El Concejo aprobó la Marcha del Orgullo, pero un concejal dejó una frase que cayó mal
El Concejo de Concordia aprobó la Marcha del Orgullo por 7 a 5, pero un concejal que no había participado del debate pidió la palabra después para decir que discutir estos temas le parecía "estéril". La frase cayó en medio de un reclamo que sigue abierto.
El Concejo Deliberante de Concordia declaró de interés cultural, social y comunitario la sexta Marcha del Orgullo de la ciudad, que se realizará el 14 de noviembre. La aprobación llegó con 7 votos a favor y 5 en contra, tras un trámite que estuvo al borde del empate y que se resolvió recién después de un cuarto intermedio.
El proyecto lo presentó la concejal justicialista Carolina Amiano. En la primera votación quedó 6 a 6: a favor se alinearon los cuatro integrantes del bloque peronista —Amiano, Claudia Villalba, Pablo Bovino y Jorge Mendieta— y las oficialistas Celeste Fuscado y Verónica del Boca.
Del otro lado votaron Felipe Sastre, Mauricio Rey, Claudio Godoy y Silvina Verónica Ovelar, de Juntos por Entre Ríos, junto a Javier Aguilar y Yáiza Pessolani Bechet, de La Libertad Avanza.
El cuarto intermedio que destrabó la votación
Con el empate, la definición quedaba en manos de la presidenta del Concejo, Magdalena Reta de Urquiza, que debía usar su voto de desempate. Antes de llegar a ese punto, desde el propio oficialismo se pidió un cuarto intermedio.
Al retomar la sesión, Ovelar tomó la palabra y anunció que cambiaba su posición para acompañar la declaración. Así el proyecto sumó 7 votos afirmativos y 5 negativos, y Reta de Urquiza no tuvo que pronunciarse públicamente sobre la iniciativa.
El dato no es menor si se miran sus antecedentes: en su etapa anterior como concejal del PRO dejó registrados posicionamientos en debates sobre derechos sexuales y políticas de género.
La frase de Sastre que generó ruido
La intervención más comentada, sin embargo, fue la de Felipe Sastre. El concejal no había acompañado la declaración ni había intervenido durante su tratamiento, pero pidió la palabra minutos después, cuando ya se discutía otro proyecto.
«Yo no participé del debate anterior porque me parecía algo estéril tener que hablar de cuestiones cuando estamos en el siglo XXI y deberían ser tratadas de otra forma, mucho más responsables y progresistas», expresó.
Sastre planteó que reconocer derechos a las minorías y garantizar la igualdad ante la ley debía traducirse en normas, y no en la proclamación de consignas que calificó como «hiper ideologizadas». También cuestionó lo que consideró una apropiación partidaria de determinadas banderas.
Del ataque en Palermo al recinto de Concordia
El jueves 5 de noviembre, durante la misma sesión, Celeste Fuscado llevó el debate a un plano concreto. La concejala pidió la palabra para referirse a la violencia contra mujeres trans y sostuvo que todavía queda mucho por hacer.
El caso que motivó su intervención ocurrió en los Bosques de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires: seis mujeres trans resultaron heridas y una de ellas sufrió la mutilación de parte de una oreja. Un grupo de jóvenes ciclistas las persiguió y las golpeó con palos, piedras, conos de tránsito y otros elementos contundentes. Algunos de los involucrados difundieron las imágenes en redes sociales con insultos y burlas.
La gravedad no se limita a las lesiones físicas: también está en la decisión de registrar el ataque, exhibirlo y convertirlo en motivo de burla por la identidad de género de las víctimas.
Dos posturas sobre el mismo respaldo
Una declaración de interés no cambia por sí sola la realidad ni garantiza que no vuelvan a producirse agresiones. Pero implica un reconocimiento institucional para una comunidad que reclama igualdad, respeto y derechos.
En el Concejo de Concordia el debate dejó dos posturas marcadas: para Sastre se trató de una discusión «estéril»; para Fuscado, de una tarea pendiente. La marcha ya tiene el aval del cuerpo legislativo y se prepara para el 14 de noviembre, con la discusión abierta entre quienes creen que la palabra institucional alcanza y quienes sostienen que falta mucho por hacer.