El corredor de San Juan que desafía sus límites disfrazado de superhéroe
¿Qué lleva a un hombre de 46 años a correr maratones disfrazado de superhéroe? La historia de Fabricio Riveros, que convirtió el fracaso en motivación y hoy inspira a otros.
En las últimas grandes carreras de San Juan, un corredor llamó la atención con sus disfraces de Wolverine, Filípides o Depredador. Pero detrás de esas máscaras se esconde una historia de superación personal que va mucho más allá de la competencia.
Fabricio Riveros, de 46 años, no es un atleta profesional. Es profesor de deportes de combate, estudiante de Educación Física y retomó Abogacía, una carrera que había comenzado en 1998. Sin embargo, ya completó maratones, un Ironman 70.3 y acumula cientos de horas de entrenamiento.
¿Quién es Fabricio Riveros?
Nació en San Juan y desde chico fue inquieto. Probó fútbol y básquet, pero las artes marciales lo atraparon a los 10 años. Karate, taekwondo, kung fu, full contact, kickboxing, boxeo, judo y lucha fueron parte de su formación. En todas ellas, correr era solo un complemento.
“Nunca lo practiqué como un deporte específico”, confesó. Fue recién en 2023, con más de 40 años, cuando decidió correr su primera maratón. Ya había ingresado al profesorado de Educación Física y empezó a investigar sobre resistencia por su cuenta.
El fracaso que lo impulsó
Su primera maratón fue un desastre. “Salió todo mal. Me acalambré, me alimenté mal, me hidraté mal y duré hasta el kilómetro 28”, recordó. No terminó, pero no se rindió. Al año siguiente lo logró: completó los 42,195 kilómetros.
Después vino el triatlón. Tenía miedo al agua y apenas sabía nadar 20 metros, pero igual se anotó en el Ironman 70.3. El primer intento duró solo 30 minutos: “Me traicionaron los nervios. Me acalambré en el agua y me tuvieron que sacar”.
La revancha y la mentalidad ganadora
En marzo de este año, volvió a intentarlo y lo terminó. Para Riveros, cruzar esa meta fue mucho más que una victoria deportiva. “Tenés que crear una burbuja mental y creer en vos”, aseguró.
La preparación no es solo física. Hay que cuidar la alimentación, la hidratación y el descanso, y también enfrentar los costos. “Las inscripciones son extremadamente caras. Son para gente que tiene otro ingreso económico, no para una persona como yo”, explicó.
El origen de las máscaras
La historia de los disfraces nació de una frustración. Después de abandonar su primera maratón, buscó fotos suyas entre miles de imágenes y no encontró ninguna. “Habían fotografiado a la chica que iba adelante mío y hasta a la ambulancia que iba atrás, porque yo era el último, pero a mí no”, contó entre risas.
Entonces decidió que en la próxima no lo ignorarían. Eligió a Filípides, el mensajero griego, y corrió disfrazado. Cruzó la meta y tuvo fotos. Luego vinieron Wolverine y Depredador. “La parte positiva es que me divierto. Yo corro y me divierto”, sintetizó.
Críticas y apoyo
No todos entendieron su estilo. Recibió críticas de corredores que lo acusaron de faltar el respeto a la disciplina. Pero también recibió apoyo y hasta inspiró a otros a correr su primera maratón. “Sentir que, de algún modo, fuiste parte de darle motivación a alguien para que haga una maratón está buenísimo”, afirmó.
Un futuro desafiante
Este año, Riveros sumó a su preparación al profesor Miguel Álvarez, un fondista que comprendió su filosofía. Sus objetivos para 2026 incluyen el Ironman completo y una Backyard Ultra en Mendoza en diciembre, una carrera donde se corre hasta que solo queda uno.
A los 46 años, Riveros estudia, trabaja, enseña boxeo y entrena. Ingresó al ICEF junto a su hijo, que ya se recibió, mientras él sigue cursando. También retomó Abogacía y espera terminarla pronto.
“Mucha gente cree que el deporte está hecho para los deportistas, que solamente algunas personas pueden hacerlo porque nunca tuvieron una formación. Pero hoy está todo al alcance de la mano. Solamente hay que moverse”, sostuvo.
Y aclaró que no hace falta correr una maratón: puede ser caminar, trotar, integrarse a un grupo o simplemente salir para despejar la cabeza. “La gente corre por miles de motivos”, reflexionó. Él corre para desafiarse, para encontrarse y para divertirse, aunque tenga que atravesar 42 kilómetros detrás de una máscara.