El día que la maestra le dijo "no sirve para nada": la advertencia de una psicóloga sobre las palabras que marcan a los chicos

Una psicóloga especializada en niños y adolescentes reveló qué señales aparecen en los chicos cuando las palabras lastiman más que los golpes. La frase que más repiten los adultos para justificarlo, y por qué la especialista no la deja pasar.

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El día que la maestra le dijo "no sirve para nada": la advertencia de una psicóloga sobre las palabras que marcan a los chicos
El día que la maestra le dijo "no sirve para nada": la advertencia de una psicóloga sobre las palabras que marcan a los chicos

Cuando se piensa en violencia, lo primero que aparece es el golpe, la agresión física. Pero hay otra violencia, más silenciosa y naturalizada, que circula en las casas y en las aulas: el insulto repetido, la burla disfrazada de chiste, la desvalorización constante. La licenciada Cecilia Castillo, psicóloga especializada en niños y adolescentes, advirtió en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones sobre las secuelas que estas prácticas dejan desde la primera infancia.

Una personalidad en construcción

Castillo explicó que el impacto de los agravios verbales en los más chicos tiene un peso particular porque los agarra en pleno proceso de formación: "En los niños afecta con respecto a que está en construcción de lo que es su personalidad. Entonces, los cambios o las dificultades que puede enfrentar más adelante pueden sobrellevar un peso distinto a una persona adulta".

El primer síntoma de que algo no anda bien, señaló, aparece en la autoestima y en el autoconcepto que el menor arma de sí mismo y de su lugar en la comunidad. Y lejos de quedar ahí, esas vivencias se proyectan hacia la adultez: "Son cuestiones que quedan marcadas y para siempre en las personas, en los seres humanos".

"A mí me criaron así": la excusa que se repite

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la normalización de la violencia en el ámbito doméstico y escolar, donde los chistes hirientes y las faltas de respeto se repiten como si fueran parte del paisaje cotidiano.

Frente al argumento frecuente de algunos adultos que defienden la firmeza extrema porque a ellos los criaron de esa manera, la profesional fue tajante: "Es un poco la excusa de algunos adultos que consideran justamente esta firmeza como algo positivo. No sé si lo consideran positivo, pero sí lo consideran cotidiano y como es algo que ellos justifican de que ese tipo de violencia funcionó con ellos, tienden a repetirlo".

Castillo también puso el foco en lo difícil que resulta poner límites sanos cuando el ritmo de vida es acelerado y la falta de tiempo y paciencia juega en contra de los mayores: "Las violencias son varias, pueden ser físicas, psicológicas, emocionales, institucionales, y estas diferentes formas de violencia en los niños lo que más vemos es que ejerce un poder desigual. Nos corresponde desde esa desigualdad como adultos primero hacernos cargo de lo que está pasando".

Los chicos no están solos: el rol de la comunidad

La especialista subrayó que la niñez no es un compartimento aislado, sino parte de un entramado social más amplio. Muchas veces los chicos funcionan como portadores de violencias que sufren otros integrantes del hogar, como las madres. Por eso, instó a vecinos y allegados a involucrarse: "Hoy nuestros CAP, por ejemplo, en Posadas hay muchísimos y hay en su gran mayoría psicólogos. A veces es cuestión de animarse a hacer ese primer paso que es la denuncia o acompañar a la persona al primer espacio de escucha". Recordó además que estas herramientas pueden activarse de manera anónima.

Para Castillo, el límite en los vínculos cotidianos tiene un nombre claro: "El límite es el otro siempre, por eso hablo de esto de la empatía y de respetar el derecho del otro, donde empieza el derecho del otro, es un primer límite".

En esa misma línea, pidió estar atentos a la dinámica completa que se genera en los ámbitos educativos y sociales: "Los niños y adolescentes siempre están dando algún indicio o indicador, no solamente cuando sufren bullying, sino cuando son observadores de la violencia. Con las violencias no solamente tenemos a la víctima, sino que hay que prestar atención a los espectadores y al agresor; tenemos varios actores para trabajar".

Al reflexionar sobre la fecha conmemorativa, la psicóloga dejó un llamado concreto para los adultos: "Reconocer a los niños y adolescentes como parte de la sociedad, dándoles su lugar, aprender a empatizar y a escuchar. Y que los adultos seamos promotores del cambio".

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