El dato de desigualdad que pone a Formosa en la cima del NEA y el drama oculto del sobreendeudamiento
Formosa lidera en equidad, pero el país se hunde en deudas impagables. ¿Qué esconde el Índice de Gini detrás de la fachada?
Mientras la Argentina entera siente el ajuste en el bolsillo, un informe revela que Formosa logró el mejor índice de equidad del Nordeste. Pero el mismo estudio esconde una bomba: millones de hogares ya no pueden pagar sus deudas.
Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, en el primer trimestre de 2026, el aglomerado de Formosa presentó el menor nivel de desigualdad en el ingreso per cápita familiar de todo el Nordeste. Así lo determinó la Consultora Politiké a través del Índice de Gini, que mide la distribución del ingreso: cuanto más cercano a 0, más equitativo.
El dato, sin embargo, contrasta con un contexto nacional de fuerte pérdida del poder adquisitivo. El Gobierno nacional impulsa medidas económicas que, según los analistas, profundizan la brecha entre los que más tienen y los que menos.
¿Qué es el Índice de Gini y por qué importa?
La Consultora Politiké explicó que el Índice de Gini es un indicador clave para medir la desigualdad en la distribución del ingreso. Su escala va de 0 a 1: los valores cercanos a 0 indican que los ingresos son similares entre las personas, mientras que los cercanos a 1 señalan que pocos concentran la mayor parte de los recursos.
Con esa vara, Formosa se destaca en el NEA, pero la foto nacional es otra: el Banco Central reveló que 3,6 millones de personas ya son deudores irrecuperables, con al menos una línea de crédito atrasada por más de un año. Eso representa el 17,2% del total de deudores, casi el doble que un año atrás (9,8%).
El sobreendeudamiento, un problema estructural
El deterioro de la capacidad de pago de las familias argentinas dejó de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en un rasgo estructural del programa económico. La caída del salario real, el ajuste del gasto público y las altas tasas de interés explican este cuadro que golpea con fuerza al Norte Grande: 3 de cada 10 deudores de la región acumulan atrasos de más de 90 días.
Los números son contundentes: 2,3 millones de deudores morosos más en un año, totalizando 5,8 millones de personas en mora, uno de cada ocho argentinos. Además, la mitad de las líneas irrecuperables no supera los $309.000, montos asociados a gastos corrientes como alimentos, servicios y transporte, no a consumo durable.
El fenómeno creció más entre mujeres (+93,6% interanual) y jóvenes de 15 a 29 años, donde el 24% ya tiene una deuda irrecuperable, con un salto del 85-87% en un año. Las empresas tampoco escapan: 21.948 firmas están en la categoría de mayor riesgo crediticio, un 65% más que el año anterior.
Salarios que no alcanzan
El salario privado registrado acumula una pérdida real de entre 3,6% y 5,7% frente a noviembre de 2023, con 7 a 8 meses de caída consecutiva hasta marzo de 2026. En el sector público nacional, la caída es aún mayor: entre 17% y 21% en términos reales, reflejando el ajuste del gasto en personal.
El Gobierno nacional dejó de convocar con éxito al Consejo del Salario Mínimo. Desde noviembre de 2025, el Poder Ejecutivo fija el SMVM por decreto, y en agosto de 2026 llegó a $376.600, muy por debajo de la canasta básica total y de los pisos reclamados por CGT y CTA. La herramienta que antes ponía un piso a los salarios privados quedó licuada por la inflación.
Las tasas de interés activas se mantuvieron en niveles elevados durante 2025 y volvieron a subir en 2026, a pesar de los intentos oficiales de abaratar el crédito. La propia morosidad impide que las tasas bajen, un círculo vicioso que el equipo económico no logró romper.
La energía, otro golpe al bolsillo
El precio mayorista de la energía se disparó desde diciembre de 2023. Según CAMMESA, el precio monómico del MWh alcanzó los US$189,10 en junio de 2026, equivalentes a $280.301,50 por MWh ($280,30 por kWh). Entre noviembre de 2023 y junio de 2026, ese precio subió 302,7% en dólares y 1244,3% en pesos, según la serie histórica del organismo.
El Gobierno nacional presenta la desaceleración de la inflación y la estabilidad cambiaria como éxitos. Pero la evidencia del Banco Central muestra la otra cara: una economía que ajusta ingresos para estabilizar precios, trasladando el costo a los hogares más vulnerables, jóvenes, mujeres y las provincias del Norte, entre ellas Formosa.
El sobreendeudamiento por gastos corrientes no es un problema de cultura financiera ni de manejo irresponsable del crédito, sino la consecuencia directa de salarios que no alcanzan y de un Estado que resigna su rol de sostén del ingreso. El ajuste no golpea parejo: el Norte Grande y las economías regionales, ya estructuralmente más débiles, absorben una porción desproporcionada del costo social del programa económico nacional.