El cura que atiende un comedor en Merlo contó cuánta plata recibe por día y lo que sale el pan: "Es imposible"
Mientras el Gobierno niega la crisis alimentaria, un cura de Merlo muestra los números que no cierran: 763 pesos por día para dar de comer contra un kilo de pan que sale casi 3.000. La postal de un barrio que resiste.
El sacerdote Francisco Olveira, conocido como el Padre Paco, reveló las cuentas que no cierran en el barrio Libertad: mientras el Estado gira 763 pesos por persona para alimentar a los chicos, el kilo de pan cuesta casi 3.000. La situación, dice, es "catastrófica".
En una esquina del barrio Libertad, en Merlo, conviven un comedor, una capilla y un centro de rehabilitación de adicciones. Allí, entre una jornada de salud para los vecinos, el Padre Paco atiende a los chicos que lo rodean y rescata un gato raquítico de un auto destrozado. Es la postal cotidiana de una comunidad que pelea contra la pobreza con recursos mínimos.
Nacido en Málaga y parte del grupo Curas en Opción por los Pobres, Olveira es una de las voces más combativas de la Iglesia argentina. En diálogo con El Destape, no dudó al describir el presente: "La situación es catastrófica, no tengo otra palabra".
La plata que no alcanza
El reclamo del sacerdote tiene números precisos. Según detalló, los comedores reciben 763 pesos por día por persona para dar de comer, una cifra que se estrella contra los precios del barrio: "El kilo de pan está casi tres mil pesos, una latita de tomate está mil mangos". Con ese presupuesto, alimentar a todos es una misión imposible. "Si querés dar fideos nomás, sí, pero eso no es alimentar a la gente", subraya.
Para graficar la crisis, Paco recurre a su celular y lee el mensaje que le mandó una vecina la semana anterior: "Padre, ¿usted me podría comprar dos kilos de pan y un kilo de azúcar para que mis hijos puedan comer?, porque llevamos días sin comer". La comida de esos pibes iba a ser un mate cocido con pan.
Por eso, el cura anunció una movilización frente al Ministerio de Capital Humano, aunque se niega a llamarlo así: "Yo le sigo llamando Desarrollo Humano. Llamar a los hombres, a las mujeres 'capital', a mí la verdad no me sale".
La salud y las deudas que ahogan
La falta de Estado también se siente en la salud. "Antes vos te enfermabas, ibas al centro de salud y con el plan Remediar tenías el remedio para curar a tu hijo. Hoy de 126 remedios quedan seis", detalla Olveira. Y suma el peso de las deudas: vecinos que perdieron su casa, que debieron irse del barrio o que vieron cómo "el fondo del terreno el transa se lo sacó y ahí construye para alquilar". El sacerdote también relató casos recientes de suicidio en el barrio, que atribuyó a la desesperación económica.
El derrumbe alimentario es negado sistemáticamente por el Gobierno. Mientras el INDEC ubicó la pobreza en el 32,3% durante el primer semestre de 2026, un cálculo de la consultora Equilibra estima que alcanza casi el 45%, es decir, 12,7 puntos porcentuales más. Según esa medición, casi uno de cada dos argentinos sería pobre y el nivel ya superaría al registrado al inicio del gobierno de Javier Milei.
Los pibes sin futuro y el avance del narco
"Muchos de nuestros pibes no ven ningún tipo de futuro. No ven que la escuela les dé un futuro, no ven que puedan tener un día un trabajo", advierte el Padre Paco. La comparación que plantea es casi matemática: un "soldadito" del narco puede ganar 150.000 pesos por día, mientras que un albañil que viaja dos horas lleva "70.000 pesos a la casa si tiene la changa, porque si no la tiene, no trae nada".
Ese circuito está directamente vinculado al endeudamiento de las familias. Primero llegan las fintech, "que te hinchan, pero no te rompen una pierna"; después, los prestamistas del barrio. "Cuando la persona se endeuda con el usurero, ese dinero viene del narco. O es el transa o es una persona que trabaja para ese transa", explica. Y concluye: "Cuando vos tenés trabajo y un sueldo digno, se organiza de otra manera tu casa, tu barrio. Cuando no hay nada de eso, avanza el que tiene el poder".
Francisco, León y la disputa con los evangélicos
Olveira considera que Jorge Bergoglio "hizo un cambio muy grande", que a su juicio "lo tomaron más afuera de la Iglesia que dentro de la propia Iglesia". Una de sus huellas es un episcopado "mucho más pueblo, más compañero" y, por eso, "mucho más sensible a las cuestiones sociales". Como ejemplo menciona a Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina: "Se sabe poco, pero él era de nuestro grupo". También nombra a Gustavo Carrara, "un cura villero que hoy está en La Plata como arzobispo".
Sobre el avance de las iglesias evangélicas en los barrios, el sacerdote aclara su postura: "A mí me da igual si la otra persona es evangélica, musulmana, judía o atea, mientras caminemos hacia un mismo lugar" y se trabaje "por la justicia social". El problema aparece con iglesias "muy conservadoras" que, según su mirada, "tienen muchas características de sectas" y dividen entre los fieles y los "mundanos". "Con vos no me puedo juntar. Es difícil laburar juntos", resume.
En el asentamiento donde vive, cuenta, funciona una iglesia llamada Campo de Batalla. "Con ese nombre nomás, vos vas diciendo: 'A ver, ¿con quién estás peleando?'", ironiza. Olveira enmarca el fenómeno en el llamado Informe Rockefeller, que según su lectura instó desde fines de los años 60 a promover nuevas iglesias en América Latina para contrarrestar a las iglesias históricas "unidas a las luchas de liberación". Reconoce que muchas de esas congregaciones hacen trabajo asistencial, pero insiste: "Eso no basta. Al trabajo asistencial le tenés que poner también un pensamiento".
Contra la teología de la prosperidad
Para Olveira, el cristianismo "tiene que decir una palabra en un continente que se supone cristiano". Y explica: "Si Jesús dijo 'yo vengo a anunciar buenas noticias a los pobres', la única buena noticia que entiendo para un pobre es dejar de serlo. Y si América Latina está llena de pobres, entonces el mensaje cristiano no pegó".
Su crítica apunta a la teología de la prosperidad, la idea de que "a mí me va a ir bien porque soy de Dios", que asocia con el individualismo. Frente a eso, propone "la teología del servicio" y una fe "comunitaria". Lo resume en una frase: "Dios no es meritocrático, no mira desde tus méritos, mira desde tu necesidad. No prefiere a los empobrecidos porque sean más buenos, sino porque tienen pisoteada su dignidad".
Qué espera de la visita de León XIV
A horas de la llegada del Papa al país, Olveira asegura que su presencia "sí es importante" para "la inmensa mayoría de la gente de nuestros barrios, sea católica o no". Y anticipa el eje del mensaje: "No va a poder hablar de otra cosa que de la justicia social".
Lo fundamenta en el nombre elegido por Robert Prevost, continuador de León XIII, iniciador de la doctrina social de la Iglesia, y en uno de sus pilares: "Antes que la propiedad privada está el destino universal de los bienes, ahora que nos hablan tanto de la inviolabilidad de la propiedad privada".
Para el cura, la visita será "como un aliento en un momento en que se está muy mal". Aunque no se ilusiona de más: "Si eso después nos va a ayudar a que nos juntemos más y a seguir transformando las cosas, no lo sé, pero ojalá que sea así".
Para él, Francisco "tiene un digno sucesor". Aunque marca distancia con la estructura vaticana: "No debería existir un papa que sea un jefe de Estado". Y deja claro que su compromiso no depende de Roma: "Hoy con León seguimos, pero si viene otro que después no lo diga, nosotros lo vamos a seguir diciendo".
Sobre el futuro y las urgencias de sus hermanos, como él los define, Olveira recurre a la teología de la liberación: "Seguir bajando a los pobres de la cruz, seguir estando al lado de los nuevos crucificados de la historia".
Pero enseguida baja la respuesta a lo cotidiano. "Lo que quiere nuestro pueblo es poder hacer de vez en cuando un asadito con su familia un domingo, que su hijo pueda ir a una escuela donde no haya paros porque se le paga bien a los maestros, que sus hijos coman dignamente en su propia casa y no tengan que venir a un comedor".
"Los ricos eligen entre si me voy de viaje a Miami o a París. Acá son cosas más sencillas: tierra, techo, trabajo", subraya. Y deja un mensaje para quien aspire a gobernar: "Busquemos de vuelta que nuestro pueblo sencillamente pueda ser feliz con las cosas sencillas de cada día, tan indispensables, pero que hoy no las tenemos".