El debate que marcó el destino educativo argentino: ¿qué proponían Alberdi y Sarmiento?
¿Qué pensaban realmente Alberdi y Sarmiento sobre la educación? La historia de una polémica que definió el futuro del país y cuyas consecuencias todavía sufrimos. Descubrí los detalles que no te contaron.
La educación argentina tiene una deuda histórica con dos de sus padres fundadores. La polémica entre Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, que incluyó insultos y diferencias irreconciliables, definió el rumbo del sistema educativo nacional, y sus ecos aún resuenan en los debates actuales.
Todo comenzó en el exilio chileno, entre 1852 y 1853. Mientras Alberdi y Sarmiento intercambiaban cartas públicas como "Cartas quillotanas" y "Las ciento y una", discutían con vehemencia sobre cómo debía ser la educación popular en la Argentina post-rosista.
El país que imaginaban
Para Alberdi, la prioridad era la economía: capitales extranjeros, ferrocarriles e inmigración europea. Creía que las instituciones constitucionales, con el crecimiento económico, educarían progresivamente a los ciudadanos en las ideas republicanas. La educación popular era, para él, una necesidad secundaria; primero había que formar ciudadanos laboriosos y productivos.
Sarmiento, en cambio, ponía el acento en la educación primaria. Soñaba con una sociedad a imagen de la democracia estadounidense, y por eso impulsó la Ley N° 1.420 de Educación Común, gratuita y obligatoria, promulgada en 1884 durante la presidencia de Julio Argentino Roca y el ministerio de Olegario Leguizamón.
La letra de la ley que transformó al país
La norma era ambiciosa: obligaba a crear una escuela pública cada 1.500 habitantes en la ciudad y cada 500 en el campo. Además, los padres debían enviar a sus hijos de 6 a 14 años a la escuela, sin excusas por pobreza. Si un menor faltaba más de dos días, los padres pagaban una multa y el niño podía ser llevado a la escuela por la fuerza pública.
Cada distrito escolar debía tener un Consejo Escolar integrado por cinco padres, que se reunían al menos una vez por semana y velaban por la higiene, la disciplina y la moralidad de los niños. El Estado y los ciudadanos tenían la obligación de proveer vestimenta, literatura y útiles escolares. Esta ley fue calificada como "casi un servicio militar infantil escolar obligatorio" y buscaba formar una sociedad culta y apta para la creación de riqueza.
Su lema era claro: "Para fundar la República, lo primero es formar republicanos".
La resistencia de la Iglesia
La ley no prohibía la enseñanza religiosa, pero la relegaba a horarios extracurriculares y a ministros del culto. Esto provocó una enérgica oposición de la Iglesia Católica, que derivó en un grave conflicto institucional.
Sarmiento, profético, sostenía: "Sin un pueblo alfabetizado y consciente de sus derechos, cualquier constitución o institución caería en manos de nuevos tiranos".
Los números que respaldan la historia
Durante su presidencia (1869-1874), Sarmiento impulsó el Primer Censo Nacional, que reveló que el 78% de la población no sabía leer ni escribir y el 80% de los niños estaba fuera del sistema educativo. Para 1899, el analfabetismo había caído al 53%; en 1914, al 36%; y en 1980, al 6%.
El sistema educativo primario argentino se convirtió en un modelo para el mundo. El secundario, aunque insuficiente para el ingreso a la universidad, y la universidad pública, cimentaron el desarrollo nacional hasta 1930. Pero luego, el abandono de la educación como política prioritaria, el empobrecimiento de su calidad y el adoctrinamiento ideológico marcaron el comienzo de la decadencia.
¿Qué pasó después?
En 1947 se derogó la Ley N° 1.420; en 1949 se eliminaron los exámenes de ingreso y los aranceles universitarios. En las décadas siguientes, el método conductista de alfabetización fue reemplazado por la teoría psicogenética. En los años 90, se transfirieron las escuelas primarias a las provincias sin los presupuestos adecuados y se implementó el ciclo polimodal sin preparación previa. Ya en el siglo XXI, los cambios se acentuaron con el proselitismo ideológico de las nuevas tendencias progresistas.
Hoy, la decadencia del sistema educativo es innegable. El abandono de la educación popular de Sarmiento y la implementación equivocada de las propuestas utilitarias de Alberdi han llevado al deterioro actual. La sociedad reclama una política nacional consensuada que revierta esta situación. Y quizás, como guía, haya que mirar nuevamente a Alberdi y Sarmiento.