El consejo de una psicóloga jujeña que muchos padres van a ignorar en plena FNE
¿Qué señales deberían encender la alarma de los padres durante la FNE? Una psicóloga jujeña enumeró los cambios de conducta y los riesgos que muchos adultos pasan por alto en medio de los festejos.
La Fiesta Nacional de los Estudiantes es, para miles de familias jujeñas, el mes más esperado del año. Pero también el más riesgoso. Así lo entiende la psicóloga Estefanía Valdéz Clinis (MP 412), que tras la internación de una adolescente de 13 años puso el foco en lo que los adultos deben mirar de cerca.
“Es importante que los adultos acompañen y estén atentos”, resume la profesional, que conoce el calendario jujeño: septiembre se convierte en un mes prácticamente festivo, con la preparación de carrozas, los canchones y las salidas nocturnas.
Más libertades, más exposición
Para Valdéz Clinis, el problema no es la fiesta en sí, sino lo que habilita. “Es como la época del año en donde hay más libertades, más tiempo libre para hacer algunas cosas, y eso favorece quizás al consumo excesivo de alcohol, de otras sustancias o a estar muchas horas fuera, por fuera de los límites”, advierte.
En ese marco, valoró el trabajo de algunos colegios que reforzaron el acompañamiento en los canchones y fijaron horarios más protegidos. “Eso es favorable”, sostuvo.
El agotamiento de los padres, un factor clave
La psicóloga reconoció que salir a buscar a los chicos después de una jornada laboral extenuante no es fácil. “A veces es cansador para un papá que está agobiado del trabajo tener que salir, volver, pero es una medida de cuidado”, plantea.
Entre las alternativas que propone aparece una idea simple pero efectiva: coordinar los traslados entre familias. “Si salen, yo los busco, hacemos pool con otros papás. Sería una recomendación básica también a tener en cuenta”.
El cuidado, agrega, también debe construirse entre los propios adolescentes. “Entre ellos mismos, entre ustedes mismos como pares, poder cuidarse, seguir algunas líneas claras como esto del conductor designado, por ejemplo: el que va a estar al volante que no consuma alcohol”.
Redes, desafíos y el riesgo de la viralización
Otro punto que abordó fue el peso de las redes sociales. “Las redes sociales vienen a confirmar esta hipótesis del mundo de la inmediatez”, señaló, y advirtió que el consumo puede transformarse en una forma de identificación, ya sea a través del alcohol, la ropa o los teléfonos.
Sobre los desafíos virales, fue contundente: “Hay muchos challenges o desafíos en las redes sociales que, cuando uno los analiza más detenidamente, tienen cierto nivel de riesgo. Solo que, en el afán de concretarlo, de cumplir las expectativas, intentamos hacerlo sin darnos cuenta de que nos exponemos”.
“Hacer uso y no abuso”
Valdéz Clinis explicó que el abordaje actual de los consumos problemáticos apunta a reducir riesgos y daños. “Nosotros somos una sociedad de consumo. El tema es hacer uso de las cosas y no abuso”, afirmó.
En ese sentido, enumeró prácticas concretas para disminuir riesgos: “Si vamos a tomar alcohol, un vaso de agua también, haber comido antes algo, estar con otros, nunca en soledad”. Aclaró que esto no implica promover el consumo, sino reconocer situaciones y trabajar para reducir sus consecuencias.
Inteligencia artificial: consejos que parecen personalizados
La profesional también se refirió al uso creciente de herramientas de inteligencia artificial para consultas personales. “El uso de la inteligencia artificial a veces pareciera que nos da la data importante, clave para hacer algunas cosas, pero a veces es medio engañosa porque no nos conoce tanto como nos conoce mi amigo, mi mamá, mi papá, mi profe o el profesor del colegio”, sostuvo.
Y remarcó: “Nos da recomendaciones que parecen personalísimas, pero no son tan personalizadas”.
Cuando el exceso es un mensaje
Desde la psicología, Valdéz Clinis explicó que una conducta excesiva puede ser una forma de expresar una necesidad hacia el entorno. “Cualquier situación de consumo excesivo, cualquier acción de más, es como una manera de dirigir un mensaje al otro”, afirmó.
Y amplió: “Somos seres vinculares, seres que estamos en el lazo con el otro. Inevitablemente dirigimos un mensaje consciente o inconsciente a ese otro para que haga algo al respecto: para que me cuide, para que me invite, para que me converse, para que me mire”.
Por eso, insistió en observar, preguntar y generar espacios de confianza. “Deberíamos dirigir un poco más la mirada y estar alerta a ciertos cambios de conducta, situaciones de consumo y demás. ¿Qué está pasando? ¿Me acerco? ¿Converso?”, planteó. Y cerró con una recomendación para familias y pares: “Hacer una red de cuidado entre todos”.