltear la experiencia: se trata de preguntarse si el único camino para participar es esperar años sin hacer nada, o si hay formas concretas de involucramiento que no dependan exclusivamente de la antigüedad.
El momento en que más se necesita al Colegio
La espera no le cuesta solo al profesional. Le cuesta a la institución y le cuesta a la sociedad. Los primeros años de ejercicio son, probablemente, el período en que un ingeniero más necesita del Colegio: cuando busca su primer trabajo, cuando negocia sus primeros honorarios sin referencias, cuando enfrenta dudas técnicas sin una red de colegas de confianza.
Si en ese momento la institución no le ofrece nada concreto, es también cuando más fácil se aleja. Y después recuperar ese interés se vuelve cuesta arriba.
Esto le importa a cualquier jujeño, no solo a los ingenieros. Los puentes, las redes eléctricas, las plantas industriales y los edificios que la provincia va a tener en veinte años los van a firmar y dirigir los profesionales que hoy tienen entre 25 y 35. Si esa generación no encuentra en Jujuy un ámbito donde crecer, la salida más habitual es desarrollar la carrera en otra provincia. Y la provincia pierde, en el camino, a los que iban a sostener su infraestructura.
Lo que ya funciona y casi nadie conoce
No se parte de cero. La Comisión de Jóvenes Ingenieros del Colegio trabaja activamente en reuniones interdisciplinarias con pares de otros colegios profesionales de la provincia: abogados, ciencias económicas, arquitectos. Es un espacio de intercambio que funciona bien y que la mayoría de los matriculados desconoce.
Es, probablemente, uno de los ámbitos más dinámicos de la vida institucional del Colegio en este momento. Y el tipo de intercambio entre disciplinas jóvenes que, a mediano plazo, suele traducirse en proyectos que exceden lo profesional y terminan beneficiando a la comunidad.
La pregunta de fondo no es si hay diálogo entre la conducción y los jóvenes en un momento dado. Es si ese vínculo está garantizado de manera permanente y no depende de la coyuntura de cada gestión.
Un canal escrito en el reglamento, no en la buena voluntad
La antigüedad para ciertos cargos electivos puede mantenerse sin que eso signifique que el ingeniero joven no tenga un lugar real mientras tanto. Que la comunicación entre la Comisión de Jóvenes y la Junta Directiva quede establecida en el reglamento del Colegio, con instancias regulares, es un primer paso para que ese vínculo no dependa de qué tan atenta esté cada conducción.
A eso puede sumarse un programa de mentoría con ingenieros de trayectoria, que ofrezca un canal organizado para las dudas técnicas y de carrera. También una bolsa de trabajo y pasantías con foco en el primer empleo, el momento donde más cuesta conseguir una oportunidad. Y una oferta de capacitación accesible y aplicada, pensada para resolver problemas concretos del trabajo diario, a un costo que un profesional que recién empieza pueda afrontar.
Una institución que se piense a largo plazo
Ningún colegio profesional se sostiene solo con la matrícula de quienes ya llevan décadas ejerciendo. Se sostiene con la renovación constante de profesionales que encuentran algo útil desde el primer día, no solo cuando acumularon antigüedad suficiente para que su opinión empiece a contar.
Pensar espacios reales de participación para los ingenieros jóvenes no es una concesión generacional. Es la forma en que cualquier institución se asegura de tener, en las próximas décadas, gente dispuesta a sostenerla.