El comercio tucumano se asfixia: trabajar ya no alcanza para sostener el negocio
¿Hasta cuándo puede aguantar un comerciante que abre todos los días sabiendo que no le alcanza ni para cubrir costos? La advertencia de la Cámara de Comercio de San Miguel de Tucumán deja una pregunta incómoda.
Gabriela Coronel, presidenta de la Cámara de Comercio de San Miguel de Tucumán, advirtió que el sector atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos tiempos y que la situación ya no puede sostenerse en silencio. "Trabajar ya no garantiza poder sostener un negocio", resumió.
La realidad se percibe en cada mostrador, en cada persiana que se levanta y en cada comerciante que hace cuentas para llegar a fin de mes. Este año, el sector comercial tucumano atravesó uno de los momentos más críticos de su historia reciente.
Los factores que estrechan el margen
El bajo poder adquisitivo de los clientes, el avance de productos importados y el contrabando se combinan con alquileres y servicios que en muchos casos superan la capacidad de facturación. A eso se suman la caída de las ventas y una presión impositiva que no da tregua.
La conjunción de esos elementos puso fin a un equilibrio que durante años permitió sostener no solo negocios, sino proyectos de vida completos.
Una vida construida con trabajo
Los comerciantes son personas que, con esfuerzo y años de dedicación, construyeron una fuente de ingresos que les permitió comprar una casa, tener un auto, formar una familia y proyectar el futuro de sus hijos. Emprendieron con la convicción de que la responsabilidad y la buena administración garantizarían una mejor calidad de vida.
Durante mucho tiempo existió un equilibrio: meses buenos y meses difíciles, pero con un margen de rentabilidad que permitía reinvertir, crecer y disfrutar los frutos del trabajo.
Cuando el equilibrio se quiebra
Hoy ese equilibrio se rompió. Las nuevas generaciones enfrentan una presión constante: ¿cómo salir del túnel cuando el presente consume todos los recursos y el esfuerzo parece no alcanzar? En muchos casos, ni siquiera logran vislumbrar una luz al final del camino.
La responsabilidad que implica generar empleo
Un comerciante no solo debe cuidar su economía; también carga con la responsabilidad de sostener una estructura de trabajo de la que dependen otras personas y sus familias. Quienes conocen el valor de generar empleo saben que despedir a un colaborador no es una decisión que se tome a la ligera. No se trata de un cálculo económico frío: se trata de personas que acompañan, que conocen el negocio y que forman parte de una historia compartida.
La presión cotidiana
Sin embargo, llega un momento en el que la falta de ventas obliga a tomar decisiones impensadas. Mientras tanto, los acreedores reclaman, los proveedores esperan pagos, el alquiler vence y las facturas de servicios, impuestos y sueldos se acumulan. El comerciante sigue buscando formas de sostenerlo todo porque detrás de cada empresa hay una familia que también debe comer y afrontar obligaciones.
¿Quién cuida al que cuida?
La pregunta asoma con fuerza: ¿quién cuida al comerciante cuando ya no puede más? ¿Quién ve a esa persona que se levanta todos los días para abrir su negocio aun sabiendo que posiblemente no venda lo suficiente para cubrir costos? ¿Quién escucha al que lleva meses haciendo malabares financieros para evitar cerrar las puertas?
La fatiga y la resistencia
El comerciante también se cansa. También tiene miedo. También siente angustia. Y, sin embargo, al día siguiente vuelve a intentarlo. Ese intento cotidiano es una forma de resistencia que mezcla orgullo, obligación y esperanza.
El desafío es colectivo: la sostenibilidad de los comercios afecta no solo a sus titulares sino al tejido social y laboral que los rodea. La crisis actual expone la vulnerabilidad de quienes sostienen la vida comercial de barrios y ciudades. No se trata solo de números; se trata de vidas, historias y responsabilidades que claman por respuestas que permitan transitar el túnel con menos soledad y mayor previsibilidad.