El día que tres mujeres cerraron una institución centenaria y el edificio quedó en manos del municipio

María Angélica Rebollo dedicó 44 años a la Asociación Damas de Beneficencia de Eduardo Castex. Este viernes firmó su disolución en soledad, en el edificio que fue el asilo de ancianos. La faja de clausura que todavía duele y el destino que eligió para el inmueble.

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El día que tres mujeres cerraron una institución centenaria y el edificio quedó en manos del municipio
El día que tres mujeres cerraron una institución centenaria y el edificio quedó en manos del municipio

María Angélica Rebollo, Elisa Suppo y Gloria Rippi firmaron la disolución de la Asociación Damas de Beneficencia de Eduardo Castex, una entidad que nació en 1926 y que durante décadas contuvo a niños, enfermos y ancianos. El trámite se cumplió en soledad, en una tarde gris, en el edificio que todos conocen como el ex Asilo de Ancianos.

Rebollo trabajó 44 años en la ONG y fue la voz de la despedida. "Este fue el último paso después de muchos años de trabajo y duele mucho todo esto. Cerrar la institución es dar vuelta la hoja de una parte de nuestra vida", dijo a La Arena.

La historia de la asociación se remonta al 1 de mayo de 1926, cuando un grupo de vecinas la fundó en la Escuela 44. En ese entonces funcionaba como un espacio de contención para chicos, con entrega de ropa y alimentos, y también como Sala de Primeros Auxilios. Sin sede propia, encararon una campaña para reunir fondos y en 1937 compraron el Hotel de los Nervi, la casona de la calle Italia entre Raúl B. Díaz y España que ocuparon hasta hoy.

La apertura del Hospital Pablo F. Lacoste cambió el rumbo: la entidad se reconvirtió en Hogar de Ancianos y alojó solidariamente a miles de adultos mayores, muchos sin familiares.

El principio del fin

Según Rebollo, el declive comenzó en 2017, cuando se jubiló todo el personal: la mucama, los caseros y la cocinera. Sin ese equipo, sostener el funcionamiento diario se volvió imposible. La solución que encontraron fue ceder el edificio en comodato a un geriátrico privado.

"Ahí bajamos la guardia porque dejamos de concurrir diariamente a ver los abuelos y visitábamos el edificio cada tanto. Ese proceso fue difícil de atravesar, porque como era privado, ya no podíamos opinar sobre la atención de los abuelos que se encontraban internados", explicó.

Cuando se detectaron irregularidades en ese geriátrico, el municipio clausuró las instalaciones. La faja se colocó en la puerta principal, la que pertenecía a la asociación, no al geriátrico. "No correspondía clausurar las instalaciones porque el ingreso del edificio nunca se cedió al geriátrico, y le correspondía a nuestra institución. El acceso al geriátrico era por una puerta lateral. En el ingreso estaban las oficinas de nuestra institución, que no tenía relación con el funcionamiento del geriátrico", relató Rebollo.Y agregó: "Ver una faja de clausura en la puerta de nuestra institución fue durísimo".

Sin diálogo con el municipio

Rebollo aseguró que durante todo el proceso no tuvieron contacto con las autoridades municipales. "Con el municipio nunca tuvimos contacto. Nunca nos contactaron, ni cuando clausuraron las instalaciones, ni nada", afirmó.

El único encuentro fue con la intendenta Mónica Curutchet, a quien le mostraron el estatuto de disolución. Allí queda establecido que el patrimonio pasa al municipio para que lo destine a otras instituciones.

"Ese fue el único contacto que tuvimos en los últimos años con el municipio. Pero no tuvimos diálogo ni cuando se produjo el allanamiento, ni durante la clausura. Nunca nos contactaron", insistió.

El futuro del edificio

La disolución de la asociación despertó el interés de Racing Club y de la Asociación Soles por quedarse con el viejo Hotel Nervi. El estatuto de la entidad establece que el inmueble y un terreno en el cruce de Italia y Raúl B. Díaz deben ser traspasados al municipio, que a su vez decidirá a qué institución intermedia otorgarlos.

La última comisión directiva tenía otro plan. "Inicialmente lo habíamos resuelto rapidísimo", contó Rebollo. La idea era entregar el edificio a Racing Club porque allí se fundó el club en 1922. "Nadie mejor que ellos para mantenerlo", sostuvo. Los dos terrenos de la esquina se venderían y el dinero se donaría al Hospital Pablo F. Lacoste.

Sin embargo, Personería Jurídica les informó que no podían ceder ni vender el patrimonio: debía pasar al municipio para que este lo reasigne. "Así que disolvimos la comisión para que el municipio decida lo que va a hacer", concluyó Rebollo.

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