El día que los Bell frenaron sus propios guiones y se quedaron con la mitad de todo

Los Bell no solo escribieron telenovelas: se quedaron con los derechos y hoy manejan una fortuna que se cuenta en miles de millones. La jugada que los diferenció de Hollywood y que todavía les deja ganancias en más de 50 países.

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El día que los Bell frenaron sus propios guiones y se quedaron con la mitad de todo
El día que los Bell frenaron sus propios guiones y se quedaron con la mitad de todo

Durante años, millones de personas siguieron los romances y las peleas de Genoa City y Los Ángeles sin saber que, detrás de cada capítulo, se estaba construyendo uno de los imperios más sólidos de la televisión. La familia Bell, responsable de dos de las ficciones diurnas más vistas de Estados Unidos, acumuló un patrimonio que se estima en u$s2.000 millones, según consignó Ámbito.

El negocio no nació de un solo éxito, sino de una combinación de talento para escribir historias y, sobre todo, de una férrea defensa de los derechos sobre esas historias. Los creadores de The Young and the Restless y The Bold and the Beautiful supieron convertir la propiedad intelectual en un activo que sigue rindiendo varias generaciones después.

De guionista a dueño de un clásico

William J. Bell, a quien todos llamaban Bill, se hizo un nombre en el mundo de los dramas diurnos. En 1966 asumió un rol clave en Days of Our Lives, donde su trabajo mejoró el rendimiento de la serie y consolidó su prestigio. Pero su meta era otra: quería una ficción propia, con personajes y conflictos que pudieran crecer durante años.

Así nació The Young and the Restless, ambientada en la ciudad ficticia de Genoa City y centrada en las rivalidades, los romances y las disputas entre familias. Se estrenó el 26 de marzo de 1973 y rompió con algunos moldes del género: una puesta visual más cinematográfica, personajes jóvenes y tramas que tocaban temas sociales.

El éxito no fue inmediato. La serie se consolidó con el tiempo hasta convertirse en una de las más vistas de la televisión diurna estadounidense. Esa posición le dio a sus creadores una capacidad de negociación que antes no tenían, justo cuando había que revisar los contratos comerciales.

La pulseada que cambió las reglas

El hijo mayor del matrimonio, William J. Bell Jr. —Bill en la intimidad—, tenía perfil de empresario. Desde joven participó en las decisiones económicas de las compañías y terminó a cargo de las negociaciones más importantes para el patrimonio familiar.

A fines de los años 80, cuando se discutían los contratos de The Young and the Restless, Bill Jr. buscó que la familia se quedara con una porción mucho mayor de las ganancias. La negociación se tensó al extremo: los Bell retuvieron los guiones nuevos mientras el estudio seguía emitiendo episodios ya grabados. La presión funcionó y el acuerdo final les otorgó el 50% de las ganancias brutas de la producción.

Con la segunda serie llevaron esa lógica aún más lejos. The Bold and the Beautiful, creada por William y Lee y estrenada en 1987, sigue a los Forrester, una familia ligada al negocio de la moda en Los Ángeles. La elección del universo no fue casual: el diseño, el lujo y los vínculos familiares ofrecían temas con potencial para captar audiencias en distintos mercados.

A diferencia de lo que suele ocurrir en Hollywood, la familia conservó la propiedad de la serie desde el primer día. Eso le permitió negociar la explotación comercial desde un lugar distinto al de un creador que cobra honorarios y cede los derechos a un estudio. La propiedad intelectual como activo de largo plazo fue uno de los pilares de la estrategia.

Bill Jr. fue central en esa estructura. Además de pelear la participación en las ganancias de The Young and the Restless, intervino en los acuerdos internacionales de The Bold and the Beautiful. Su fortuna personal ronda los u$s1.100 millones.

El sello familiar que sigue vivo

La continuidad quedó en manos de los otros dos hijos. Bradley Bell es guionista principal y productor ejecutivo de The Bold and the Beautiful desde hace décadas, mientras que Lauralee Bell interpreta a Christine Blair en The Young and the Restless desde 1983, con algunas interrupciones. Ambos mantienen a la familia metida tanto en las decisiones creativas como en el día a día de las producciones.

La distribución internacional fue el otro gran motor. En televisión, la syndication es una modalidad que permite licenciar contenidos a distintos canales o mercados según las condiciones de cada acuerdo. Para una ficción con miles de episodios y una audiencia acostumbrada a seguir historias durante años, esa posibilidad multiplica las fuentes de ingresos.

Uno de los momentos decisivos para The Bold and the Beautiful llegó con su desembarco en Italia a comienzos de los años 90. La cadena RAI había comprado los derechos, pero tardó más de un año en ponerla al aire. La apuesta funcionó: la serie logró una audiencia importante en un contexto en el que la televisión privada europea ganaba terreno y crecía la demanda de contenidos estadounidenses.

Hoy, The Bold and the Beautiful se emite en más de 50 países y suma más de 20 millones de espectadores fuera de Estados Unidos. Esos ingresos del exterior ayudan a sostener la operación doméstica y explican por qué el negocio de las telenovelas sigue siendo, para los Bell, mucho más que un culebrón.

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