El día que un pibe de 15 años entró al banco y cambió la historia: qué pasó con Maradona en su debut

Un pibe de 15 años entró desde el banco en un partido que parecía intrascendente y, en su primera pelota, hizo algo que la cancha no olvidó. Lo que los diarios escribieron al día siguiente y el detalle que casi nadie recuerda de aquel debut.

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El día que un pibe de 15 años entró al banco y cambió la historia: qué pasó con Maradona en su debut
El día que un pibe de 15 años entró al banco y cambió la historia: qué pasó con Maradona en su debut

Hay fechas que el fútbol argentino no olvida. Una de ellas es el 20 de octubre de 1976, cuando Diego Armando Maradona, diez días antes de cumplir los 16, se puso por primera vez la camiseta de Primera de Argentinos Juniors en un partido que, en la previa, parecía uno más.

Lo que pocos imaginaban esa tarde calurosa de miércoles en La Paternal era que aquel chico de rulos estaba dando el primer paso de la carrera del jugador más extraordinario que haya pisado una cancha del fútbol local.

El pibe que ya era tema de conversación

Diego llevaba años deslumbrando en las inferiores del Bicho. La gente hablaba de él, lo veía hacer jueguitos en los entretiempos y hasta había pasado por el programa de Pipo Mancera con los Cebollitas, el equipo infantil que encabezaba.

A mediados de 1976 lo subieron a entrenar con el plantel profesional. Los más veteranos no podían creer lo que veían: cada vez que tocaba la pelota dejaba a cuatro o cinco en el camino y, cuando le pegaba al arco, la colgaba de un ángulo. Al terminar cada práctica no se iba hasta pegarle cuatro veces seguidas al travesaño, y lo hacía con tanta naturalidad que casi siempre llegaba primero al vestuario.

Francisco Cornejo, el encargado de las inferiores, se resistía a dejarlo subir ante el pedido del DT Juan Carlos Montes. Tenía miedo de que lo lastimaran y quería que se formara un año más. Por esos días, el club le entregó a la familia un departamento en Argerich 2746, en Villa del Parque.

Ya con algunos partidos en Primera, en una concentración, Diego le preguntó a Carlos Munutti, el arquero y uno de los más experimentados, qué debía pedir en la negociación del contrato. La respuesta quedó grabada: "La cancha, Diego. Pediles la cancha, porque los vas a salvar a todos".

Cyterszpiler, el representante que movía todo

De lo comercial se ocupaba Jorge Cyterszpiler, un joven de 18 años, de rulos y caminar rengo por una secuela de polio, que se había hecho amigo de Diego y de su familia. Fue él quien insistió tanto con los periodistas de El Gráfico que logró una breve nota sobre el pibe cuando todavía jugaba en la séptima: un récord para la revista, que en 75 años nunca había mencionado a un jugador de inferiores.

Antes del partido de ese miércoles, Cyterszpiler avisó a los jefes de redacción que su representado iría por primera vez al banco. Varios periodistas fueron a la cancha. El director Ernesto Vega Onesime, el subdirector Cherquis Bialo y el secretario de redacción Osvaldo Orcasitas estuvieron en la platea, probablemente atraídos también por Talleres de Córdoba, una de las atracciones de esos Nacionales.

Un debut que se demoró por una sanción

Argentinos venía de salvarse del descenso en la última fecha del Metropolitano, a dos puntos de San Telmo. Sin descensos ni promedios en el Nacional, Montes y los dirigentes decidieron aprovechar el torneo para foguear juveniles sin presión.

La idea era que Diego arrancara desde el inicio, pero un imprevisto lo retrasó. Para no perder ritmo, el pibe volvió por unas semanas a su categoría y en un clásico barrial frente a Vélez, después del partido, se acercó al árbitro y le dijo: "Sos un desastre". El Tribunal de Disciplina, durísimo en esos años, le dio cinco fechas (algunos dicen siete) y el debut se postergó varias semanas.

El martes 19, al terminar el entrenamiento, Montes lo llamó: iría al banco. Cuando Diego sonrió emocionado, el técnico agregó: "Y prepárese, pibe, porque mañana entra".

En sus memorias, Diego recordó esa tarde: "Me fui corriendo con el corazón en la boca para contarles a mis viejos. (...) Cuando le conté a mi primo Beto, el que más quise y más quiero, se largó a llorar... En ese momento yo me di cuenta de que estaba por pasarme algo grande al otro día".

Su papá trabajaba ese miércoles, pero pidió permiso para salir temprano. Llegó a tiempo a La Paternal. Antes de salir a la cancha, alguien golpeó la puerta del vestuario para avisarle a Diego que su padre ya estaba en la tribuna.

El rival y el partido

Talleres era un equipazo: entre los titulares había tres futuros campeones del mundo en 1978 (Luis Galván, Miguel La Cata Oviedo y José Daniel Valencia), más el Hacha Ludueña y Humberto Bravo. Argentinos no tenía grandes figuras; sus referentes eran Ricardo Pellerano y Carlos Fren, y el centrodelantero era Bartolo Álvarez.

Los cronistas calculan que había entre 7000 y 8000 personas en la cancha, aunque con los años el número creció hasta el millón, porque muchos juran haber estado ahí.

El primer tiempo fue parejo y anodino, con leve superioridad de Talleres. Pasados los 30 minutos, tras un desborde y un centro atrás, Ludueña puso el 1-0 con un tiro contra el palo derecho de Munutti.

El caño que fue bienvenida

Para el segundo tiempo, Montes sacó a Giacobetti e hizo ingresar a un chico bajito, de rulos apretados, con el número 16: Diego Armando Maradona. El técnico le pidió que jugara como sabía y que tirara un caño en la primera pelota que recibiera.

"Le hice caso: recibí la pelota de espaldas a mi marcador, que era Juan Domingo Patricio Cabrera, le amagué y le tiré la pelota entre las piernas; pasó limpita y enseguida escuché el oooole... de la gente, como si fuera una bienvenida", contó Diego en su libro.

Cabrera, un muy buen jugador, siempre recordó con orgullo ese caño: era un honor haber sido derrotado por semejante genio. El partido terminó 1-0 y Argentinos no pudo remontar pese al ingreso del pibe.

Cómo lo contaron los diarios

La noticia no fue tapa. Los titulares hablaban de actos oficiales de Videla, del allanamiento de la quinta de Puerta de Hierro en Madrid y de la muerte de Mario Amaya en Villa Devoto. En deportes se destacaba el cuarto triunfo al hilo de Talleres.

Sin embargo, todos los diarios resaltaron el ingreso del debutante. Clarín escribió: "La entrada del chico Maradona le dio mayor movilidad al ataque pero solo no pudo vencer la valla cordobesa". La Razón sumó: "Su atrevimiento se constituyó en el eje de su conjunto, destapándose para recibir y desequilibrar con su gambeta endiablada". La Voz del Interior destacó una apilada que salvó Galván, pero escribió mal el apellido: lo llamó "Maladona".

El Gráfico tardó casi una semana. Héctor Vega Onesime escribió en La fecha está aquí: "Ni siquiera la inclusión del sorprendente, habilidoso e inteligente ex 'Cebollita' Maradona alcanzó para resolver el problema", y le puso un 7.

Lo que vino después

Diego siguió entrando desde el banco, pero en pocas semanas ya era titular indiscutido. Al torneo siguiente, Bartolo Álvarez fue goleador con 25 goles, la mayoría asistido por Diego, y fue vendido a Boca. Maradona no se quedó atrás: fue máximo goleador de cinco torneos locales consecutivos y Argentinos consiguió dos subcampeonatos.

Ese Diego juvenil, el que todavía era Pelusa, desplegó su repertorio en canchas sin pasto, con la pelota inmanejable para todos menos para él. Argentinos se acostumbró a jugar a cancha llena, con multitudes que iban solo a verlo. Muchos de esos partidos ni siquiera quedaron registrados en archivos audiovisuales.

Él lo resumió así: "Perdí el primer partido, sí, pero arrancaba con Argentinos una larga historia, hermosa, inolvidable; siempre digo que futbolísticamente toqué el cielo con las manos".

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