El combustible en Tucumán ya es un lujo: el litro supera los $2000 y supera a Buenos Aires
¿Cuánto más tendrán que pagar los tucumanos para moverse? Los precios del combustible no solo rompieron la barrera de los $2000, sino que superan a Buenos Aires. Te contamos todos los detalles de la escalada que golpea tu bolsillo.
Llenar el tanque en la provincia se transformó en un golpe directo al bolsillo, con precios que escalaron por encima de la barrera de los dos mil pesos y superan a los de la Capital Federal. La crisis internacional, con la tensión en Medio Oriente y el alza del petróleo, impacta de lleno en los surtidores locales, profundizando una brecha de costos que los tucumanos sienten en su vida diaria.
Una imagen captada en una estación de servicio YPF de la capital tucumana confirma la dura realidad. Los nuevos carteles exhiben valores que marcan un hito: la nafta súper se vende a $2018 el litro, la premium a $2161 y el Infinia Diesel alcanza los $2333. Esta escalada no da tregua y consolida una tendencia alcista que parece no tener freno.
El origen del incremento no es local, sino que hunde sus raíces en el contexto global. En las últimas semanas, el barril de crudo volvió a superar niveles críticos en los mercados internacionales. Este repunte, impulsado por la tensión geopolítica, impactó directamente en la estructura de costos de las refinerías, quienes trasladaron el aumento a los precios finales.
¿Por qué en Tucumán es más caro?
Más allá del aumento general, un dato preocupa especialmente a los consumidores locales: los precios en la provincia no solo suben, sino que se ubican por encima de los vigentes en los principales centros urbanos del país. Mientras en Buenos Aires los valores se mantienen más bajos, en el interior -y particularmente en el NOA- se paga un sobrecosto significativo.
Esta diferencia no es nueva, pero se ha profundizado notablemente en el último mes. Factores como los costos logísticos, una menor competencia en el mercado regional y la política de alinear los precios internos con los valores internacionales han creado un escenario desfavorable. El resultado es que repostar combustible en Tucumán resulta considerablemente más oneroso que hacerlo en la Capital Federal.
A nivel nacional, la tendencia coloca a la Argentina entre los países con la nafta más cara de la región, sólo superada por Uruguay y Perú. El precio del litro ronda actualmente los USD 1,34, una cifra muy por encima de la que registran países vecinos como Chile, Brasil o Paraguay.
Un impacto que va más allá del surtidor
Este fenómeno responde a una decisión de política económica estructural: avanzar hacia un esquema de “paridad internacional”, donde los precios domésticos reflejen fielmente las fluctuaciones del mercado global. El problema es que este traslado de costos ocurre en una economía que aún arrastra una fuerte erosión del poder adquisitivo.
Por ello, cada ajuste en los combustibles tiene un efecto cascada. No afecta únicamente a los dueños de vehículos particulares, sino que termina impactando en toda la cadena de precios. El transporte de mercancías, el costo de los alimentos, los servicios y la logística general se encarecen, alimentando la espiral inflacionaria.
En Tucumán, donde el uso del automóvil y la motocicleta es fundamental para el desarrollo de la vida cotidiana, el impacto es aún más severo. Trabajadores, comerciantes y familias enteras sienten el ajuste en tiempo real, con un costo creciente e ineludible para movilizarse dentro de la provincia.
El panorama, lejos de estabilizarse, se presenta complejo para el corto plazo. La volatilidad en los mercados internacionales continúa, el conflicto en Medio Oriente permanece abierto y las empresas petroleras ya han advertido sobre la posibilidad de aplicar nuevos ajustes si la tendencia alcista del crudo se mantiene.
Así, el precio en las estaciones de servicio se consolida como un termómetro económico implacable. Cada cambio en los carteles luminosos no solo marca una nueva cifra, sino también un nuevo golpe a la economía familiar de los tucumanos, para quienes el combustible ha dejado de ser un gasto cotidiano para convertirse en un artículo de lujo.