El desgarrador relato del hijo de Viviana Vilte: “Escuché el grito de mi mamá y después todo quedó en silencio”
Ángel Vilte escuchó el grito de su madre y luego el silencio. Su relato estremece: más de 40 puñaladas, una ambulancia que no llegó y una relación enfermiza. ¿Qué pasó esa noche en Campo Quijano?
“Escuché el grito de mi mamá y después todo quedó en silencio”. Con esas palabras, Ángel Vilte reconstruyó los últimos minutos de vida de su madre, Viviana “Quica” Vilte, asesinada de más de 40 puñaladas por su pareja, José Luis Gareca, en una vivienda de Campo Quijano, Salta.
El jueves por la noche, la mujer de 55 años y Gareca comenzaron a beber y escuchar música, como solían hacer. Pero esa noche, la discusión escaló hasta convertirse en un femicidio que su hijo, que vivía en la misma propiedad, escuchó desde el otro lado de la pared.
“No imaginé que iba a pasar”
Ángel, de 37 años, llegó de trabajar cerca de la medianoche y oyó que su madre y Gareca discutían. “Lo que realmente pasó es que estaba ella con su pareja, estaban tomando y hubo violencia”, relató. “Mi mamá me decía que no me meta, que ella lo quería así”.
La casa quedó en silencio. La música seguía a todo volumen, pero ellos dejaron de hablar. Ángel pensó que se habían dormido. Hasta que escuchó la voz de su madre: “No, no, pará Luis, pará”. Creyó que ella intentaba retenerlo, como tantas veces. Pero luego vino el grito. “Parece que en ese momento escucho un grito de mi mamá y al parecer la estaba apuñalando. Después se quedó todo en silencio”, relató.
La música siguió sonando. Ángel no entró. Pensó que se habían acostado. Pero Viviana ya estaba gravemente herida. Cerca de una hora después, escuchó a Gareca gritar: “No, Vivi, no. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué te mataron? ¿Quién te hizo?”. Luego: “No, Vivi, no, Vivi… ¿Qué hice? ¿Qué hice?”. Recién entonces Ángel llamó al 911.
La llegada de la Policía
El llamado quedó registrado a las 2.22 de la madrugada. Ángel llamó dos veces más mientras esperaba. Cuando llegó el móvil policial, abrió la cortina que daba a la habitación de su madre y dejó pasar a los efectivos. Él no entró. Los policías encontraron a Viviana con múltiples heridas de arma blanca y signos vitales débiles. La ambulancia de Campo Quijano tardó en llegar; el patrullero salió a buscarla. “15 minutos de ida, 15 de vuelta”, contó Ángel. Cuando llegó el enfermero, ya era demasiado tarde. Viviana había muerto.
La autopsia reveló que recibió más de 40 puñaladas con un cuchillo de grandes dimensiones, similar a los de faena.
Una relación marcada por la violencia
Ángel contó que la relación de su madre con Gareca era un ciclo de peleas, celos y violencia. “Venían acá, tomaban tres o cuatro días y lo típico que solía pasar era que pelearan, se pegaran y al otro día ya estaban juntos otra vez, como si nada hubiese pasado”, describió. Gareca no vivía con ellos; se veían algunas veces al mes.
El hijo también relató que Gareca había sido violento con otras personas. “Le quise pegar porque la insultaba y le pegaba a mi mamá, le decía de todo”, dijo. Pero Viviana siempre lo defendía. “Siempre se escondía atrás de mi mamá porque ella lo protegía”, afirmó Ángel, que describió la relación como “enfermiza”.
“Mi mamá lo prefería a él antes que a nosotros”
Una de las confesiones más dolorosas de Ángel fue: “Mi mamá lo prefería más a él que a nosotros, que a sus nietos”. Contó que en diciembre pasado, ella no fue a su cumpleaños porque él no quiso que Gareca asistiera. A pesar de eso, aseguró que su vínculo con ella era “muy lindo”. Días antes del femicidio, habían estado más unidos que nunca porque una de sus hijas estuvo internada. “En estos días estuvimos mejor que nunca”, recordó.
Ángel, el mayor de cinco hermanos y sin padre conocido, dijo que Viviana era su principal sostén afectivo: “Ese era todo para mí. Todo, todo era para mí”. Ahora, pide justicia: “Que le den cadena perpetua”.