El día que el agua sobraba en San Juan: la historia del hombre que la estudió durante 40 años
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El día que el agua sobraba en San Juan: la historia del hombre que la estudió durante 40 años

Mario Liotta entró al INTA en 1977 y dedicó más de cuatro décadas a estudiar el suelo y el agua de San Juan. Su recuerdo de aquellos años revela un problema que hoy suena impensable: qué hacían cuando el agua sobraba.

Mario Liotta entró al INTA en 1977 y dedicó más de cuatro décadas a la ciencia agrícola local. Su testimonio revela una San Juan que hoy parece lejana: la de los suelos anegados y las napas que había que controlar.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) está a punto de soplar 70 velitas y lo festeja en todo el país. En San Juan, la historia de la institución tiene nombres propios y uno de ellos es el de Mario Liotta, un referente que se sumó en 1977 y recorrió más de 40 años de investigación aplicada al campo.

Liotta recuerda los primeros tiempos con equipos de trabajo que hoy sorprenden por su tamaño. "Yo trabajaba en suelo. Estaba el laboratorio con unas diez personas, y en la parte de suelo éramos por lo menos diez personas más", cuenta sobre aquellos años de disciplina y formación.

Cuando el problema no era la sequía

Hablar de la producción sanjuanina es hablar del manejo del agua. Las primeras investigaciones de Liotta se centraron en el riego por superficie, mucho antes de que el riego por goteo llegara con fuerza a la provincia, recién hacia 1990. El objetivo era claro: lograr sistemas tradicionales cada vez más eficientes en las fincas.

Pero, paradoja mediante, en aquellos años el desafío no era la escasez sino la abundancia. "Trabajé bastante en el tema de drenaje porque había abundancia de agua y entonces había un problema de revenición en muchos departamentos", explica el investigador.

Para cuidar los suelos, el INTA monitoreaba una red de freatímetros. Con esas lecturas, los equipos técnicos armaban mapas que permitían saber con precisión cómo las napas superficiales afectaban cada departamento.

Nada de esto se hacía en soledad. Desde sus primeras décadas, el INTA trabajó articulado con la Dirección de Hidráulica, el Centro Regional de Agua Subterránea (CRAS) y la Universidad.

El conocimiento que no se guarda en el escritorio

La ciencia cobraba sentido cuando llegaba al productor. A través de las agencias de extensión, presentes en casi toda la provincia, la investigación se traducía en acciones concretas.

"Se daban muchas charlas y cursos de capacitación, tanto para productores como para otros técnicos, funcionando como formación de formadores para transmitir los conocimientos adquiridos", destaca Liotta.

Para el exinvestigador, esa dinámica es la esencia de la institución: "El tema de la transferencia es fundamental. Lo que se investiga y se conoce se debe transferir para que todo ande mejor en la producción. Los conocimientos no se deben guardar en los escritorios, sino transmitirlos".

Mirar atrás permite entender qué significa el INTA para la sociedad sanjuanina. Su mayor aporte, histórico y actual, es la permanencia en el territorio: el conocimiento necesario para respaldar a los productores y técnicos que sostienen la agroindustria provincial.

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