El día que "Locomotora" Castro lo vio pelear y le abrió la puerta de su casa: el recuerdo de un boxeador de Río Gallegos

Tiago Serrano viajó a Buenos Aires por una pelea y pensaba volver en unos días. La mano que le tendió "Locomotora" Castro cambió todo: terminó viviendo tres años adentro de su gimnasio.

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El día que "Locomotora" Castro lo vio pelear y le abrió la puerta de su casa: el recuerdo de un boxeador de Río Gallegos
El día que "Locomotora" Castro lo vio pelear y le abrió la puerta de su casa: el recuerdo de un boxeador de Río Gallegos

La noticia de la muerte de Jorge Fernando "Locomotora" Castro, el excampeón mundial nacido en Caleta Olivia, recorrió el país entero. Pero en Río Gallegos golpeó distinto: Tiago Serrano, boxeador santacruceño que fue su pupilo, lo recordó con la voz quebrada en Radio Nuevo Día.

Castro falleció este miércoles 14 de octubre de 2026 a los 59 años. Para Serrano no fue solo la despedida de un ídolo deportivo: se fue el hombre que lo alojó, lo acompañó a sus peleas y lo trató como a un hijo.

De chico lo vio pelear en Chubut y le dejó una promesa

Serrano contó que el vínculo arrancó cuando todavía era un pibe que viajaba desde Santa Cruz para competir en Chubut. Castro ya conocía a su entrenador, el "Corto" Rearte, y seguía de cerca a los jóvenes del gimnasio.

"Él nos empezó a ver desde chicos, y siempre desde chico nos halagaba", recordó. En ese contexto llegó la frase que le cambiaría los planes: "Vos, nene, cuando vayas a Buenos Aires, avisame y yo te doy una mano".

La chance se presentó a los 18 años. Serrano viajó para una pelea con la idea de volver rápido a casa, pero el contacto con el excampeón torció el rumbo. "Esa pelea de ir y de ir de vuelta se transformó en cuatro años que viví en Buenos Aires", resumió.

La pensión, el gimnasio y tres años bajo el mismo techo

En Buenos Aires, mientras competía para el Almagro Boxing Club y entrenaba con Castro, Serrano atravesó dificultades económicas y habitacionales. Al principio vivía en una pensión, hasta que el excampeón le hizo una oferta que no esperaba.

"Jorge se le habló el corazón conmigo y me dice: 'No vivas más allá, andate en mi gimnasio'", relató. Así pasó tres años viviendo en el gimnasio de quien había admirado desde pibe frente al televisor.

La relación se fue mucho más allá de los rounds. Castro lo acompañaba a sus peleas, lo ayudaba con trámites y hasta lo llevaba a hacerse los estudios médicos que exige el boxeo. "Prácticamente era una figura paterna", afirmó.

También compartieron viajes a Córdoba y La Pampa, y momentos cotidianos que Serrano nunca imaginó: "Imaginate que los fines de semana él me iba a buscar al gimnasio y me decía: 'Vamos a comer a la casa'".

"Era humilde, nunca se le subieron los humos"

Para Serrano, lo que más marcó el legado de Castro fue su forma de ser. "Fue de los mejores boxeadores que hubo en Argentina y que va a haber", sostuvo. Y destacó que el campeón jamás perdió la sencillez: "A pesar de eso, él no tenía un problema en tomarse un colectivo, en ir caminando, en irse en el tren".

"Era una persona humilde y nunca se le subieron los humos a pesar de todo lo que logró", agregó.

En lo deportivo, Serrano aseguró que recibió incontables enseñanzas de quien fue su entrenador y compañero. Algunas tenían que ver con la experiencia y las mañas del ring; otras, con la actitud que exige una carrera profesional.

De la pérdida le queda un compromiso: seguir peleando y llevar consigo lo aprendido. "Lo que sí es seguirlo honrando con las cosas que me enseñó, los días que me toque subir, hacer que él suba conmigo, que un poco de su esencia suba conmigo", expresó.

Un campeón mundial que no se olvidó de los comedores

Castro nació en Caleta Olivia y se convirtió en una de las grandes figuras del boxeo argentino. Su consagración llegó en 1994, cuando venció al estadounidense John David Jackson y se quedó con el título mundial de peso mediano, en una pelea que quedó en la memoria de los hinchas. Su carrera incluyó más de 140 combates.

Fuera del ring también dejó huella. Durante la pandemia empezó a asistir a personas que necesitaban alimentos y después siguió colaborando con comedores y merenderos. En la entrevista, los periodistas de Radio Nuevo Día recordaron las charlas que mantuvieron con él sobre esa tarea y las dificultades que atravesaban esos espacios, además de su permanente predisposición para atender a la prensa santacruceña.

Ese costado fue clave para quienes lo conocieron más allá del deporte: un campeón mundial que mantenía el contacto con su provincia y dedicaba parte de su tiempo a ayudar.

Al cerrar la charla, Serrano agradeció el espacio para recordarlo y habló del orgullo de haber compartido parte de su vida con un deportista nacido en Santa Cruz. "Hay que quedarnos con lo bueno de que tuvimos un santacruceño campeón del mundo", expresó.

La muerte de Castro deja un recuerdo que excede los títulos y las victorias. Para Tiago Serrano significa despedir al hombre que le abrió las puertas de su gimnasio, lo acompañó durante años y le dejó enseñanzas que piensa llevar consigo cada vez que vuelva a subir al ring.

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