El descenso final de Mickey Rourke: del estrellato a un desalojo y una cara irreconocible
De la gloria de “Nueve Semanas y Media” a un desalojo humillante: la dramática caída del actor que rechazó casi 100.000 dólares de sus fans y hoy no tiene un lugar fijo donde vivir.
La leyenda de Hollywood Mickey Rourke, el sex symbol de los 80, fue desalojado de su casa tras acumular una deuda de alquiler de más de 60.000 dólares. Su rechazo a una colecta pública de casi 100.000 dólares y su actual situación de incertidumbre pintan el cuadro de una caída estrepitosa. Detrás quedan éxitos como “Nueve Semanas y Media”, una nominación al Oscar y una reputación de actor difícil que lo alejó de la cima.
El actor, de 71 años, fue noticia esta semana luego de que se ejecutara una orden judicial de desalojo. Había vivido en la propiedad durante cinco o seis años, pero los problemas comenzaron cuando nuevos propietarios adquirieron la vivienda. Rourke alegó condiciones inhabitables, incluyendo ratas, pisos podridos y falta de agua en un baño, como justificación para dejar de pagar un alquiler que había aumentado de 5.000 a 7.000 dólares mensuales.

Frente a la intimación del propietario y el avance del juicio, Rourke no presentó defensa. El juez falló en su contra, ordenando el desalojo y el pago de los casi 60.000 dólares en alquileres atrasados, más los costos judiciales. En un giro inesperado, su manager, Kimberly Hines, inició una campaña en GoFundMe para ayudarlo, la cual superó rápidamente la cifra necesaria.
Un orgullo que lo dejó en la calle
Sin embargo, lejos de agradecer el gesto, Rourke lo repudió con vehemencia. En un video publicado en sus redes sociales, el actor afirmó: “Estoy realmente frustrado y confundido. Alguien creó algún tipo de fondo para que la gente done dinero como si fuera caridad. Yo no soy ese. Si necesitara dinero, preferiría no pedir ninguna maldita caridad. Preferiría meterme un arma en el culo y apretar el gatillo”.
La campaña fue cerrada y el dinero, casi 100.000 dólares, fue devuelto a los donantes. Rourke fue visto subiendo sus pertenencias a un camión de mudanzas. Su paradero actual es incierto: algunas versiones indican que vive en un hotel, otras que se aloja en la casa de un amigo.

Este episodio es solo el capítulo más reciente de una vida marcada por decisiones controvertidas. En los últimos años, sus apariciones públicas se han debido más a problemas que a logros profesionales. El año pasado participó en la edición de celebridades del Gran Hermano británico, de donde salió tras arreglar su salida para evitar una expulsión por comentarios homofóbicos.
De 87 rechazos a la cima de Hollywood
Nacido el 16 de septiembre de 1952, Rourke tuvo una infancia complicada. Tras mudarse a Miami, intentó una carrera como boxeador amateur, aunque ningún registro periodístico posterior pudo verificar sus afirmaciones sobre un récord destacado. A los 28 años, se mudó a Los Ángeles para perseguir su sueño actoral. Fue rechazado en sus primeros 87 castings antes de conseguir su oportunidad.
Una vez que despegó, su ascenso fue meteórico. Con papeles en “Diner”, “Cuerpos Ardientes” y “La Ley de la Calle”, se consolidó como una estrella. Llegaron los grandes éxitos: “Manhattan Sur”, “Nueve Semanas y Media”, “Corazón Satánico” y “Barfly”. Bob Dylan llegó a elogiarlo tras ver “Homeboy”, un proyecto que el propio Rourke escribió.

Sin embargo, su fama de actor difícil y sus elecciones de carrera comenzaron a pasar factura. Rechazó papeles icónicos en “El Silencio de los Inocentes”, “Pulp Fiction”, “Rain Man” y “48 Hrs.”, entre otros. En su lugar, optó por proyectos como “Harley Davidson y Marlboro Man” y “Orquídea Salvaje”. En 1991, fue nominado al Razzie a peor actor por dos de sus películas de ese año.
Una reputación “peligrosa” y una cara transformada
Su conducta en los sets se volvió legendaria por lo negativa. El director Alan Parker, tras trabajar con él en “Corazón Satánico”, lo describió como “peligroso” y dijo que fue la peor experiencia de su carrera. Productores y aseguradoras comenzaron a evitarlo, convirtiéndolo en un actor “radioactivo” para la industria.
Sus declaraciones públicas no ayudaban. Insultó a Nicole Kidman, tildó de “estafadores” a productores poderosos y mantuvo un célebre enfrentamiento con Robert De Niro, a quien acusó de vetarlo en “El Irlandés”. Sobre el éxito de Tom Cruise en “Top Gun: Maverick”, comentó: “Tom Cruise hace 35 años que viene haciendo el mismo papel”.

En los 90, anunció su retiro temporal para dedicarse al boxeo profesional, una etapa que muchos medios cubrieron como una curiosidad del espectáculo. Las secuelas de los golpes en su rostro lo llevaron a someterse a múltiples cirugías estéticas, transformando su apariencia hasta volverla casi irreconocible.
Matrimonios turbulentos y un último resurgir
Su vida personal también fue tumultuosa. Se casó tres veces. Su segundo matrimonio, con la modelo Carré Otis, su coprotagonista en “Orquídea Salvaje”, fue particularmente violento. En sus memorias, Otis relató que, durante una pelea, un arma que Rourke lanzó al piso se disparó y la bala atravesó su hombro. También describió cómo él le propuso matrimonio amenazando con suicidarse con una espada si ella se negaba.
Parecía que todo había terminado para él, pero en 2008 protagonizó un sorpresivo regreso con “El Luchador” de Darren Aronofsky, papel que le valió una nominación al Oscar, un Globo de Oro y el premio BAFTA. Ese éxito le abrió las puertas a papeles en “Los Indestructibles” de Stallone y como el villano en “Iron Man 2”.

Sin embargo, el resurgimiento no duró. En la última década, su filmografía se compone mayormente de proyectos menores. Su caída en los realitys fue simbólica: primero en “¿Quién es la Máscara?” estadounidense, donde abandonó el set porque tenía calor dentro del disfraz, y luego en el polémico Gran Hermano británico.
Hoy, a los 71 años, el actor que una vez fue comparado con Marlon Brando mira a la cámara y califica su situación de “humillante”. Un epílogo triste para una carrera que, a pesar de todo, dejó un catálogo de películas que muchos actores envidiarían, pero que no fue suficiente para evitar un desenlace tan crudo como un desalojo.
