El desafío de los juicios por jurados en femicidios: cómo evitar que los prejuicios condicionen un veredicto
Desde 2018, Mendoza juzga homicidios agravados con jurados populares. Pero un fiscal advierte sobre un riesgo silencioso: los estereotipos de género que pueden colarse en un veredicto sin que nadie lo note.
En el marco de las XIV Jornadas de Violencia de Género y Delitos Conexos en Mendoza, el fiscal adjunto en lo Penal Gustavo Pirrello puso sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo garantizar que los juicios por jurados no estén atravesados por mitos y estereotipos cuando se juzgan femicidios?
La cuestión no es menor, sobre todo porque el jurado popular no tiene que fundamentar las razones de su decisión. Eso deja un margen para que, en silencio, se cuelen ideas preconcebidas sobre las víctimas o los agresores.
Un sistema que busca acercar la Justicia a la gente
En Mendoza, la participación ciudadana en la administración de Justicia está vigente desde octubre de 2018, cuando se sancionó la Ley 9106. Esa norma estableció el sistema de Juicios por Jurados Populares para delitos graves, entre ellos los homicidios agravados.
Pirrello definió a este mecanismo como "la máxima expresión de la participación ciudadana en el juzgamiento de los hechos delictivos", y remarcó que permite un acercamiento de la sociedad a un sistema judicial que, admitió, suele ser cuestionado.
La selección del jurado y la audiencia clave
Antes de que arranque un juicio, se sortean 90 potenciales jurados. Después viene la audiencia de selección, conocida como voir dire, en la que las partes intentan determinar si los ciudadanos están en condiciones de evaluar la prueba con imparcialidad.
Para el fiscal, esa instancia es clave para detectar sesgos de género que puedan contaminar la valoración de la evidencia. "El propósito de esta etapa es detectar y anular la presencia de sesgos o estereotipos de género que impiden a la ciudadanía o al eventual jurado evaluar la evidencia con imparcialidad", sostuvo.
Instrucciones para no caer en estereotipos
Pero no alcanza con elegir bien a los jurados. Pirrello también puso el foco en las instrucciones que reciben antes de deliberar. En casos de femicidio, planteó la necesidad de explicar con un lenguaje sencillo qué significa la violencia de género, cómo se identifican las relaciones desiguales de poder y qué elementos configuran ese tipo de violencia.
Puso un ejemplo concreto: el tiempo que pasa entre un hecho de violencia y la denuncia. La instrucción debería evitar razonamientos como "si tardó en denunciar, entonces no es creíble", porque una demora puede estar ligada al miedo, a la vulnerabilidad o a condicionamientos familiares, sociales y económicos.
También se refirió a otros prejuicios frecuentes, como juzgar la vida personal de la víctima, su consumo de sustancias o el hecho de que haya mantenido una relación con el presunto agresor. Nada de eso justifica la violencia ni implica consentimiento.
En delitos cometidos en ámbitos privados o intrafamiliares, la falta de evidencias físicas no significa automáticamente que no haya prueba. El relato de la víctima, dijo, debe analizarse de manera integral junto con el resto de los indicios.
La experiencia de los jurados
Pirrello también contó cómo impacta en los ciudadanos participar de un juicio. Algunos, al terminar, manifestaron su sorpresa por cómo trabaja la Justicia. Otros llegaron sin ganas de participar y se fueron con interés en volver a ser convocados.
Mencionó incluso deliberaciones que se extendieron durante 10 o 12 horas, un dato que usó para resaltar el nivel de responsabilidad que asumen los jurados. Para el fiscal, cuando esos procesos están atravesados por la perspectiva de género, el efecto va más allá del caso puntual.
"La participación ciudadana a través de un juicio por jurado y la resolución de causas, atravesada por la perspectiva de género, permitirá no solo resolver el caso concreto a través de la emisión de un veredicto, sino que seguramente esa experiencia será transformadora para el ciudadano que participó", concluyó.