El cura que era abogado, políglota y eligió los barrios más pobres de Salta

¿Qué hacía un abogado con posgrados en Roma y Salamanca viviendo en los barrios más pobres de Salta? La historia del Padre Martearena, el cura que rompió todos los moldes y terminó asesinado en 2001.

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El cura que era abogado, políglota y eligió los barrios más pobres de Salta
El cura que era abogado, políglota y eligió los barrios más pobres de Salta

El Padre Ernesto Martearena no fue un sacerdote más. Detrás de la sotana se escondía un abogado recibido, con estudios de posgrado en el exterior y dominio de varios idiomas, que decidió dejar atrás cualquier destino elitista para instalarse en los barrios más postergados de Salta. Su vida terminó de forma violenta: fue asesinado el 8 de octubre de 2001. A 25 años de aquel crimen, su huella sigue marcando el suelo salteño.

Una formación poco común para un cura de barrio

Nacido en Ledesma, Jujuy, el 2 de julio de 1944, Martearena rompió con el molde del sacerdote rural encerrado en su parroquia. Su currículum académico era de nivel internacional: se licenció en Filosofía en el Seminario Mayor San José de La Plata, en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (España) y se graduó como abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

A eso le sumó títulos en Derecho Canónico obtenidos en Roma, en las universidades Santo Tomás y Lateranense, y una licenciatura en Ciencias de la Comunicación en Salta. Ese recorrido lo convirtió en una de las mentes más lúcidas del clero local, con una mirada jurídica, social y política aguda sobre los problemas estructurales del país.

Pese a su formación, mantenía un perfil bajo frente a la prensa. Prefería que la atención pública se centrara en las necesidades de sus asistidos y no en su persona.

La opción por los barrios olvidados

Su bagaje intelectual no quedó guardado en bibliotecas ni en despachos eclesiásticos. Martearena eligió volcarlo a la acción directa en las barriadas más golpeadas por la pobreza y la falta de oportunidades. Su trabajo pastoral en zonas como Villa Asunción no se limitaba a lo litúrgico: caminaba codo a codo con los vecinos, escuchaba sus demandas y organizaba a la comunidad para enfrentar la desprotección estatal y el abandono.

Entendía que la fe sin justicia social era incompleta. Esa convicción lo llevó a fundar PROSOCO (Promoción Social y Comunitaria), un espacio desde el cual impulsó proyectos educativos, asistenciales y de capacitación laboral para que jóvenes y familias marginadas pudieran construir un futuro por sus propios medios.

Su impronta transformó a la parroquia en un motor activo de dignidad y desarrollo comunitario, cuyos frutos todavía se recuerdan en cada rincón de Salta.

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