El crimen de Nicolás Sáez: la cita que lo llevó a la muerte y lo que la Fiscalía encontró en su celular

El crimen de Nicolás Sáez en Centenario tiene un imputado que era su amigo, una cita que terminó en un cañadón y una coartada que se derrumbó. Lo que la Fiscalía encontró en el celular de la víctima cambia todo el caso.

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El crimen de Nicolás Sáez: la cita que lo llevó a la muerte y lo que la Fiscalía encontró en su celular
El crimen de Nicolás Sáez: la cita que lo llevó a la muerte y lo que la Fiscalía encontró en su celular

La confirmación de que el cuerpo calcinado hallado en la meseta de Centenario era Nicolás Agustín Sáez, de 21 años, generó conmoción en Neuquén. Un amigo suyo, Cristian Campodónico, quedó imputado por el crimen: según la Fiscalía, lo citó con una excusa, lo atacó con una piedra y después volvió al lugar para prender fuego el cuerpo.

La acusación la presentaron la fiscal Lorena Juárez y el asistente letrado Maximiliano Jávega en la audiencia de formulación de cargos del domingo 13. Les atribuyeron homicidio agravado por alevosía y pidieron seis meses de prisión preventiva. El juez de garantías Raúl Aufranc dio por formulados los cargos, pero no aceptó la alevosía: la imputación quedó como homicidio simple. Y fijó una preventiva de dos meses, menor a lo solicitado.

La cita que terminó en tragedia

De acuerdo con la hipótesis fiscal, el 5 de septiembre de 2026 Campodónico contactó a Nicolás y lo invitó a una cita doble con dos chicas en una plaza de Centenario. Se valió de la amistad que los unía para llevarlo hasta un sector cercano a la calle Pucará al 730, una zona aislada y de difícil acceso del parque industrial. Desde allí se trasladaron a un cañadón debajo de una loma, en las bardas próximas al lugar conocido como “Chile loco”, un desarmadero sin cámaras, con tránsito casi exclusivo de camionetas petroleras y escasa iluminación.

“El acusado con quien mantenía una relación de amistad con el fin de invitarlo diciéndole que iban a tener una cita con dos amigas, quienes previamente lo habrían invitado, acordando el supuesto encuentro en una plaza de Centenario”, explicó la fiscal Juárez.

En ese lugar, según la acusación, lo atacó con una piedra de gran tamaño y lo golpeó al menos 12 veces. Nicolás sufrió un traumatismo craneoencefálico que le causó la muerte.

“Valiéndose de la relación de amistad que mantenían para poder actuar sobre seguro y cumplir su fin de darle muerte mediante la utilización de una piedra le provocó múltiples lesiones en la zona de la cabeza las que causaron el deceso de la víctima”, sostuvo Juárez.

La fiscal agregó que se valió de ese vínculo para llevarlo a un lugar alejado y “actuar sobreseguro”, porque la víctima confiaba en él y porque se aseguró de que no hubiera personas que pudieran ayudarlo.

Volvió para borrar rastros

Tras el ataque, el acusado permaneció en el lugar hasta constatar que Nicolás había dejado de respirar y se retiró cerca de las 18:20 del sábado 5 de septiembre. Pero entre el 6 y el 11 de septiembre regresó: prendió fuego el cuerpo y puso dos neumáticos encima para esconder el cadáver.

Un informe de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Neuquén detalló que, en las tareas de campo en la zona donde vivía la víctima, se conoció que Nicolás había tenido un problema con un grupo de jóvenes presuntamente dedicados al comercio de sustancias ilícitas. En un episodio previo, la víctima le había arrojado un vaso de cerveza en la cabeza a uno de ellos.

La hipótesis de un conflicto por drogas surgió del testimonio de un vecino, que dijo que Nicolás solía ir al Loteo 34 a comprar marihuana. Otro vecino la fortaleció: la propia víctima le había confirmado el problema con el grupo.

“La última vez que lo vi fue antes de irme a laburar. Me contó que había tenido un problema con unos pibes, porque le había roto un vaso en la cabeza a un pibe. Yo lo vi por última vez el 16 de agosto. Él andaba donde los mendocinos, unos que venden falopa. Él tuvo un problema con ellos en agosto, se que desde el problema no fue más para allá”, declaró el vecino.

Después de ese altercado, Nicolás empezó a recibir mensajes de amenazas que se leyeron en la audiencia. “Tontito, discapacitado, te voy a romper las patas”, decía uno de ellos.

La coartada que se derrumbó

En un primer momento, Campodónico declaró que unos hombres a bordo de una camioneta los habían buscado y que actuó bajo amenaza de muerte de dos integrantes de la banda de “Los Menducos”, quienes le habrían apuntado con un arma y le habrían ordenado golpear a su amigo en la cabeza con una piedra.

La Fiscalía revisó las cámaras del lugar y acreditó que la camioneta no existía, que tampoco estaban esas personas y que en el lugar del hecho solo estaba el imputado. “Igualmente sin esta declaración hubiésemos llegado hasta el imputado y en el día de la fecha contamos con evidencia que nos permite sospechar de manera fundada que el imputado participó del hecho”, agregó Juárez.

Otro testimonio que lo complica es el de un trabajador de una empresa petrolera ubicada a metros de donde apareció el cuerpo. El hombre contó que el sábado 5 por la tarde pasó por la zona del desarmadero, en el área llamada “la chatarra”, donde hay montículos de tierra que impiden el paso de vehículos, y vio a un joven caminando.

“El sábado a la tarde, cuando fui a cerrar el portón, vi a una persona que caminaba con una bolsita. Era tarde, venía de abajo (de la zona donde fue hallado el cuerpo). Era un pibe de 20 años de edad más o menos, tenía una gorra y una campera tipo azul marino. Más tarde vi una camioneta blanca Nissan, se bajó una persona a mirar y se fue”, relató el trabajador.

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