El desafío final de Ferro: reconstruir su piso tras el tornado
¿Sabías que un tornado destruyó el gimnasio de Ferro hace 10 años? Ahora, el club lanza una campaña para construir el piso y recuperar su espacio. Conocé los detalles.
Ferro de Chajarí lanzó la campaña “Ferro se levanta” para juntar fondos y construir el piso de su gimnasio, destruido por un tornado en 2014. La iniciativa busca cerrar una obra que lleva más de una década y devolverle al club un espacio clave para la comunidad.
La campaña estará vigente hasta el 12 de septiembre, cuando el club celebre su aniversario y haga un balance de lo recaudado. Para colaborar, se habilitó una cuenta exclusiva con el alias ferroselevanta. Si bien no hay un monto mínimo, la institución tomó como referencia el valor de un metro de hormigón, que hoy ronda los 215.000 pesos.
Diez años de reconstrucción
La historia arrancó en 2014, cuando un tornado provocó daños irreparables en el gimnasio cubierto del club. La estructura histórica tuvo que demolerse y desde entonces dirigentes, socios y familias trabajaron para levantarla de nuevo.
Macarena Chaparro, presidenta de Ferro, recordó: “Venimos trabajando con esto desde hace más de 10 años, desde que en 2014 un tornado provocó daños irreparables en la infraestructura del club. Tuvimos que demoler un gimnasio cubierto que era histórico y empezar a trabajar desde cero”.
Hoy, las paredes ya están en pie y el club atraviesa la etapa final de la obra. “Estamos en la parte final del salvamiento del gimnasio. Gracias a Dios ya tenemos todo el material comprado y estamos trabajando con la mano de obra. Lo único que estaría faltando es una parte para terminar de cerrar”, explicó Chaparro.
Pero cerrar el edificio no alcanza. Para que el espacio recupere su función, falta un elemento esencial: el piso. El gimnasio mide 54,5 metros de largo por 27,5 de ancho, y para cubrirlo se necesitan unos 220 metros cúbicos de hormigón, más el alisado que permitirá marcar las canchas.
“Es un gimnasio muy grande, muy amplio, y lleva mucho material para poder hacer el piso. No nos queremos quedar solamente con cerrarlo, sino que queremos hacer el piso para poder sumar más disciplinas”, señaló la presidenta.
Más que deporte
La falta de un gimnasio en condiciones afectó durante años la actividad del club. Hoy Ferro desarrolla fútbol y ya sumó Newcom. Además, mantiene un convenio con la Escuela Güemes de Chajarí, que usa las instalaciones para Educación Física: más de 250 chicos concurren al gimnasio.
El objetivo, una vez terminada la obra, es recuperar disciplinas como básquet, vóley, handball y patín, y también abrir el espacio a actividades culturales y comunitarias. Por sus dimensiones, el club podría incluso organizar competencias provinciales. “Va a estar abierto a la comunidad y la amplitud que tiene nos va a permitir también poder hacer provinciales deportivos”, afirmó Chaparro.
El apoyo de la comunidad
Para completar una obra de esta magnitud, Ferro necesita ayuda externa. La campaña busca involucrar a toda la comunidad de Chajarí y la región. “Necesitamos del apoyo de la comunidad. Si bien durante todo este tiempo el Estado por ahí ha estado presente, nunca alcanza”, sostuvo la presidenta.
La comisión directiva está integrada por 20 personas, pero el movimiento alrededor del club es mayor: hay subcomisiones, colaboradores y la comparsa, que también usa el gimnasio. La cuenta bancaria exclusiva busca garantizar transparencia. “Es una cuenta única para la campaña, no hay otro movimiento ahí para que sea totalmente transparente”, explicó.
El alias ferroselevanta resume el espíritu de la iniciativa. Cada aporte, sin importar su tamaño, suma para alcanzar el objetivo.
Una historia personal
Para Macarena Chaparro, el desafío también es personal. Empezó como mamá en una subcomisión y llegó a la presidencia. “Para mí ha sido un gran desafío. Ya hace bastante tiempo que vengo trabajando en el club. Empecé como mamá en alguna subcomisión y siempre quise participar. A mí me gusta trabajar para la comunidad”, contó.
Estar al frente en esta etapa es un orgullo y un sueño. “Me siento muy bien con la gente que está trabajando conmigo. Es un orgullo y, para nosotros, para mí, es un sueño poder terminar este gimnasio y devolverle a la comunidad un lugar donde podamos disfrutar todos juntos”, expresó.
Tras una década de reconstrucción, Ferro está a un paso de cerrar un capítulo que empezó con destrucción. Ahora, el desafío está debajo de ellos: levantar el piso para volver a levantar el gimnasio y, con él, una parte de la vida de la comunidad.