El día que 25 mujeres desafiaron a IBM y marcaron un hito en la informática argentina
25 mujeres desafiaron a IBM en 1965 y crearon un centro de cómputos pionero en Rosario. ¿Qué pasó después?
En plena década del sesenta, mientras la tecnología daba sus primeros pasos en el país, una biblioteca popular de Rosario se convirtió en escenario de una gesta que pocos conocen. 25 mujeres desafiaron a una multinacional y revolucionaron el sistema informático local. Su historia, silenciada durante años, sale ahora a la luz.
Corría 1965 y la emblemática biblioteca La Vigil, en el barrio Tablada, ya era un gigante comunitario. Tenía sello editorial, jardín de infantes, museo de ciencias naturales y hasta un observatorio astronómico en proyecto. Pero su motor financiero era la rifa, que se vendía en ocho provincias. Con 80 mil números, 3 mil vendedores y 500 cobradores, el registro manual de datos se volvió un caos.
Para resolverlo, la comisión directiva decidió dar un salto audaz: comprar máquinas IBM 360 modelo 20. Así nació el Centro de Cómputos IBM, pero con una particularidad que desafió las reglas del juego: el espacio fue gestionado íntegramente por mujeres.
La historia fue rescatada por Natalia García, docente e investigadora del Conicet y la Universidad Nacional de Rosario, quien escribió el manuscrito “La maestra, las IBM y las dictaduras: vanguardia tecnológica, formación y patriarcado en Argentina (Rosario, 1965-1977)”. García notó que ni la historiografía educativa ni la de la informática argentina habían reparado en este episodio. Ese silencio la impulsó a investigar.
El conflicto con IBM
Cuando la empresa multinacional instaló los equipos, ofreció cursos de formación para programadores. Pero puso una condición discriminatoria: se negaba a capacitar mujeres, argumentando que esa tarea era exclusiva para hombres. La dirigencia de La Vigil se plantó y exigió que la capacitación fuera sin distinción de género. IBM cedió y así estas 25 jóvenes se formaron y comenzaron una experiencia pionera en el país.
Ellas se encargaban de la supervisión técnica, la ejecución mecánica y todas las operaciones del centro. Trabajaban en tres turnos de ocho horas, sin descanso, ya que las máquinas no podían apagarse. Contaban con generadores propios y la colaboración de uno o dos hombres, especialmente en el turno noche.
Gracias a su trabajo, se logró dar trazabilidad al circuito de la rifa, se hicieron estadísticas para el servicio bibliotecario y cálculos matemáticos para el observatorio astronómico que comenzó a funcionar en 1969. Incluso ofrecieron servicios a terceros, como a la Universidad Nacional de Rosario, en una época en que la computación no estaba en los planes de estudio.
La hazaña de Rita Teresa Giménez
Al frente del equipo estaba Rita Teresa Giménez, una maestra de primaria que llegó a La Vigil para ayudar durante un verano y se quedó para siempre. Conocida como “Tere”, era muy hábil con los cálculos matemáticos y terminó dejando su trabajo docente para dedicarse por completo a la institución.
Cuando las máquinas ya funcionaban, surgió un nuevo desafío: necesitaban traducir cifras numéricas a letras. IBM fue tajante: no se podía hacer, el programa no estaba diseñado para eso. Pero Tere no se rindió. Se llevó planillas a su casa y, tras muchos días de cálculos, lo logró. El presidente de la comisión directiva le dijo que el programa era suyo. IBM quiso comprarlo, pero ella se negó.
“Una maestra sin reconocimiento académico logró reprogramar un sistema IBM de uso institucional”, destaca García. “No sólo resolvieron problemas operativos, sino que ampliaron capacidades y habilitaron formas situadas de producción y transmisión de saberes en un espacio comunitario”.
Contexto histórico y final
Esta experiencia se desarrolló en plena Guerra Fría, mientras el país vivía un auge tecnológico con la llegada de Clementina en 1961. Pero la dictadura de Juan Carlos Onganía, con la Noche de los Bastones Largos en 1966, frenó el desarrollo científico nacional. La Vigil, sin embargo, sostuvo su polo tecnológico hasta 1977, cuando militares, policías y civiles irrumpieron en la institución bajo una “intervención normalizadora”. Las máquinas fueron secuestradas y el centro de cómputos desapareció. La historia de estas mujeres quedó en el olvido, hasta ahora.
