El dato que dejó a Jorge Jiménez solo frente a la Justicia por el caso Lebbos
Veinte años sin respuestas y una familia que sigue reclamando justicia: ahora la Justicia avanza sobre los Jiménez, pero el paso del tiempo le juega una mala pasada a dos de ellos. Solo uno podría sentarse en el banquillo.
La Sala III de la Cámara Conclusional ordenó remitir las actuaciones a una fiscalía de instrucción para ahondar en la investigación sobre la familia Jiménez en la causa por la muerte de Paulina Lebbos, y la Corte Suprema de Justicia de Tucumán convalidó esa decisión. Los tres apuntados son el padre, Juan Pedro Jiménez, y sus hijos Jorge Hernán y Juan Marcelo. Pero el paso del tiempo no los golpea igual a los tres.
Por qué solo uno podría terminar acusado
Si la nueva pesquisa junta pruebas de cargo, el único que podría ser imputado formalmente es Jorge Jiménez. Su padre y su hermano nunca fueron imputados en estos veinte años, por lo que la acción penal contra ellos ya está extinguida por prescripción. Eso cierra la vía del castigo, aunque no borra el deber del Estado de reconstruir la verdad material, como marcaron los jueces Gustavo Romagnoli, Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica.
La diferencia para Jorge está en su condena firme. En el juicio de 2018, donde cayó la cúpula policial de la era alperovichista, declaró como testigo sobre su vínculo con Paulina y con César Soto, quienes lo habían elegido padrino de su hija. Sus contradicciones, evasivas y reticencias terminaron con su detención en plena audiencia por falso testimonio.
Estuvo unos días preso y después recuperó la libertad. Siete años más tarde, la causa se cerró con un juicio abreviado: reconoció que había mentido y recibió dos años de prisión de ejecución condicional.
De acuerdo con el Código Penal, una condena anterior interrumpe el curso de la prescripción. Por eso, el plazo máximo de doce años para los delitos más graves se cuenta desde aquel proceso de 2018, lo que mantiene vigente la facultad del Estado de perseguirlo.
Los rastros biológicos
Los informes periciales N.º 3127 y N.º 3149, firmados por la bioquímica Lilia Moyano, determinaron que un cabello arrancado hallado en la mano derecha del cadáver y otro rastro levantado de su remera tenían características morfológicas y microscópicas idénticas a las muestras testigo de Jorge Jiménez. Los estudios descartaron a Soto, absuelto este año del delito de homicidio.
Sin embargo, esas muestras se degradaron con el tiempo y hoy ya no permiten un estudio más detallado.
Llamados e invitaciones que quedaron registrados
La madre de la víctima, Rosa Racedo, y las hermanas de Paulina declararon que los Jiménez la acosaban con llamados e invitaciones insistentes. Los informes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria respaldan ese relato: detectaron comunicaciones reiteradas, sin respuesta, desde el teléfono de Juan Pedro hacia la línea de Paulina la víspera de su desaparición.
Los vehículos en la mira
Juan Marcelo admitió ante la Justicia que en esa época manejaba un Renault 9 rojo para trasladar pasajeros por cospel. El auto coincide con las características del vehículo en el que subieron Paulina y Virginia Mercado al salir del boliche aquella noche de 2006.
Juan Pedro, en tanto, era chofer de camiones de larga distancia y solía dejar un Scania estacionado frente al monoblock de la calle Estados Unidos. De ese camión, la Policía secuestró sábanas y una colcha durante un allanamiento que nunca se articuló con el resto del expediente, porque no se hicieron las pericias correspondientes.
Esa disponibilidad de vehículos contrastó con la situación de Soto, que no tenía auto propio ni sabía conducir. Los jueces valoraron ese dato cuando descartaron la tesis fiscal del traslado del cuerpo hacia Tapia y lo absolvieron.
Qué declararon en el juicio de este año
Jorge Jiménez, que vivía en el mismo edificio que Soto, cerca del parque 9 de Julio, y lo veía todos los días, aseguró que la noche de la desaparición estaba en una fiesta en Burruyacú. En el debate oral intentó despegarse de las sospechas: “Él y Paulina me eligieron como padrino de su hija, como modelo de vida. Y hubo quienes aseguraron que yo acosaba a Paulina, lo que no es cierto”.
Su padre, al justificar las llamadas a la joven, dijo ante el tribunal: “puede ser que sí, porque era una mujer y yo un varón”. Juan Marcelo aseguró que no tenía nada que ver con el caso.
La verdad material y el paso del tiempo
Al absolver a Soto, los jueces remarcaron que el proceso penal no puede conformarse con cerrar expedientes ante dudas insuperables. Recordaron que la Justicia tiene el mandato de buscar la verdad material, aun cuando el tiempo impida condenar a algunos de los involucrados. Dijeron que el Estado debe reconstruir la historia real de la víctima para dar una respuesta jurídica acabada a la sociedad y a la familia.
Qué viene ahora
La fiscalía de instrucción que resulte sorteada deberá agotar esta línea de investigación. Si los cotejos biológicos o la reconstrucción de testimonios logran vincular de manera unívoca los cabellos hallados en la víctima con Jorge Jiménez, la acción penal en su contra no estará prescripta y podrá ser llamado a indagatoria. Para su padre y su hermano, en cambio, lo que surja del expediente será solo una reconstrucción histórica, sin posibilidad de pena de prisión.
Veinte años después de que el cuerpo de Paulina fuera arrojado al costado de la ruta 341, la causa evita el archivo definitivo por mandato judicial expreso. La pregunta que se repite desde entonces sigue sin respuesta: ¿quién mató a Paulina?