El conmovedor relato de Nicolás Garayalde sobre la muerte de su padre: una historia de amor, ficción y duelo
¿Qué pasa cuando la ficción se convierte en la única forma de soportar la pérdida? Nicolás Garayalde reconstruye en su libro los últimos días de su padre y el vínculo con la tragedia de Río Tercero. Una historia que conmueve y hace pensar.
En su libro Papá murió en verano. Apuntes de un duelo, el escritor cordobés Nicolás Garayalde reconstruye los últimos días de su padre con una crudeza que estremece. Pero también reflexiona sobre cómo la ficción puede convertirse en un refugio para soportar lo insoportable.
El texto, que acaba de publicar Los Ríos Editorial, entrelaza la historia familiar con uno de los episodios más oscuros de la política argentina: la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero en 1995, ordenada por el gobierno de Carlos Menem para encubrir la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia.
La ficción que sana
Garayalde cuenta que su hermana Natalia dirigió entre 2015 y 2019 el documental Esquirlas, que aborda aquella tragedia y su impacto en la familia. En la película, Natalia se toma dos licencias ficcionales que, aunque no son reales, resultan necesarias para el relato.
La primera: hace que Carolina, la hermana de ambos, vuelva a Río Tercero la noche del 3 de noviembre, cuando la ciudad ya había sido evacuada, y la muestra durmiendo en una casa destruida. Una imagen de una épica desgarradora, con el polvorín a quinientos metros, el olor a hierro quemado y el silencio sepulcral.
La segunda: la frase que define el destino de Carolina: “Murió en casa, en la cama de su infancia”. Algo que nunca ocurrió, ya que ella falleció en una clínica, igual que su padre.
La muerte medicalizada
Garayalde reflexiona sobre cómo la sociedad moderna expulsó la muerte de los hogares para encerrarla en los hospitales. Cita al historiador Philippe Ariès: “Los sentidos no soportan ya los olores y los espectáculos que, todavía a principios del siglo XX, formaban parte de la cotidianidad”.
Su padre murió en la Unidad de Terapia Intensiva de la Clínica Savio, donde había trabajado quince años y donde también vería morir a su hija. Tres días antes, la familia decidió internarlo ante la imposibilidad de controlar su dolor en casa.
La última noche
Garayalde narra con escalofriante precisión sus últimas horas junto a su padre. “Le pedí perdón, como si lo estuviera traicionando”, escribe al recordar el traslado a terapia intensiva. Y describe el momento en que un brazo de su padre golpeó la camilla: “Si un quejido es una palabra, esa fue la última que le escuché decir”.
El domingo 27 lo visitó con su hermana Gabriela. Su padre estaba inconsciente, con la piel blanca y fría. “¿Podía escucharnos?”, se pregunta. Le quedaban poco más de veinticuatro horas de vida.
Las estadísticas que cita el autor son contundentes: el 70% de las muertes oncológicas ocurren en instituciones hospitalarias. Y sólo un cuarto de las personas que perdieron a un ser querido asistió a su muerte, según una investigación de 1963.
“¿Quién estaba con papá cuando murió? ¿Nos buscó con la mirada? ¿Tuvo miedo?”, se pregunta Garayalde. Preguntas que quedarán sin respuesta, pero que encuentran consuelo en la ficción: “Todas las penas pueden soportarse si contamos una historia sobre ellas”, cita a Isak Dinesen.
El libro, de 89 páginas, ya está disponible a través de Los Ríos Editorial.