La seguridad en Neuquén cambió de manos y eso toca directo el bolsillo y la tranquilidad de cada vecino: el propio ministro Nicolini contó cómo estaba la policía antes. Lo que se hizo con el equipamiento y las calles, adentro.
El ministro de Seguridad de Neuquén, Matías Nicolini, describió esta semana con crudeza el estado en que se encontraba la fuerza al inicio de la gestión de Rolando Figueroa: “La policía no tenía el control de las calles; lamentablemente estaba en manos de delincuentes y narcotraficantes”.
Esa frase resume el punto de partida. Al asumir, el gobierno se encontró con años de desinversión, armamento deteriorado, faltante de municiones y una fuerza sin los recursos mínimos para cumplir su tarea.
Qué cambió en la calle
La comparación con la gestión del ex gobernador Omar Gutiérrez y su ministra de Seguridad, Vanina Merlo, marca una distancia que el oficialismo no duda en calificar de abismal. Según la actual administración, aquel gobierno dejó una fuerza con graves carencias operativas.
La transformación que se puso en marcha incluye la incorporación de más de 2.200 efectivos, 650 patrulleros blindados y la renovación de armamento junto con equipamiento no letal, como pistolas Taser y Byrna.
También se terminó con una práctica que se había vuelto símbolo del abandono: el llamado “chaleco caliente”, que obligaba a los policías a compartir la misma protección entre turnos. Hoy cada agente cuenta con su propio chaleco y su arma intransferible.
Obras y salarios
El cambio también se mide en infraestructura. Hay más de 77 obras en marcha, nuevas dependencias policiales y una reorganización territorial pensada para cubrir las zonas de fuerte crecimiento demográfico.
A eso se suma una política salarial que, según el gobierno, jerarquiza a los efectivos de la fuerza.
La ofensiva contra el narcotráfico
Otro de los ejes que la gestión destaca es la lucha contra el microtráfico. Desde que Neuquén asumió la persecución de ese delito, se realizaron casi 500 allanamientos y más de 200 delincuentes recibieron condenas.
La articulación directa entre la Policía y la Justicia permitió desbaratar puntos de venta y secuestrar drogas, armas y bienes robados. Para el oficialismo, esos resultados demuestran que combatir el delito requiere decisión política, herramientas operativas y coordinación institucional.
La seguridad no se transforma de un día para otro, pero las inversiones en recursos, infraestructura y salarios, junto con los resultados operativos, permiten dimensionar la distancia entre el pasado y el presente. Neuquén, según esta lectura, dejó atrás una etapa de abandono y avanza en la consolidación de un modelo que recuperó el control de las calles.