El cura haitiano que llegó a La Banda para trabajar de ingeniero y terminó siendo leyenda
Llegó al país para trabajar como ingeniero, pero en Santiago del Estero encontró otra vocación. Lo que dejó el padre Pierre en La Banda sigue creciendo, y un mensaje que escribió un mes antes de morir todavía conmueve a la comunidad.
Se llamaba Pedro Fils Pierre, había nacido en Haití y llegó a Santiago del Estero para ejercer como ingeniero civil. Pero el destino le tenía preparada una misión muy distinta: convertirse en uno de los sacerdotes más queridos de La Banda, donde su recuerdo sigue más vivo que nunca.
La huella que dejó el padre Pierre no se mide solo en las obras que impulsó, sino en la relación que construyó con la gente. Estaba cerca de quienes más lo necesitaban, llegaba a los rincones más inhóspitos y mantuvo una fe inquebrantable hasta el último minuto de su vida terrenal.
De Haití a Santiago del Estero
Nació en Gonaïves, Haití, el 11 de febrero de 1937. Se graduó como ingeniero civil en la Universidad Estatal de Puerto Príncipe y, antes de llegar a la Argentina, se perfeccionó en París y sirvió como profesor de Matemática, Física, Topografía y Cómputos en escuelas de Bahamaco, en la República de Mali.
En África contrajo hepatitis junto a un compañero, que falleció. Él logró sobrevivir, aunque los médicos le advirtieron que la enfermedad podía degenerar en cáncer con los años. El tiempo les daría la razón.
En 1965 llegó a la Argentina y realizó estudios de posgrado en Hidráulica Sanitaria en la Facultad de Ingeniería de la UBA. Al año siguiente se trasladó a Santiago del Estero, donde fue designado jefe del Departamento de Estudios y Proyectos del Servicio Provincial de Agua Potable en la Corporación del Río Dulce.
La vocación que lo cambió todo
Tras radicarse en la provincia, decidió consagrarse al sacerdocio. Fue ordenado el 25 de enero de 1974 por monseñor Manuel Tato. Prestó sus primeros servicios en la Catedral Basílica y en 1979 fue designado párroco de Cristo Rey, en La Banda. Entre 1984 y 1985 fue rector de la UCSE, en 1986 estuvo a cargo de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes y en 1987 volvió a Cristo Rey, esta vez de manera definitiva.
En sus doce años en esa parroquia dotó a La Banda de un templo y un jardín de infantes para los niños del barrio, inaugurado en 1990. También creó una escuela primaria, transformando el salón parroquial en dos aulas, y en 1994 fundó el Bachillerato Humanístico, su gran sueño. La muerte no le permitió verlo crecer, pero la institución hoy lleva su nombre.
El recuerdo de quienes lo conocieron
Gustavo Navarrete, miembro del grupo de Servidores "Padre Pierre", lo recuerda con nitidez. "Me acuerdo de que yo era niño, habré tenido entre 9 y 10 años, y un grupo de jóvenes que comenzó a recorrer los barrios llegó a mi casa y nos invitaron a acercarnos a la iglesia. De a poco, varias familias fuimos a conocerlo. Era llamativo y raro, porque además de su porte, estatura, tenía una manera de hablar fuera de lo común", cuenta.
Su dificultad para hablar claramente el español causaba asombro entre los chicos. "Imaginate, éramos muchos niños y adolescentes, y no entendíamos porque hablaba raro. Fue el primero en acercarse a los barrios, a formar los grupos de jóvenes que acercaban a las familias a la iglesia", relata.
Héctor Ruiz, expresidente de la Junta Parroquial, también lo tuvo cerca. "Era un buen hombre, una buena persona. Tenía una convicción que yo pocas veces vi, y no sabía cómo hacer para llegar al interior de cada persona, que él creía necesitaban la palabra de Dios y la fe", dice.
Una despedida conmovedora
A principios de octubre de 1995, el padre Pierre dejó un mensaje que fue leído a toda la comunidad: "Perdón a los que he ofendido, y los declaro sin culpa a los que me han ofendido. Agradezco y bendigo a todas las personas que han trabajado conmigo. Agradezco infinitamente a la Argentina y de una manera especial a Santiago del Estero, mi segundo pago. Me despido de todos bendiciéndolos".
Falleció el 7 de noviembre de 1995 y sus restos descansan en el templo de Cristo Rey de La Banda. Su figura sigue siendo más fuerte que nunca, no solo para la ciudad que lo adoptó, sino para toda la provincia.