El curso que prepara a tucumanos para un momento clave: acompañar la última etapa de la vida
Un centenar de voluntarios se prepara en Tucumán para acompañar el final de la vida. ¿Qué herramientas reciben y cómo es el abordaje que proponen?
Un grupo de voluntarios se capacita en Tucumán para ofrecer una presencia cálida y profesional a quienes transitan sus últimos días. La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Salud Pública, ya lleva cuatro de cinco encuentros previstos.
En el Centro de Salud, y bajo la coordinación del doctor Luis Medina Ruiz, se desarrolla una formación destinada a la Pastoral de la Salud. El objetivo: dotar a los participantes de herramientas para acompañar de manera integral a pacientes en fase terminal y a sus familias.
La convocatoria, abierta a toda la comunidad, superó el ámbito parroquial habitual. Estela Paz, coordinadora de la Pastoral de la Salud y de Dios de Sana, explicó que “generalmente la abrimos hacia nuestras parroquias, a personas que tienen nuestra fe. Pero ahora, en una propuesta más amplia, se abrió a todos los tucumanos que deseen capacitarse en el final de la vida”.
¿Qué se aborda en los encuentros?
Durante las jornadas, especialistas de distintas áreas trabajan contenidos como la comunicación con el paciente y su entorno, la escucha activa, el duelo anticipado, la alimentación al final de la vida, la sedación paliativa y las diferencias entre lo espiritual y lo religioso. También se ofrecen recursos para acompañar situaciones de especial vulnerabilidad con respeto y centrados en la persona.
“Un voluntario que se va a dedicar al acompañamiento en esta situación de sufrimiento necesita conocer todos estos temas y elementos”, sostuvo Paz, quien remarcó que la capacitación es exigente y está a cargo de profesionales expertos en cada área.
El rol del voluntario: presencia y escucha
Actualmente, la Pastoral de la Salud cuenta con alrededor de un centenar de voluntarios distribuidos en los hospitales de la provincia. Su tarea se enfoca en la presencia, la escucha y el acompañamiento de quienes sufren, respetando siempre las decisiones de cada persona.
Paz destacó que el acompañamiento al final de la vida es una de las especializaciones centrales del grupo. “Nuestra meta específica es acompañar este tránsito, esta última etapa de la persona, una de las más importantes que vive un ser humano, para que pueda hablar, reconciliarse, entender el proceso y no morir enojado”, expresó.
Un servicio optativo y no impuesto
La coordinadora aclaró que el acompañamiento nunca se impone. “Siempre es optativo. Nuestro modelo de abordaje no es religioso, sino que parte de la compasión y la autocompasión, buscando preservar la dignidad, la autonomía y la participación del paciente”, afirmó.
Cada persona enfrenta la enfermedad de manera distinta. Por eso, el voluntario debe respetar esos procesos, ofrecer escucha y un espacio donde el paciente pueda expresar miedos, angustias e incertidumbres.
La propuesta incluye además otras áreas como la Pastoral de la Esperanza, orientada a la prevención del comportamiento suicida, y la formación para acompañar procesos de duelo.
El Ministerio de Salud Pública impulsa estas acciones como parte de una política sanitaria que, junto al gobernador Osvaldo Jaldo, busca poner a las personas en el centro de la atención, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad.