El día que un transportador le cambió la vida: el relato de Florencia Merino
Florencia Merino tenía 13 años cuando un compañero le clavó un transportador en el ojo. Hoy, tras otro caso de bullying en un viaje de egresados, contó lo que nadie vio en el Colegio Dante Alighieri.
Florencia Merino tenía 13 años cuando un compañero le clavó un transportador en el ojo. Más de una década después, su testimonio volvió a circular tras un nuevo caso de bullying en un viaje de egresados.
La joven sanjuanina contó en los estudios de TELESOL, junto a su padre Fernando Merino, cómo el hostigamiento que sufrió en el Colegio Dante Alighieri le dejó una discapacidad visual que todavía hoy condiciona su vida cotidiana.
El video que la hizo volver al pasado
Merino explicó que el video del episodio reciente de bullying en un viaje de egresados le generó un impacto inmediato por los parecidos con lo que ella vivió en su adolescencia. “Viendo este video me trae recuerdos y tiene muchos parecidos físicos y verbales a mi agresora. Fue como volver al pasado”, afirmó.
Según su relato, las agresiones comenzaron dentro del curso y después se extendieron a otros ámbitos, con mensajes intimidatorios y ataques en redes sociales. Cuando el caso tomó estado público, también recibió amenazas por mensajes y en plataformas digitales.
La respuesta de la escuela
La joven cuestionó la contención institucional. Afirmó que la escuela no contuvo el conflicto y que su ausencia durante dos meses terminó perjudicándola en lo académico. “Había relaciones políticas muy fuertes. La escuela se volvió agresora, no me querían recibir, los profesores me ponían actitudinal baja porque estuve dos meses sin ir. Su madre dijo que no tenía que pedir disculpas, porque nunca hizo bullying”, recordó.
En su reconstrucción, el problema no se limitó a una agresión puntual, sino a un proceso sostenido que tuvo impacto escolar y social.
La mirada del padre
Fernando Merino admitió que al principio no dimensionó la gravedad de lo que atravesaba su hija. “Yo lo minimicé, fue mi gran error como padre”, dijo. Relató que luego advirtió señales que hoy interpreta como parte de un hostigamiento más amplio, entre ellas una lesión en la frente y el corte de un mechón de cabello. Según su testimonio, no comprendió la magnitud del problema hasta el episodio que dejó la secuela más grave.
El golpe con el transportador
El hecho más serio ocurrió cuando la adolescente recibió un golpe en uno de sus ojos con un transportador, un instrumento escolar de medición de ángulos. El episodio le provocó una lesión de gravedad y consecuencias permanentes en la visión, según el relato familiar.
Fernando Merino dijo que se enteró en la puerta de la escuela y que la atención médica se extendió durante varias horas. También sostuvo que, tras el ataque, no hubo presencia de autoridades del colegio en el centro de salud y que luego impulsó un reclamo contra la institución. “Del colegio no apareció nadie, no se hicieron cargo. Ingresamos a las 17 y salimos a las 2 de la mañana. Al otro día fui a la institución para reclamar al director, que dijo que salió tarde”, afirmó.
Las secuelas que persisten
De acuerdo con el relato de la familia, la estudiante señalada como agresora recibió diez amonestaciones y fue derivada a tratamiento psicológico. Para Florencia Merino, sin embargo, esas medidas no repararon el daño ni las consecuencias que persisten más de una década después.
La joven sostuvo que todavía recibe comentarios vinculados con aquel episodio y que su estado de salud sigue condicionado por la lesión. “Hay opinólogos que dicen que debo dejar el tema atrás. ¿Por qué, si hoy está vigente, incluso en mi salud? Por culpa de esta chica tengo una discapacidad visual. Es algo que me repercute en el presente”, manifestó.
A 13 años de los hechos que relató, su testimonio volvió a instalar el debate sobre la detección temprana del hostigamiento escolar y la respuesta de las instituciones educativas.