El debate que dejó al descubierto el problema que frena a la industria salteña

En Salta se reunieron los referentes de la industria para debatir qué necesita el sector para competir en una economía más abierta. Hablaron de previsibilidad, crédito y costos, pero hubo una conclusión que nadie esperaba: el problema no es solo afuera de las fábricas.

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El debate que dejó al descubierto el problema que frena a la industria salteña
El debate que dejó al descubierto el problema que frena a la industria salteña

La industria de Salta busca su lugar en un país que se abre al mundo, pero la recuperación llega despareja y las fábricas todavía no sienten el alivio. Ese fue el eje de "Hablemos de lo que viene: Industria", un encuentro que reunió a referentes del sector y dejó una conclusión incómoda: sin previsibilidad política, crédito accesible, infraestructura y costos más bajos, la transformación interna no alcanza.

Una economía que corre a dos velocidades

El ordenamiento fiscal, la desaceleración de la inflación y la mejora de la balanza comercial cambiaron el punto de partida. Sin embargo, esos avances no llegan con la misma fuerza a todos los rubros.

La energía, el agro y el sistema financiero aparecen entre los más dinámicos. La industria, la construcción y el comercio siguen rezagados. El problema es que los primeros representan una porción limitada del producto y del empleo, insuficiente para impulsar una recuperación general.

Las exportaciones y la disponibilidad de dólares mejoraron, pero la inversión, el empleo y los ingresos de las familias no avanzan al mismo ritmo. La estabilidad es una condición necesaria, pero no alcanza: tiene que traducirse en financiamiento, producción y puestos de trabajo.

El fantasma electoral

La previsibilidad fue uno de los conceptos que más sonó en el encuentro. Las empresas necesitan saber no solo cuáles son las reglas actuales, sino cuánto tiempo van a durar.

La cercanía del proceso electoral puede volver a introducir incertidumbre y demorar proyectos de mediano y largo plazo. Antes de invertir, las compañías quieren saber cómo se consolidarán las propuestas políticas y qué rumbo tomará el país.

El desafío es evitar que cada elección ponga en discusión todo el programa económico. Política y economía van de la mano: la actividad necesita certidumbre institucional, y cualquier proyecto político requiere resultados concretos en producción, empleo e ingresos.

Crédito: la deuda pendiente

La normalización financiera deberá convertirse en crédito para que la recuperación llegue a la economía real. Las tasas todavía elevadas dificultan las inversiones necesarias para ampliar plantas, comprar equipamiento y mejorar procesos.

El golpe lo sienten especialmente las pymes y las empresas del interior. Sin financiamiento accesible, la transformación queda limitada a las compañías que pueden invertir recursos propios o recibir aportes de sus accionistas.

El paso decisivo será lograr que los recursos disponibles no queden encerrados en el sistema financiero y lleguen a la inversión, la actividad y el empleo.

Costos que no bajan

La apertura económica obliga a las industrias argentinas a competir con productos de todo el mundo. Para sostenerse deberán ganar eficiencia, reducir costos y ofrecer precios competitivos.

Pero ese objetivo no depende solo de lo que se haga dentro de las fábricas. La presión tributaria, el financiamiento, la infraestructura, la logística y la disponibilidad de energía también inciden en el valor final de los productos.

Aunque se eliminaron el impuesto PAIS y algunas retenciones, los industriales todavía no perciben una reducción impositiva capaz de modificar sustancialmente sus costos. Las restricciones de gas sumaron otra dificultad.

Para una provincia alejada de los principales centros de consumo y de los puertos, la infraestructura es determinante. El transporte y las conexiones pueden definir si un producto salteño llega a los mercados en condiciones competitivas.

Lo que Salta tiene para mostrar

El encuentro también dejó en claro la necesidad de ampliar la agenda productiva nacional. La minería y Vaca Muerta concentran buena parte de las expectativas, pero el norte cuenta con actividades agroindustriales que generan exportaciones, empleo y arraigo.

La Moraleja y Seaboard suman más de 130 años de presencia en Salta. Durante los momentos de mayor actividad de la cosecha reúnen alrededor de 2.800 puestos de trabajo, además del empleo indirecto que generan en el interior.

Su experiencia demuestra que la ubicación geográfica de la provincia no impide exportar. Cuando existen productos competitivos, conocimiento acumulado y una estrategia sostenida, las industrias salteñas pueden acceder a mercados internacionales.

El crecimiento de las exportaciones de jugo concentrado de limón hacia China es un ejemplo. La oportunidad surgió de una lectura de los cambios mundiales y de una decisión empresarial cuyos resultados necesitaron varios años para materializarse.

Cambio interno: la otra pata

Los reclamos al sector público estuvieron acompañados por una revisión del papel de las empresas. Las industrias no pueden limitarse a esperar mejores condiciones externas: también necesitan mejorar su productividad, innovar y buscar nuevos mercados.

La inteligencia artificial ya comenzó a modificar funciones relacionadas con el procesamiento de datos. Las personas pasan a concentrarse en formular preguntas, controlar la calidad de la información y determinar qué decisiones necesitan intervención humana.

La incorporación de estas herramientas también obliga a fijar reglas sobre seguridad y confidencialidad. Las empresas deben definir quién puede usarlas, qué información puede cargarse y cuáles son los datos que requieren una protección especial.

Talento joven: formarlo y retenerlo

La transformación industrial dependerá además de la capacidad para formar y retener trabajadores. Las compañías necesitan perfiles técnicos preparados para procesos cada vez más automatizados.

La articulación con escuelas agrotécnicas permite capacitar estudiantes e incorporarlos posteriormente en áreas técnicas. A la vez, los planes internos de sucesión pueden ofrecerles un recorrido de crecimiento y evitar que busquen oportunidades fuera de las empresas.

El debate dejó una agenda compartida. El Estado deberá aportar previsibilidad, infraestructura, crédito y condiciones competitivas. Las industrias tendrán que mejorar sus procesos, incorporar tecnología, formar trabajadores y ganar mercados. La estabilidad macroeconómica es el punto de partida; la prueba será que llegue a las fábricas y se transforme en inversión y empleo.

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